7K - zazpika astekaria
GASTROTEKA

Marrua, de charolesas a charolas

No siempre la excelencia sale cara. El chef de 7K habla maravillas de Marrua Burgers, una hamburguesería artesanal de Donostia que utiliza la carne de su propio ganado como materia prima. Detrás de esta idea están tres hermanos que quieren ofrecer la mejor hamburguesa de Euskal Herria.

(Getty Images)

Todo el mundo tiene en su círculo vital más cercano a alguien que es ese tipo de persona que no puede desperdiciar ni un ápice de segundo de vida. Me refiero a esos culos inquietos de naturaleza curiosa, para los cuales se inventó la tila. Actúan así por necesidad, porque no les queda otra que mantenerse activos para sentirse bien. Por otro lado, están los que han mamado la cultura del esfuerzo y el sacrificio y no entienden la vida de otra forma que no sea aportando a su entorno y a su cultura.

Os traigo un ejemplo de este segundo tipo de personas. Llevaba tiempo queriendo conocer y probar el trabajo que realizan Iker, Irati y Julen Munduate, tres hermanos, jóvenes y currelas como ellos solos, que, tras muchas y variadas aventuras, deciden poner en marcha una hamburguesería llamada Marrua, en Donostia. Por lo que he podido leer en algún artículo, sus trayectorias son diversas. Me haría mucha ilusión charlar con ellos y compartiros lo interesante que suena toda su historia, pero mi visita a su garito fue breve. Take away, no había tiempo para más. Me encontraba en la capital guipuzcoana y vi una oportunidad que me permitía meterme por la zona de universidades de vuelta a Tolosaldea y recoger el pedido que les hice por teléfono. Familia, no dudéis en armar un plan donostiarra con Marrua como guinda del pastel.

Bueno, a ver, confieso que no se me ocurrió al momento. Hubo premeditación, alevosía y muchas ganas y tiempo queriendo conocer y probar la carne de sus preciosas vacas charolesas, por lo que puede decirse que forcé un pelín la situación para que todo cuadrara. ¡Y vaya si cuadró! No me juzguéis que, si visitáis Marrua una vez, repetiréis. Un poco más abajo os cuento lo comido, pero primero hablemos de uno de los ejercicios de coherencia gastronómica más bonitos que he visto en mucho tiempo. Y es que defender el producto local, con tanta cocina y en este formato, no es nada fácil, amigos.

Marrua significa bramido. No deja de ser un homenaje a las vacas charolesas que ellos mismos crían en Juantene, su caserío de Lezo. La casa que los ha visto nacer ha sido y sigue siendo su motivo de lucha. Han elaborado sidra, han vendido la carne de sus propias vacas por lotes y ahora se lanzan a contracorriente por el mundo de las hamburguesas. Digo contracorriente porque, a diferencia de lo que este sobreexplotado mundo de la carne picada hace, esta familia apuesta por el valor real y trazado de lo que ofrece. Cocinan todas sus salsas, elaboran todos sus postres (y los que no, están debidamente referenciados, gracias) y, lo más importante, sirven la carne de sus propias vacas. Esas que comparten con ellos el mismo suelo, los mismos pastos y el mismo techo desde que nacen. Por las mañanas cuidan de los animales y llevan a cabo las labores del caserío. Por la tarde, a partir de las 20:00, los bramidos cambian de sentido.

TODO DE CASA

Son tremendamente activos en redes y las gestionan francamente bien. Informan debidamente del trabajo que realizan. Detallan lo bonito y a la vez lo duro que es el camino, pero siempre transmitiendo pasión y hermandad. Porque si algo queda claro es que son tres hermanos defendiendo la casa de sus padres, con los valores que estos les han inculcado. Y para nuestra suerte y goce han decidido que la forma, intencionada o no, de impactar en la sociedad, sea a través de algo tan accesible y democrático como una hamburguesa. Me ahorro lo que pienso sobre aquellos que juzgan un plato de comida por el precio. Me refiero a los que dicen que una hamburguesa puede ser cara porque cuesta más de 10 euros. Cada uno que haga lo que quiera con su salud y con el dinero de su bolsillo. Pero, independientemente de la calidad, que un plato de comida, incluso uno de patatas fritas, cueste menos de 10 euros, me parece un milagro cada vez menos sostenible. Porque aquí hay mucho más que una simple hamburguesa. Acordaos de esas posadas o restaurantes que eran regentados por una unidad familiar y solo se servía lo de casa. Lo cultivado y criado en casa. Lo que hacen estos tres hermanos es lo más parecido que vais a encontrar a esto que os cuento.

Esto ha sido y es parte de nuestra cultura e identidad culinaria. Y, de alguna manera, de una forma más actualizada, siguen manteniendo viva esa parte de nuestro ADN, que es dar de comer rico a un precio irrisorio para todo lo que ofrece. Creedme que lo que hacen estos tres hermanos, por el sentido natural en el que lo hacen, el servicio y la calidad de su comida, debería de costar como mínimo el doble. Pero estamos tan ciegos para ver y darnos cuenta de algunas cosas que, a cada minuto que pasa, la ignorancia con la que nos atrevemos a juzgar cualquier cosa es cada vez más atrevida, valga la redundancia. Nos debería de dar vergüenza poner en tela de juicio los precios de un proyecto como este, porque el valor que esconde y todo lo que aportan en el mundo tan acelerado en el que vivimos, es incalculable.

Me lancé a por las patatas Marrua, cubiertas de carne picada y salsa barbacoa, unos fingers de pollo fritos y tres hamburguesas a compartir. Aviso a viciosos de las cosas del comer como yo: las hamburguesas van bien cargadas y pesan. No son pequeñas. Así que, si queréis gozar de lo que importa, de la burguer, no os paséis con el picoteo. Yo soy de los que prefiere pedir más hamburguesas a compartir para probar más. Luego ya volveré a por la que más me ha gustado. Pedimos la picantona, la puerca y la reina del Juantene. Tenéis lo que lleva cada una en su web: marruaburguers.com, por lo que deciros lo que llevan no supone ningún spoiler. La picantona lleva queso cheddar, salsa emy, bacon y cebolla caramelizada. La puerca, para puerquitos como yo, salsa cheddar, boloñesa, salsa emy, queso cheddar y nachos. Sí, familia, nachos. Esto es lo más “exótico” que encontraréis y se agradece. Aquí no hay panteras rosas con forma de burguer, salsas de Ferrero Rocher o noodles haciendo de pan. Todo lo que encontraréis está perfectamente pensado para que todo el mundo entienda y aprecie lo que va a comer. Y aquí viene la magia. La burguer que más me gustó, y eso que me fliparon todas, fue la reina del Juantene. Esta que lleva el nombre de su caserío tiene entre panes, además de la burguer, queso gouda, lechuga, tomate, cebolla, huevo frito y mayonesa. Todas estaban brutales, pero en esta la carne destacaba más que en las otras. ¡Y ojo a la mejor parte! Una digestión de 10… que se dice pronto.

Zorionak hirukote, biba Marrua eta gora Juantene baserria!