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IRUDITAN

La Tierra inclina su eje y alma hacia el Sol

(Getty Images)

A comienzos de siglo pasado, un tal doctor Duncan MacDougall intentó demostrar que el alma tenía peso; quiso determinar «si la salida del alma del cuerpo podía registrarse». Y, tras sucesivas pruebas y mediciones, concluyó que, cuando morimos, perdemos automáticamente 21 gramos; de ahí el título de la película de Alejandro González Iñárritu. En ella, Sean Penn, enfermo terminal, enamorado sin muchas esperanzas, recita unos versos del poeta venezolano Eugenio Montejo: «La Tierra giró para acercarnos,/giró sobre sí misma y en nosotros,/ hasta juntarnos por fin en este sueño».

Hablaba de ese milagro que sucede cuando el eje de la Tierra está más inclinado hacia el Sol, que ocurre dos veces al año: el Sol alcanza su posición más alta, como en el solsticio de verano, hoy 21 de junio. Trae consigo la luz más clara desde el cielo, tertulias nocturnas al fresco. Trae un tiempo para amar, el cuerpo se libera y estalla en efervescencia y, con todo ello, también llegan las fiestas estivales. Solsticio de verano, el Sol se ralentiza e ilumina con máxima luz. Es un momento poético de apogeo solar y plenitud de vitalidad. Para entenderlo, basta mirar al cielo como un mapa de fuerzas. Y verás cómo hoy es el punto de máxima tensión: el día más largo del año, donde el Sol llega a su cénit y, a partir de mañana, empieza su retirada. Es, sin duda, un milagro trascendente, único y diferente.