2016 MAR. 06 Elkarrizketa Hugh LauRIe «En todo el mundo existe gente que se beneficia del dolor y de la muerte de otros» La vida después de Dr. House se le presenta variopinta a este actor británico, quien figuró como uno de los mejor pagados en la televisión estadounidense. Con la serie “El Infiltrado”, emitida actualmente por AMC Spain, asume el doble rol de protagonista y productor ejecutivo. Janina Pérez Arias {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} A todos los actores les llega el momento de encarnar a curas o villanos. Con la serie de televisión “El Infiltrado”, a Hugh Laurie (Oxford, 1959) le toca esta vez interpretar al «peor hombre del mundo», un tipo sin escrúpulos, traficante de armas por demás, creado por la afilada pluma de John le Carré. Delgado, alto y de movimientos ágiles, Laurie se desplaza por uno de los salones del lujoso Hotel de Rome en Berlín. Su misión es promocionar “El Infiltrado” (dirigida por la danesa Susanne Bier), una faena que hace con entrega total, ya que no solamente lleva la carga del malvado protagonista Richard Roper, sino también la de productor ejecutivo. Arremangado, mientras su abrigo descansa en el respaldo de la silla arrastrado por el suelo, Laurie inicia encantado la ardua labor, que se siente ligera debido a ese humor con el que salpica casi todas sus respuestas. No es nada extraño eso del humor, tratándose de alguien que se inició en la actuación en los tempranos 80 precisamente en la comedia. Cuando dice «malo», se ríe. «Bad (en inglés) es un adjetivo que obsesiona a los estadounidenses…», cierra uno de los tantos paréntesis que genera carcajadas con los que adorna la entrevista. Prefiere decir malvado y hasta diabólico. Y eso es lo mínimo que merece Roper, ese personaje de ficción que tanto parecido guarda con muchos que pululan en nuestro mundo, vendiendo y promoviendo la muerte. ¿Cómo ha sido ser «el peor hombre del mundo»? Fue fascinante. Creo que todos sentimos fascinación por ese tipo de personas que viven fuera del sistema normal de reglas establecidas. Interpretar a un villano es interesante de ver y hacer, porque debe tener carisma. De lo contrario, no llegaría a ninguna parte y tiene que divertirse en su condición de malvado. Definitivamente, todo eso lo tiene Richard Roper, que es, sin duda, una creación satánica. Nunca he hablado con John le Carré sobre este personaje, pero pienso que es una de sus creaciones más borrascosas, tal vez movido por una ira inmensa. Además, es un tipo que se desenvuelve en un mundo que no es inventado, ya que en todo el mundo existe gente que se beneficia del dolor y de la muerte de otros. Es un fan de la novela original. ¿Ha sido difícil trabajar en la historia? (Reflexiona) En cierta forma, lo hizo fácil, porque sientes que la conoces y en realidad era así, porque había leído ese libro varias veces y me encantó desde la primera. De hecho, tuve la intención de entrar en la subasta para la compra de los derechos, aunque no tenía ni idea de cómo se hace eso; ni siquiera estoy seguro de lo que lo que significa la palabra «subasta» (risas). Para volver a la pregunta, también fue muy duro, porque cuando te encanta algo –en este caso la historia–, obviamente le das muchísima más importancia a lo que está saliendo, a cómo lo estás haciendo. Desde luego que todos los trabajos –y esto es extensible a todas las tareas que hace la gente– siempre son difíciles en relación a cuánto te preocupa el resultado. Porque si no te importa, hasta una cirugía de cerebro podría ser bastante fácil de realizar (risas). Esta historia me importaba mucho, hasta el punto de obsesionarme con los detalles. Siendo una serie, ¿le brinda la oportunidad de poder desarrollar más a Richard Roper? En efecto y no solamente el personaje, sino la historia en sí. Si se piensa en la forma en que escribe John le Carré, que está llena de intensidad y de detalles, la historia era muy apta para que fuera una serie. He visto muy buenas adaptaciones de su trabajo para el cine y sin embargo, a veces pienso que el metraje de una película es una manera muy artificial de ver la vida. Claro que, como dijo Alfred Hitchcock, «la duración de un filme está determinada por la capacidad de la vejiga humana» (risas). Pero es que, en general, la vida no sucede en 90 minutos, a menos que se trate de acontecimientos puntuales, como un accidente de coche. La vida es un asunto lento. ¿Es cierto que, después de haber leído el libro por primera vez, ya se veía en el papel de Jonathan Pine? Absolutamente y se me hace muy duro ver a Tom (Hiddleston) interpretar ese rol (risas). Así es la vida… y ahora tengo menos pelo. En verdad, celebro que Tom interprete a Pine, porque es un hombre que se compromete al máximo con lo que hace. Es maravilloso ver cómo le da ese toque heroico al personaje y creo que tiene una idea romántica del rol del héroe, como en la literatura clásica. Nadie como él podía haber asumido ese papel. ¿Tuvo en mente a una persona real a la hora de dar forma a Richard Roper? Tomé fragmentos de aquí y de allá de gente que yo sabía que tenía que ver