«Nos gusta lanzar pequeñas bombitas a la conciencia de la gente»
El segundo disco, ‘Europa’, de este dúo procedente de Ezkerraldea incrementa todavía más la vertiginosa naturaleza de su original aleación entre techno, punk y metal; confluencia de impetuosos ritmos dispuestos a escoltar un verbo de corrosiva rebeldía.

Lorena Cuesta e Iker García (procedente del grupo Ihes), cuyos nombres desembocan en el acróstico que identifica a esta banda, se bastan ellos dos solos para desatar un auténtico tornado sonoro. Vendaval sostenido por unas frenéticas bases programadas sobre las que se posan afiladas descargas eléctricas, un arrebatador híbrido que despunta más agresivo si cabe en su actual álbum, ‘Europa’. Una propuesta tan cerca de la ferocidad de Atari Teenage Riot, expertos en fumigar de abrasivo punk el techno, como de una tradición ya arraigada en Euskal Herria, en cuanto a la desprejuiciada mixtura de géneros, que se extiende desde Gose a Txopet pasando por Belako. O lo que es lo mismo, se erigen protagonistas de una firme determinación por convertir las pistas de baile en un furioso espacio de reflexión política, un trayecto por el que nos guía en esta entrevista Lorena Cuesta, palpitantes cuerdas vocales del combo.
Teniendo en cuenta que Lokers surge en el año 2020, ¿la llegada de la pandemia influyó sustancialmente en el nacimiento del proyecto?
Pues nos condicionó, y mucho. Llevábamos ya unos tres o cuatro meses componiendo y grabando temas, preparándonos para lo que iba a ser nuestro estreno como grupo en directo y de repente llegó el confinamiento global. Todas aquellas medidas preventivas que nos impusieron nos hicieron reflexionar sobre cómo avanzar, ya que solo permitían conciertos con mascarillas y el público sentado, y nuestro estilo de música no encajaba para nada con esas limitaciones, por lo que esperamos hasta que se solucionaran las cosas para estrenarnos.
«Nos encanta la ironía, es salud para el cerebro, porque si pensamos en cómo de rápido y hacia qué dirección vamos como sociedad, acabamos en Zamudio»
¿Ser un dúo ha influido decisivamente a la hora de escoger su particular estilo, donde mezclan bases programadas y guitarras, o es el resultado de que les gusta tanto la música más bailable como la roquera?
Es verdad que ser un dúo era lo más sencillo, ya que también somos pareja, porque no tenemos que movernos de casa para los ensayos e incluso nos permite el lujo de ensayar mientras cocinamos, por ejemplo (risas). Y luego también está la facilidad para tomar decisiones respecto al grupo, pues con discutir entre nosotros mismos ya tenemos suficiente.
Por otro lado tenemos gustos musicales bastante similares, nos gusta el rock en general y juguetear con los samples, al final Iker siempre había tenido esa inquietud de fusionar el techno de los ochenta y noventa con el rock, metal o el punk. La intención era un poco ir contra el mito de que en Euskal Herria no bailamos, y sí que bailamos, ¡joder!
Su sonido creo que, por una parte, ha ido siendo en cada nuevo trabajo más compacto pero también más agresivo, ¿son caminos buscados conscientemente?
Igual sí, pero más que nada ha sido dejarse llevar por las sensaciones nuestras en directo a la hora de representar lo que íbamos grabando, veíamos que me sentía más cómoda con esa forma más anárquica de cantar, además el feeling con el público está siendo brutal, últimamente nos tiene locos. Sí que es verdad que al principio eran canciones más melódicas, con aguditos, cambios de tonos, pero sobre todo desde este disco hemos querido aportar mayor contundencia, estamos dejando salir lo que llevamos dentro, y sí, es agresivo, lo que conlleva también no cambiar tanto el registro de voces, eso sí, los toques guturales no se tocan (risas).
Y en cuanto al proceso de composición, ¿hay roles establecidos para cada uno o se trata de un trabajo conjunto?
Pues con esto no hay duda, es Iker quien se encarga de la composición, me voy a currar y a la vuelta ya tiene dos canciones hechas, tal cual. Luego las escuchamos y entre ambos las acabamos de dar forma, sobre todo en la letra que es donde más puedo aportar yo.

