De las barracas se espera que, sobre todo, aporten emociones fuertes, pero cuando cae la noche, se convierten en una especie de faro festivo, ya que entonces se transforman en una «ciudad» multicolor que ilumina la noche sanferminera.
Si durante el día son el paraíso para los más txikis, una vez que se pone el sol, llega el momento estelar para aquellos noctámbulos que quieren poner a prueba la resistencia de su corazón montándose en uno de esos artefactos que desafían la ley de la gravedad o que lanzan al personal a velocidades vertiginosas.
Pasear por el recinto ferial cuando los ‘gautxoris’ campan a sus anchas supone adentrarse en una borrachera de colores, de mil estímulos luminosos que invitan a elevarse por el manto nocturno rodeado de mil luces.
La noria, La barca vikinga, Impact o High Energy son algunas de esas barracas que pueden llegar a poner el corazón en un puño y que rasgan la noche sanferminera con sus luces arcoíris para poner una nota de color cuando se extingue el eco del último cohete de los fuegos artificiales.

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