con el mundo del comercio de armas. Para ser honesto, no tengo mucha idea sobre la gente que trabaja o se desenvuelve en ese ámbito y, en mi ingenuidad, quise que me hicieran de puente para conocer a alguien, aunque fuera para comer juntos o algo así. Pero el equipo de asesoramiento legal (de la producción) se negó. «Bajo ningún concepto puedes hablar con nadie», me dijeron. La razón que me dieron fue que si esas personas encuentran un mínimo gesto similar a ellos, hasta en la forma en la que toman sopa o algo que ellos piensen que está inspirado en su persona, tendremos problemas. Así que, básicamente, «lo único» que tenía era la magnífica novela de Le Carré y con tan solo leer sobre ese personaje, ya lo conocía. Era lo bastante creíble por el hecho de estar escrito de una forma muy completa. ¿Cómo cree que Roper se percibe a sí mismo? Pensé mucho sobre eso y llegué a la conclusión de que Roper piensa que ya está acabado, que quiere que le traicionen. A veces lees sobre genios sicópatas que, cuando finalmente la Policía toca a su puerta, lo que piensan es un «gracias a Dios que todo ha terminado», porque estaban esperando ese final y lo que sienten es un gran alivio. Roper sabe quién es el traidor y agradece la idea de ser traicionado. Es un sentimiento muy raro. ¿Pero también le da placer estar en medio de esa situación? Sin duda alguna. Ese es el placer del juego; quiere ganar, apostar, arriesgar… Le encanta. Pero, muy profundamente, quiere terminar con el dolor. No puede creer que ya está saliendo de todo eso y está seguro de que va directamente al infierno. ¿Qué cree que le ha aportado la directora de la serie, Susanne Bier, al mundo de John le Carré? ¡Podría hablar horas de eso! Por ejemplo, le ha proporcionado una estética única a la historia que me maravillaba cada día. Sabía que Susanne era brillante a juzgar por sus películas, que son fantásticas, y por eso tenía la certeza de que con “El Infiltrado” haría algo muy bueno. Y cada día me sorprendió con su dedicación a cada detalle y su gran capacidad para no perder nada de vista. Teniendo en cuenta que esta serie se rodó en diferentes países, Susanne tenía que mantener en mente toda la historia, pero también cada pormenor de los personajes, hasta cómo miraban. Su habilidad para lidiar hasta con el más mínimo detalle es inigualable. ¡Nunca había visto algo parecido! Susanne es extraordinaria. A pesar de que se trata de una novela publicada en 1993, el tema sigue siendo muy actual. ¿Qué opinión tiene sobre el comercio de armas? (Reflexiona) Además de que es triste la actualidad de ese tema, tengo que pensar muy bien para dar una opinión más concisa (vuelve a reflexionar). Pienso que cada sociedad y Gobierno tiene que tomar sus propias decisiones en cuanto a qué se puede considerar como un aceptable «nivel de comercio». Hay millones de cosas que se pueden vender, como también son diversas las circunstancias. Nos preguntamos si se permite que un país se pueda defender o si es legítimo que te preocupes porque un «hombre malo» se mete en tu casa. Cada situación necesita una opinión y juicio específicos, tanto de los gobiernos como de la sociedad. Es algo muy complicado y ese hecho le permite a gente sin escrúpulos explotar aún más esas complicaciones. Hay quienes argumentan que venden «solamente» minas antipersona, pero ¿eso te defiende de algo o de alguien? Y esa es una de las complejidades que le permite a gente nociva hacer negocios. No todo fue Dr. House. En 2012 se emitió la última temporada de “Dr. House”, la serie televisiva de la cadena Fox que durante años ha sido uno de los programas televisivos más vistos en EEUU y el mundo. Tras ocho años dedicados a ese cáustico personaje que tanto cariño como antipatías generó en la audiencia, a Hugh Laurie este papel le supuso unos importantes cambios de vida. En ese lapso de tiempo se instaló en Los Ángeles con su familia, cambió su acento de Oxford para el personaje en cuestión y se convirtió en uno de los actores mejor pagados de la televisión estadounidense. Sin embargo, no todo estuvo centrado en “Dr. House”, donde también incursionó como director y productor ejecutivo. Laurie participó en varias películas, pero sobre todo le puso seriedad a sus andadas musicales, primero en solitario y luego con su grupo de blues The Copper Botton Band, con el que «ahora estamos en vías de producir un nuevo CD», actualiza. Se convirtió en escritor con “The Gun Seller” (publicada por Planeta en 2006 en castellano bajo el título “Una noche de perros”), una novela policiaca humorística donde también hay conspiración y espías, a la que no le fue nada mal en ventas y se tradujo a 28 idiomas. Y aunque desde entonces ha escrito algún que otro guion para cine y televisión, la secuela, “The Paper Soldier”, aún está en su lista de cosas por terminar. «Estoy en ello», dice sin mostrar prisas. El presente (y el futuro) profesional de Hugh Laurie es muy variopinto. Cuenta que en breve regresará a Estados Unidos para seguir participando en la serie “Veep” (junto a Julia Louis-Dreyfus), como también para darle cuerda a un par