2026 ABU. 16 LITERATURA Sobrevivir matando (GARA) Kepa Arbizu {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} El amor, en sus infinitas variables, es sin duda uno de los temas predilectos escogidos por el arte para su inspiración. Son sus condicionantes, individuales y colectivos, los que sin embargo hacen de cada uno de esos impulsos románticos, pese al común denominador que los emparenta, historias únicas e intransferibles, como lo es la contenida en lo que fue el debut de esta escritora irlandesa. Un paisaje -al igual que todos los demás- exclusivo, pero, además en este caso especialmente particular, al ser interpretado por dos pretendientes desconocidos entre sí que conjugan su idilio entre vítores por la raza aria. Él, en busca de un salvoconducto para huir del frente en la II Guerra Mundial, y ella, persiguiendo una estabilidad pecuniaria alejada de su familia, juntarán sus destinos a través de un matrimonio concertado sin mayor cita previa que una fotografía. Una comunión de intereses de la que brotará una relación sentimental que contará con todos los condimentos clásicos pero expuestos desde un dramático y singular escenario: el Berlín de los años cuarenta como contexto idílico donde el ruido fúnebre de las botas militares se convierte en su particular marcha nupcial. Es precisamente esa convivencia “natural” entre un sentimiento de carácter iluminador y el siniestro contexto donde se despliega, lo que hace a esta obra desenvolverse en un territorio desgarradoramente fascinante. Un estado al que llega a través, sobre todo, de unos secos y ásperos diálogos que se incrustan como cuchillas al concentrar la asepsia moral de quienes buscan su futuro sin detenerse ante la barbarie que les rodea, y que, es más, ellos mismos alientan. A medio camino entre el terror colectivo inoculado al individuo de Vasili Grossman y la insoportable normalidad del verdugo expuesta por Martin Amis en “La zona de interés”, “El compromiso” sitúa esa celebración de vidas compartidas en uno de los más grandes cementerios humanos de la historia. Aunque lo más fácil, pero quizás menos elogioso artísticamente, sería representar explícitamente -porque en verdad nunca dejan de serlo- a sus protagonistas como absolutos monstruos. Sin embargo, su condición de insulsos seres desventurados por momentos llega a diluir esa ruindad ética. Un espejismo en el que se refleja la confirmación del carácter político con el que también cargan nuestros instintos más íntimos, porque incluso nuestras cartas de amor pueden llegar a suponer para otros una declaración de guerra. La novela sitúa esa celebración de vidas compartidas en uno de los más grandes cementerios humanos de la historia