2026 URT. 18 IRITZIA Némesis David Fernàndez {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Ahora que ya sabemos cómo ha empezado 2026, cabrá ir repensando, porque anticiparse siempre es revolucionario, cómo podría acabar. Es evidente que los augurios previos, globales y locales, son ya algo más que pésimos y estamos ya en un lugar peor, desconcertante o desconocido. Tan evidente como que nada empezó el pasado 3 de enero, con el gag imperial-criminal de bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. La distopía en directo que vendrá, en la nueva era de depredación caótica que nos asedia, se ha ido fraguando hace décadas en las contradicciones e hipocresías acumuladas. La paradoja perpetua es que muchos de los que ahora nos apremian a salvar la democracia son los mismos que llevan años haciéndola añicos. Al fin y al cabo, desde 2023 hemos asistido a un genocidio en directo en la franja de Gaza que ningún desorden global ha podido, sabido o querido evitar. Que Trump cenara con Netanyahu en Mar-a-lago el último día de 2025 también explica con pornográfica desnudez el 2026 que acaba de arrancar. Defienden su negra paz, escribió Sarri. Enero siempre va cuesta arriba y, si hay que empezar por algún sitio y en algún lugar, sugeriría, contra el show sádico de Trump, volver a ver “El hombre que mató a Liberty Valance”, de John Ford. Aquella batalla permanente y sisífica entre la selvática ley de la selva y ese parche precario que costó años conquistar, al que llamamos derecho y al que denominamos democracia, que es la que puede contener toda bilis de dominación y frenar cada hybris de acumulación. El director de origen irlandés era un genio trazando con claridad la frontera nítida entre el bien y el mal y, al mismo tiempo, difuminando hasta la confusión la delgada línea entre quiénes eran realmente los buenos y quiénes los malos de verdad. Pero, como hace siglos, lo contrario de toda desmesura -Venezuela, Colombia, Cuba, Groenlandia- siempre será la némesis. Contra los hombres que juegan a ser dioses, que ya sabemos cómo acaba la película y toca sabotear un final anunciado. En 2026 -y mucho más allá, me temo- habrá que contraparafrasear activamente, cada día, a Aznar: efectivamente, quién pueda hacer, que haga. Con pie en pared, persistencia obstinada y en todos los frentes de la némesis. El enemigo es más grande si se le mira de rodillas, silbaban los zapatistas. No hi ha mal que cent anys duri, decimos en catalán. De coda, nos quedará siempre Benedetti. Lo escribió, con carácter universal, hace décadas en su “Oda a la pacificación”: «no sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz» pero, «quien pacifique a los pacificadores, un buen pacificador será». Desde 2023 hemos asistido a un genocidio en directo en la franja de Gaza que ningún desorden global ha podido, sabido o querido evitar. Que Trump cenara con Netanyahu en Mar-a-lago el último día de 2025 también explica con pornográfica desnudez el 2026 que acaba de arrancar. Defienden su negra paz, escribió Sarri