Aunque sus letras revelan una preocupación por temas como la inmigración, el medio ambiente o el machismo, los abordan desde una lectura cotidiana, que entiendo consideran igualmente importante...
Claro que sí, si el cambio no viene desde las bases, o lo cotidiano, poco se puede lograr a nivel global. Y a la vez lo que ocurre en ese ámbito más general nos pasa factura a cualquier persona, hasta en los ingredientes del pan que te comes todos los días.
Políticos de verbo pulcro flirteando con drogas, votantes de VOX que ‘hablan euskera y son de clase obrera’… Como dicen en una de las canciones, ¿es hora de levantar la alfombra y enseñar lo que hay debajo?
Lo que nos enseña la clase política en los medios solo es lo que quieren que veamos, nos tienen engañados como a bobos, y ya lo de blanquear el fascismo es como el frío ahora en invierno, hay que sellar bien las rendijas de casa para que no pase para dentro. Son cosas básicas. Y lo de levantar la alfombra… En Ajuria Enea debe de haber una bien grande, igual deberíamos empezar por esta.
«Lo que nos enseña la clase política en los medios solo es lo que quieren que veamos, nos tienen engañados como a bobos»
En ‘Cigarros de mandarina’ bromean sobre esa tendencia a querer ‘desinfectar’ todo, asumiendo la figura de un malvado ‘pepito grillo’, ¿se sienten cómodos en ese papel?
Bueno, solo expresamos nuestra opinión, pero sí que nos gusta lanzar pequeñas bombitas a la conciencia de la gente. Al final la cultura que hemos mamado, lo vivido en los ambientes en los que nos movimos, la música que hemos escuchado y el crecer en Ezkerraldea, nos ha ayudado a intentar pensar por nosotros mismos y a no buscar solo las migas de pan que el sistema pretende que encuentres.
Aunque reivindicativos no les falta un sentido del humor muy ácido...
Nos encanta la ironía y sobre todo es una vía de escape ante la vida, es salud para el cerebro, y es la manera que usamos y que intentamos transmitir, porque si pensamos en cómo de rápido y hacia qué dirección vamos como sociedad, acabamos en Zamudio.
En un momento del disco dicen: ‘me gusta el ruido, me gusta gritar’. ¿Cuánto hay de liberador e incluso de sanador en el hecho de hacer canciones como estas?
Mucho, significa quitarnos de encima de un plumazo que el público crea que somos virtuosos o entendidos como músicos, ya lo decimos en la canción a la que te refieres que es ‘No sabemos tocar’, es literal, Iker toca todo de oído y yo caí en esto de rebote, no había cantado ni debajo de la ducha, y también como decimos en ese mismo tema, ‘no sabemos tocar y no vamos a aprender nunca jamás’.

Los temas de este nuevo disco ya habían sido casi todos presentados individualmente en plataformas online, ¿qué sentido le dan hoy en día al concepto de disco como unidad y formato físico?
Pues que son muy bonitos, pero el sistema está en otra pantalla desde hace un tiempo. Aunque no se puede negar que esto va en detrimento de la calidad sonora, y de la magia que era ir desmigando el nuevo disco que te pillabas, fijándote en las letras, oyéndolo todo de un tirón, sin prisas, eso parece que se está yendo a pique, en nuestra opinión.
Dado su particular estilo, ¿a veces sienten que todavía para parte del público una propuesta como ésta se encuentra en una tierra de nadie?
No tenemos esa sensación, aunque habrá gente que piense así y pase de nuestro culo, que aparte es lo que tienen que hacer, pero lo que sentimos habitualmente es que el público agradece que hagamos cosas diferentes a las establecidas, al final el directo es nuestro fuerte y lo que nos vuelve locos. Un comentario que nos suelen repetir mucho es ‘por fin algo distinto’ o incluso gente que viene más del rock clásico nos llega a comentar que quizás no les guste nuestro estilo o formato, pero que se lo han pasado muy bien. Nos vicia innovar y probar cosas nuevas, qué le vamos a hacer.

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