7K - zazpika astekaria
PSICOLOGÍA

Todo irá bien

(Getty Images)

Hay un chiste que cuenta la historia de dos amigos que se encuentran y uno le pregunta al otro: «-Oye, ¿qué tal te fue en el psicólogo? -Pues muy bien. -¿Resolviste el problema que tenías? -No, pero ya no me importa». Y muchas veces, los problemas que vivimos psicológicamente están muy relacionados con la importancia que les confiamos a los problemas que tenemos. O, dicho de otro modo, si pudiéramos gestionar el impacto de nuestros problemas, quizá estos no desaparecerían, pero sí lo haría nuestro sufrimiento, o el grado de obsesión con el que los vivimos.

Hay quien diría que es más fácil de decir que de hacer y sí, como todo en la vida, la teoría siempre es más sencilla, más limpia. En lo que sí tienen razón estas personas es que es difícil de hacer a solas, solo desde la teoría, en particular cuando el bucle de la preocupación ya ha empezado.

Volvemos de vacaciones y, con ello, a la rutina de los trabajos y/o de las relaciones y roles; y también a lo que dejamos pendiente “para la vuelta”, sea lo que sea. En esa preparación para afrontarlo -idealmente- con fuerzas renovadas, la potencia anticipatoria de nuestra mente se pone en marcha, volviendo a desplegar los escenarios que habíamos guardado. Cuando menos lo esperamos, la emoción congelada antes de la pausa se descongela y nos empezamos a agobiar.

Cuando la emoción llega, ya hay que hacerle caso, ya nos pide acción, e intentar ignorarla no es buena idea si es intensa. Si no lo es, pero la sentimos, necesitamos darle un espacio, o bien expresándola, o al menos reconociendo que existe en nosotros, en nosotras. Esto tiene un efecto de ventilación, de alivio, que vuelve a permitirnos pensar. Si es intensa, puede que necesitemos más tiempo de atención, de permiso o de expresión (acción). Solo tener esa estrategia en mente ya rebaja el bucle, decirnos algo como “sienta lo que sienta, no tengo por qué asustarme, es una reacción natural y es mía. Si la atiendo y no me critico o destruyo con ella, simplemente pasará, y podré verlo distinto mañana”.

En definitiva, tomar alguna decisión sobre cómo me voy a tratar cuando las cosas se pongan difíciles nos permitirá tomar la siguiente, la cual, probablemente, ya será menos emocional, menos reactiva, y más pegada a la realidad de lo que necesitamos para resolver el problema.

Es cierto también que, a veces, solo tomando la primera decisión, ya las siguientes caen por su propio peso. En otras palabras, si podemos confiar en que nosotras, nosotros, vamos a estar bien una vez que pase “todo esto” y tratarnos con cuidado y respeto, con naturalidad, mientras tanto, puede que el problema ya no esté dentro, dominándolo todo, sino fuera, donde quizá podamos dominarlo -o no, pero todo irá bien-.