de proyectos. ¿“El Infiltrado” fue una inspiración para que escribiera su novela “The Gun Seller”, publicada en 1996? Al haber leído desde mi adolescencia las novelas de John le Carré, sería imposible no sentirme influenciado por su trabajo. Como muchas personas, me siento fascinado por el mundo del espionaje y se debe recordar que el género de espionaje desplazó por completo al western. Hay que pensar que hace cincuenta años lo que se veía eran películas de vaqueros y logramos entender esas historias, así como la alegoría del paisaje propio de esos filmes. El género del espionaje nos presenta un mundo mítico en el que la gente se enfrenta a temas como la traición o la lealtad. ¿Sus estudios de Antropología Social le han sido útiles en tu carrera de actor? Honestamente hablando, no estudié Antropología lo suficiente como para que me ayudara en cualquier carrera (risas). Cuando era joven y estaba en eso, mi mente se encontraba divagando en otra parte. Estaba más bien interesado en dibujar, en los deportes, en actuar... de manera que mis estudios académicos los dejé por el camino y de eso no me siento nada orgulloso. ¿La actuación le ha ayudado a entender a la gente? (Reflexiona) No lo creo… Más bien pienso que la gente que «estudia» a personas, termina interesándose por la actuación, eso es lo más probable. Me pregunto si los actores actualmente observan a la gente o a otros actores. Me gusta pensar que entre los actores pasa algo similar a lo que ocurre en el jazz, cuando los músicos se ponen a tocar entre ellos y para ellos, no para una audiencia. Eso suena muy pomposo, será mejor que me calle (risas). Al dedicarle tantos años a la serie “Dr. House”, ¿se llegó a sentir prisionero de ese personaje? Nunca me sentí prisionero de doctor House porque le amaba mucho, así como a la serie en sí. Era un placer para mí, porque me encantaba su actitud hacia la vida, me hacía reír, aunque estoy seguro de que si lo conociera, me irritaría… Sin embargo, me encantaba y fue un honor estar relacionado con todo eso durante tanto tiempo. Esto lo puedo decir porque muchos actores están conectados con cosas que en realidad odian. Mira Daniel Craig… (risas). La nueva vida de «El Infiltrado» de John le Carré Más de veinte años descansó en un cajón la idea de hacer «algo» con “El Infiltrado”. La tarea no parecía nada fácil, ya que la obra del icónico escritor John le Carré, extendida a lo largo y ancho de 500 páginas, se presentaba como una historia con incontables aristas y recovecos, desarrollada además en diferentes países. Cuenta la leyenda que hasta Brad Pitt mostró interés para echarla a andar, sin embargo sus intenciones no le llevaron a ninguna parte. Liberada del cajón cerrado con llave donde estaba guardada en un estudio cinematográfico de sonoro nombre, la novela se sometería a un «lifting» (de la pluma de David Farr) para hacerla acorde a nuestros tiempos: esta época de las redes sociales y de crisis migratorias y económicas que aún no se deshace de la cruda y lamentable realidad del tráfico de armas retratada por le Carré a principios de los 90, cuando se publicó el libro. “El Infiltrado” se ha convertido en una serie de televisión dirigida por la oscarizada directora danesa Susanne Bier y protagonizada por Hugh Laurie, Tom Hiddelston, Olivia Colman y Elizabeth Debicki. Y para los incondicionales de le Carré, vale señalar que la serie está basada en la novela homónima (la decimocuarta de su prolífica producción), de manera que no se trata de una fiel adaptación. La historia se inicia en El Cairo, con el pueblo sublevado para expulsar al presidente que durante décadas «reinó» en ese país, acontecimientos que ya han pasado a la historia como la Primavera Árabe. En la capital egipcia, el ex soldado Jonathan Pine (Hiddelston) cumple con vehemente profesionalismo las funciones de gerente nocturno, pero una serie de circunstancias le llevarán a escuchar por primera vez el nombre de Richard Roper (Laurie), «el peor hombre del mundo». Roper es un individuo que en internet presume de altruismo, pero que, en realidad, es un nefasto traficante de armas; o mejor, un criminal a nivel internacional. Pine se infiltrará entre los más allegados a Roper con el fin de desarticular su imperio. Desde su hogar, el octogenario John le Carré celebra que finalmente “The Night Manager” (tal como la tituló en 1993) tenga una segunda vida de seis capítulos en la pantalla pequeña, producida por sus hijos Simon y Stephen Cornwell, responsables de las adaptaciones al cine de las obras de su padre. Emitida en el Estado español por AMC, y con un presupuesto de casi 30 millones de euros, un elenco de lujo (incluyendo a los actores estatales Antonio de la Torre y Marta Torné), rodada en diferentes países, las expectativas son grandes, y no es para menos. • «Creo que todos sentimos fascinación por ese tipo de personas que viven fuera del sistema normal de reglas establecidas» «Me gusta pensar que entre los actores pasa algo similar a lo que ocurre en el jazz, cuando los músicos se ponen a tocar entre ellos y para ellos, no para una audiencia»