2016 MAR. 20 IRITZIA Tinieblas (y rayos de luz) DAVID BROOKS {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Cuidado, por favor, si uno anda dando vueltas por EEUU. El Klu Klux Klan reaparece en las noticias, gobiernos envenenan a sus ciudadanos, se repiten amenazas de más guerras contra quien sea, se defiende la tortura como técnica legítima, se aplastan sindicatos, mientras continúan las guerras contra los derechos de las mujeres, los afroestadounidenses, los musulmanes y se intensifica la ola antiinmigrante. Y eso sin mencionar la jocosidad del 1% más rico ante la desesperación de buena parte del otro 99%, o lo que los científicos advierten sobre el fin del mundo. Estamos viviendo en la tinieblas. Todos los días se informa sobre lo más oscuro y ominoso, y las conversaciones versan sobre qué mal va todo. Aquí huele cada vez más a algo que podría ser fascismo. ¿Pasarán? Mucho de esto se manifiesta en el fenómeno Donald Trump, aunque lo más preocupante no es el bufón peligroso en sí, sino la ola de apoyo de la que está gozando, porque ahora lo más retrógrado y lo peor de este país tiene un mensajero que podría llegar a la Casa Blanca. «Amo a los poco educados», gritó después de su triunfo en Nevada. Es elogiado cuando declara que desea «golpear en la cara» a un manifestante anti-Trump. Y continúa con sus promesas de construir un muro para que los mexicanos no vengan a violar y matar estadounidenses, de perseguir a los musulmanes y demás. Y todos aplauden. Hasta los periodistas ahora corren peligro. Durante los últimos meses, en los multitudinarios actos de campaña de Trump, reporteros y fotógrafos son enviados a sitios reservados, donde están acorralados. En cada acto, como parte del discurso, llega un momento en que Trump señala hacia donde están los periodistas para acusarlos de mentir, engañar y más, incluso los llama «mugre» (scum), mientras sus seguidores les gritan insultos. Hace un par de meses esto llegó a tal nivel que un periodista planteó a su jefe que tal vez necesitase un escolta de seguridad si quería seguir cubriendo esta campaña. Pero ahora Trump amenaza con que, al llegar a la Casa Blanca, cambiará las leyes para poder demandar a los medios –mencionó al “New York Times” y al “Washington Post” como «los medios más deshonestos que he visto en mi vida» (ambos le han criticado repetidamente)–, si se atreven a publicar «artículos a propósito negativos, horribles y falsos». No mencionó que eso implica anular buena parte de la Primera Enmienda constitucional, que garantiza la libertad de expresión. Muestras aún más ominosas de la ola racista que acompaña al fenómeno en estos días ha sido el respaldo a Trump de David Duke, ex líder del Ku Klux Klan (KKK), quien alegó que «votar contra Trump es una traición a tus antepasados». Pero no es solo Trump: todos los precandidatos republicanos se distinguen por su rabia antiinmigrante, por su posición anticientífica al negar la existencia del calentamiento global, y todos usan la Biblia para argumentar justo lo opuesto del mensaje de Jesucristo. Más allá del ámbito electoral continúa la ofensiva derechista. La guerra contra los sindicatos de gobernadores y legisladores conservadores, que buscan destruir su poder político con nuevas leyes diseñadas para debilitarlos, en lugares como Wisconsin y hasta en California. Una cuarta parte de las clínicas de aborto del país han cerrado, restringiendo el acceso a más de 30 millones de mujeres, como resultado de leyes antiaborto promovidas por varios estados. Recientemente se registró un enfrentamiento entre integrantes del KKK y opositores cerca de Disneylandia, donde por lo menos tres antiKlan resultaron heridos con cuchillos y otro aparentemente con la punta del asta de una bandera de la Confederación. En Texas, el decano de la Facultad de Arquitectura dimitió en parte por la aprobación de una ley estatal que permite que la gente porte armas en instalaciones académicas, incluidas las aulas. Por supuesto, vale recordar que las fuerzas extremistas de derecha no cuentan con el apoyo mayoritario de la población. Mas aún, hay expresiones esperanzadoras: la lucha por un salario digno de trabajadores de servicios y Walmart, rebeliones contra los esfuerzos por privatizar la educación pública y, por supuesto, la campaña sorprendente del «socialista democrático» Bernie Sanders con su masivo apoyo de jóvenes. Obviamente se está generando cada vez mayor oposición entre sectores minoritarios ante la retórica racista de los republicanos, y también algunos pronostican un incremento dramático de la participación electoral de afroestadounidenses y latinos, lo cual podría poner en jaque un triunfo nacional republicano. Según una encuesta del “Washington Post” , 8 de cada 10 latinos tiene una opinión desfavorable de Trump (aunque eso hace pensar sobre quiénes constituirán ese 20% que no). Tal vez es hora de que los defensores de los principios universales de todo el mundo piensen en organizar unas Brigadas Internacionales para apoyar a sus aliados dentro de Estados Unidos, bajo el lema de «no pasarán» y rescatar así a esta república de las tinieblas. Todos los días aparecen más y más huellas del avance de la derecha en Estados Unidos. Y no pasa un día sin que alguien mencione que Hitler llegó al poder mediante el voto.