2026 URR. 18 Panoramika Registro «Levantando el polvo: El archivo del cuerpo», de Igshaan Adams, propone una conversación entre cuerpo, registro y material. (Aritz Loiola | FOKU) Iker Fidalgo {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Cuando desaparece un ser querido o buscamos entre los recuerdos de nuestra infancia, las imágenes no siempre son quienes sustentan la memoria. A pesar de vivir una sociedad ocularcentrista, los recuerdos visuales acaban por diluirse con el tiempo. La visión de aquella persona se vuelve translúcida, se acumulan archivos en discos duros que se rompen, se pierden los volúmenes de los cuerpos y se disipa la sensación de su presencia. Por contra, puede que nos emocionemos cuando un olor, un sonido, un objeto o un gesto nos lleva directamente a aquella nostalgia que no se había ido, pero estaba aletargada. Somos seres sensibles y sintientes y nuestro cuerpo reacciona a una multiplicidad de estímulos por mucho que nos empeñemos en atrapar el presente a golpe de fotografía. Esa relación entre suceso y recuerdo ha sido recurrente en el arte contemporáneo, sobre todo desde la irrupción de la performance. La obra se desvaneció de su materialidad para convertirse en algo que sucedía en un lugar y en un momento concreto. La trascendencia de lo ocurrido debió ser salvada por disciplinas como el vídeo o la fotografía, creando lo que ahora conocemos como registro o documentación. Pero a su vez esto abre una nueva reflexión sobre si unas fotografías que relatan un suceso pueden asumir el valor de aquello que registran, es decir, si la performance es la obra del arte. ¿Pueden las imágenes sobre ella acabar teniendo la misma carga simbólica? El mercado del arte, las galerías y los museos encontraron en esta manera el camino para comerciar o exponer con aquellas obras que existieron durante solo un momento. Puede que no sea lo mismo que verlas en directo, pero es la manera en la que nos han llegado hasta nuestros días. En este sentido, pensamos que la muestra que el Museo Guggenheim presentó en mayo pasado dentro de su programa “in situ”, abraza y retuerce un poco más esta relación. En esta propuesta comisarial en la que invitan a piezas a dialogar con la arquitectura del edificio, podemos encontrarnos hasta noviembre con “Levantando el polvo: El archivo del cuerpo”, a cargo de Igshaan Adams (Ciudad del Cabo, 1982). El punto de partida es una serie de performances realizadas en Atenas en el año 2024. En aquella ocasión, el artista propuso al cuerpo de bailarines e intérpretes desplazarse por una serie de superficies que crean sobre lienzos estampaciones de las huellas de sus cuerpos. Esas manchas, que son en sí mismas un registro, son el punto de partida para un trabajo ligado al textil que acaba por crear una suerte de tapices formados por composiciones coloristas y abstractas. El resultado que hoy vemos es una instalación etérea y de gran sensibilidad plástica. Las piezas de tela conformadas por tejidos, cuentas y diversos entrelazados habitan la sala expandiéndose en telares de gran tamaño. Una conversación entre cuerpo, registro y material.