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IRITZIA

Oriol


La historia no se detiene y, tras la estela del 50º aniversario de los fusilamientos de Txiki y Otaegi, tras la conmemoración de medio siglo de la masacre obrera del 3 marzo en Gasteiz, llega  la hora de las cinco décadas de la fuga de Segovia y, con ella, retornan también ecos y recovecos catalanes. Si Cerdanyola del Vallès y la Modelo ya han quedado indisolublemente vinculadas para siempre a Jon Paredes Manot; si “Campanades a mort” de Lluís Llach es todavía puente, melodía y acordes entre Euskal Herria y los Països Catalans; la fuga más sonada contra el franquismo –aunque Franco hubiera muerto cinco meses antes– deja la huella indeleble de Oriol Solé Sugranyes. Militante anarquista, compañero del Salvador Puig Antich ejecutado a garrote vil, y joven abatido por la Guardia Civil a escasos metros de distancia de la muga que nunca será muga. Pero que lo era entonces. A vida o muerte. 

El 6 de abril de 1976, con 28 años, Oriol caía en las montañas de Auritz. Un monolito lo recuerda y homenajea. Hubo cuatro catalanes más en aquella gran evasión: Ramon Llorca y Carles Garcia del Front d'Alliberament de Catalunya (FAC), Frederic Sánchez Juliacs del PCE(i) y Josep Lluís Pons Llovet del MIL. La sólida solidaridad era tan íntegra que fue la familia de este último quien solo seis meses antes había cedido el primer nicho para Txiki en el cementerio de Collserola. Cincuenta años después, abril volverá a acoger actos allí –donde nació y creció– y aquí –donde cayó y se dejó la piel en la pista de la vida y de la lucha–. Aquella ejecución extrajudicial, fábulas falsas de la mitificada transición, quedó, como todas, en la más absoluta impunidad elevada a marca hispánica de la casa. «Tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras», había dejado escrito Lorca en su “Romance de la Guardia Civil”.

Pueblo que canta nunca muere, Barcelona recuperará, en el marco del festival musical BarnaSants, “La balada d’en Solé Sugranyes”, escrita por Jaume Aiats en 2022 para rememorar los últimos dos años de vida de Oriol. Citan a Camus como exordio rebelde: la voluntad secular de no someterse continúa manteniéndonos de pie ante el movimiento informe y furioso de la historia. En la película de Imanol Uribe sobre la fuga, es el añorado y polifacético Ovidi Montllor quién interpreta a Oriol, entonando “El Rossinyol” en el comedor de la cárcel. Oriol, en catalán, también remite a un pajarillo de vuelo ágil. “Txoria txori”. Han pasado 50 años, muchas cosas han cambiado en un mundo patas arriba. Algunas siguen estáticas. Otras siguen siendo constantes vitales: seguimos huyendo en Sorogain, trazando líneas de fuga, desobedeciendo fronteras o escarbando túneles con la paciencia de los impacientes. Y cantando. Por qué cantamos, escribía Benedetti desde el Uruguay machacado, porque nuestros supervivientes y nuestros muertos quieren que cantemos. Salut, Oriol.