
Impulsado por Irene Mendoza, investigadora de la Universidad de Sevilla, y Airam Rodríguez, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, el proyecto Ecoeclipse persigue entender cómo los paisajes sonoros y el comportamiento acústico de las especies de aves y murciélagos se ven afectados por los eclipses solares.
Se trata de una iniciativa totalmente voluntaria –no cuenta con ningún tipo de financiación ni pública ni privada–, pero que está contando con una amplia aceptación. No en vano, ya son 150 colaboradores expertos los que van a participar colocando grabadoras de sonido con un protocolo común y estandarizado en unos 500 puntos de la Península Ibérica y recogiendo posteriormente los datos recopilados entre los dos días previos, la jornada del eclipse y los dos días posteriores para compararlos.
Y con amplia colaboración vasca. Diversas entidades de diferente tipo se han unido a este estudio, con la intención de aportar su granito de arena en una investigación pionera: será la primera que se realiza a nivel mundial en el caso de los murciélagos y también la primera en Europa en el caso de las aves.
Así, científicos de Aranzadi van a contribuir con la colocación de tres grabadoras en diferentes parajes de Gipuzkoa, Neiker va a hacer lo propio en Urduña e investigadores de la EHU también tienen previsto realizar el mismo trámite en la zona de Laudio.
Por su parte, la asociación de espeleología Aizpitarte, de Errenteria, que se encarga del estudio, protección y divulgación del medio subterráneo, tanto en su aspecto natural como cultural, se ha comprometido a monitorizar cuevas y edificios abandonados donde habitan murciélagos cavernícolas.
Por último, NICDO va a colocar estaciones sonoras en Senda Viva y Larra-Belagua, y Orekan, empresa pública dependiente del Gobierno de Nafarroa para la gestión del medio ambiente, las va a instalar en hasta cinco puntos diferentes de la geografía de este herrialde.

«Las colocaremos dentro de diversos espacios de la Red Natura 2000 para abarcar áreas medioambientales muy diferentes. Así, habrá en Urbasa-Andia, una zona de hayedos; en Montes de Orbaibar, que es bosque mediterráneo; un soto fluvial como son los Tramos Bajos del Arga y Aragón; la Laguna de Pitillas; y las Bardenas Reales», explica Diego Villanúa, veterinario que forma parte del equipo de conservación de la biodiversidad de Orekan.
Resalta que lo bueno de Nafarroa es que «tiene en una distancia corta muchos hábitats diferentes y por eso es un buen sitio para poder valorar un mismo acontecimiento y sus efectos de manera simultánea en distintos ambientes. Nuestras grabadoras, que son sensores de fauna en nuestro trabajo diario, pueden programarse en un día, hora y frecuencia concretas, de tal manera que todas funcionan sincronizadas identificando cantos de pájaros, de la mayoría de insectos y de algunos murciélagos».
«Es una bonita colaboración de manera altruista, teniendo en cuenta que disponemos de los aparatos, sabemos manejarlos y ahora los tenemos parados», describe. Precisamente, Mendoza se muestra sorprendida de la enorme acogida que está teniendo un proyecto que surgió a raíz de una propuesta de su buen amigo el astrofísico del Instituto de Astrofísica de Andalucía Sebastiano de Franciscis.
«Se trata de un experimento natural e inverso de contaminación lumínica, permitiendo analizar cómo los animales responden acústicamente a cambios bruscos de luminosidad. Gracias a este avance de conocimiento, podremos entender mejor las consecuencias que el creciente contexto de iluminación artificial nocturna y contaminación lumínica puede sobre aves y murciélagos», disecciona la investigadora de la Universidad de Sevilla.
Comenta que el estudio está muy inspirado en otro que se realizó en Estados Unidos con motivo de sendos eclipses solares ocurridos en 2023 y 2024, «con la diferencia de que estaba financiado por la NASA». De este surgieron varios trabajos publicados, que determinaron que el eclipse es una especie de «falso atardecer y amanecer», lo que provoca «el silencio de las aves durante la ocultación y una posterior activación de estas al finalizar».
«También concluyeron que el comportamiento de las aves no es igual, dependiendo de si son nocturnas o diurnas, y que, en el caso de estas últimas, si tienen los ojos grandes, tienen una conducta muy similar a la de las primeras, activándose durante el eclipse», desglosa Mendoza.

Sin embargo, va a haber notables diferencias entre los episodios estadounidenses y el que se producirá este próximo miércoles. Para empezar, por el horario y por desarrollarse durante la estación estival. «En esta época del año, la actividad vocal de las aves ya es diferente, pues ha pasado el pico de reproducción de la primavera, momento en el que es mucho más intensa», apunta.
Es lo que ocurrirá también en el próximo eclipse solar del 2 de agosto de 2027, en el que también está previsto llevar a cabo una recogida de datos, con la idea de realizar una comparativa, al ser una ocultación que se producirá en un horario diferente, entre las 09.30 y las 14.43. Más complicado parece repetir experiencia en el anular de 2028, «porque hay que plantearse si merece la pena coordinar un esfuerzo tan importante para un eclipse que no va a generar una oscuridad total, algo fundamental para analizar el comportamiento de la fauna».
Sí que se espera que en el de este miércoles se produzca una respuesta «más intensa» en el caso de los murciélagos, «por coincidir justamente con el atardecer, fase en la que comienzan a desperezarse para asomar al exterior con la idea de empezar a cazar y alimentarse», analiza Rodríguez, experto investigador de esta especie. Está por ver cómo les afecta el hecho de que se adelante de manera poco convencional el momento en el que deben salir de sus refugios.
Y, sobre todo, qué ocurrirá en el momento en que regrese la luz, aunque sea de manera más tenue por encontrarse el sol muy bajo en el horizonte. «Será muy interesante comprobar las variaciones entre zonas orientales, como Baleares, donde ya estará metiéndose, y otras occidentales, caso de Galicia, en las que volverá a salir. Lo que les puede ocurrir en este segundo supuesto es que algunos murciélagos sean depredados por rapaces diurnas», interpreta.
Del mismo modo, se va a trabajar con un enfoque novedoso, teniendo en cuenta las desigualdades que puede haber entre poblaciones de murciélagos que residan en «áreas que tienen contaminación lumínica, respecto a otras que se encuentran en una zona prístina. Los primeros seguramente reaccionarán menos», apunta.
Rodríguez pone en valor el enorme volumen de datos que se van a recoger. «Se va a desarrollar una metodología muy concreta, porque hasta ahora solo había observaciones, digamos anecdóticas. Ahora van a quedar grabaciones de paisajes sonoros para que dentro de un año, dos, cincuenta o cien, alguien pueda volver a analizar todos esos registros en bruto», expone.

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