2026 ABU. 02 PSICOLOGÍA Me veo venir (Getty Images) Igor Fernández La experiencia de llevarse la contraria a uno mismo, a una misma, es bien conocida por todos. Tenemos pensamientos contradictorios, sentimos con ambivalencia sobre un solo hecho o cambiamos de deseo sin la necesidad de que el objeto del mismo cambie. Lo que hoy nos vale mañana no, y el “sí” y el “no” pueden ser defendidos con igual vehemencia en diferentes circunstancias. Cabría fantasear ante estas experiencias que en nuestra mente “viven” diferentes versiones de nosotros, de nosotras, con diferentes visiones de la vida o de sí; y que yo a lo que me dedico es a mediar entre ellas y tomar una decisión para después defender y ejecutar, probablemente ante sus constantes cuestionamientos o propuestas alternativas. Y es que, incluso tras tomar una decisión, esas “partes de mí” pueden seguir dando su opinión, presionando para hacer algo distinto. Y, más allá de entrar a desentrañar estos misterios de la experiencia de la consciencia de sí, valga este planteamiento para presentar una expresión de esta multiplicidad en la vida cotidiana. A menudo, cuando decimos que estamos en un periodo de crisis en algún aspecto importante de nuestra vida, cuando nos sentimos en una niebla incómoda o no sabemos bien por dónde tirar, puede que lo que nos esté pasando sea que una de esas partes de nosotros, de nosotras, ya sabe algo de lo que aún no somos conscientes. Si, por ejemplo, en una habitación hace demasiado calor pero yo estoy concentrado en escribir un texto como este, supongamos, llegará un momento en el que repentinamente me encuentre sofocado, con mucha sed o con la necesidad de abrir todas las ventanas. Mi cuerpo ha estado registrando y, a su manera, siendo consciente de que la temperatura aumentaba, pero ‘yo’ solo me doy cuenta cuando el umbral es rebasado. De una forma similar, en nuestras relaciones podemos estar viviendo un desajuste del que no somos conscientes y llevar tiempo reaccionando a él sin saber que está ahí. También en esa habitación calurosa, para cuando hemos saltado de la silla, ya llevábamos un rato buscando la postura sin darnos cuenta. Muchas veces, cuando las personas nos sentimos mal con respecto a nosotros mismos, a nosotras mismas y no lo entendemos, es importante preguntarnos si, en alguna parte de nosotros ya sabemos lo que sucede, aunque no le hayamos puesto palabras aún. A veces, es en una conversación con otra persona en la que esa ‘parte’ se expresa, cuando no lo ha hecho en el diálogo interno, cuando no hemos llegado a conclusiones solo pensando. Una que empiece por «no sé lo que me pasa» y la otra persona pueda hacerme preguntas inesperadas, más allá de lo que nos contamos habitualmente. Y es que muchas veces no es que queramos llevarnos la contraria o actuar contra nuestro propio interés, simplemente, y simplificando mucho, no estamos aún preparados, preparadas, para cambiar… O puede que no sepamos que lo estamos.