2016 MAR. 27 Elkarrizketa ELLIOTT MURPHY «En mi corazón ¡sigo siendo un hippie!» Iñaki Zaratiegi {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Norteamericano de origen (Long Island, Nueva York) y residente en París, el rockero Elliott James Murphy, quien el pasado 16 de marzo cumplió 67 años de edad, es el trovador extranjero que más conciertos ha ofrecido en Euskal Herria. Décadas atrás se le pudo ver actuando con banda –¡a las 04.00 horas!– en una discoteca de Uharte o inaugurando en solitario el espacio Sarobe de Urnieta. Y desde hace unos veinte años, y con la ayuda del guitarrista francés Olivier Durand, repite gira invernal. El pasado enero lo volvió a hacer con novedades bajo el brazo: otra novela (“Justicia poética”) o su primer LP, “Aquashow”, reeditado en versión «reestructurada». Estrenó además en el festival donostiarra de documentales musicales Dock of the Bay el trabajo “The Second Act of Elliott Murphy”, del madrileño Jorge Arenillas. Lo presentó en los cines Trueba con un mini recital y charlando con la audiencia y el filme ganó el premio del público. Con más de cuarenta años de andadura artística, más de treinta discos grabados y siete libros publicados es viejo amigo de Bruce Springsteen, quien le invita a escena cuando actúa en París. El elegante creador es la viva experiencia de un artista amado por una audiencia fiel, pero que no ha logrado dar el salto al firmamento mayor de la industria musical. Una genuina cult star o estrella de culto. No hay diciembre sin Navidad, ni enero sin nueva gira de Elliott Murphy. Llevo haciéndolo desde 1997 y cada año tengo la sensación de que una gran familia de fans y amigos se junta para la reunión. La gira marca siempre el comienzo de una nueva temporada con Olivier (Durand); intentamos interpretar canciones recientes, otras más conocidas o temas viejos que no ofrecemos desde hace tiempo. Es una cita importante, como si no pudiera existir un nuevo año sin este recorrido de enero por vuestros escenarios. ¿Lleva la cuenta de las veces que ha actuado en Euskal Herria? No sé cuántas veces he estado, pero tras haber actuado en varias ocasiones hace al menos treinta años, llevamos unos veinte volviendo con regularidad. Somos muy activos: en 2015 dimos 58 conciertos, aunque hace unos años tocaba casi cien por año. Estoy desacelerando un poco. Me encantan Donostia y Bilbao, que tienen personalidades distintas, casi como la noche y el día. Dediqué mi canción “Green River” a la segunda. ¿Tiene quizás aquí un público especial? Hay una relación bastante especial con el público vasco, pero no sé definirla muy bien. ¡Quizás es que vosotros y yo tenemos un corazón rebelde! Parece que le encanta la cuajada o mamia vasca. ¿Sabía que Lou Reed estuvo por aquí buscándola, aconsejado por su colega Fernando Saunders? La llamaban «special yogurt». ¿De veras? ¡Qué pena no haber podido hablar de eso con Lou! Soy un súper fan de la cuajada (con miel, por supuesto) y tengo que andar con cuidado, porque si me tomo dos o tres por día empiezo a tener problemas de talla con mi ropa de escena. Viajar por el mundo y disfrutar de tipos diferentes de cocina es uno de los grandes placeres de mi trabajo, especialmente en el País Vasco. Esta vez la visita es especial porque ha venido a presentar el documental “The Second Act of Elliott Murphy”. ¿Cómo es esa película? Se titula “El segundo acto” y después habrá tercero, cuarto… como “El Padrino”. No, en serio, es un proyecto del director español Jorge Arenillas. Nos conocimos porque yo hice la música de otras de sus películas. Me he sentido cómodo cuando me filmaba, aunque la sesión en directo que aparece en la sala BBK de Bilbao fue muy de nervios por la responsabilidad que teníamos. Estoy encantado de cómo ha quedado. Cuando lo visioné por primera vez en Barcelona, fue como si mi vida entera pasara por delante. Se centra sobre todo en cómo recomencé mi carrera en Europa (de ahí lo de second act), tras mi primera etapa y éxito en América. En Europa se produjo su recuperación artística. ¿El éxito americano fue más bien un fogonazo? Fue muy temprano, sí. No estaba preparado. Y después vino el punk y la caída en desgracia de los llamados cantautores. Su penúltimo disco con nuevas canciones ha sido “Notes from the Underground”. ¿Se siente realmente subterráneo? Ha sido uno de mis últimos discos con canciones nuevas, sí. Pero ya no me siento tan «en el sótano»; no me gusta mucho la idea, pasé de joven demasiados años ensayando con diferentes grupos en bajeras y locales así. ¿Confirma que el título fue casual y que se le ocurrió volviendo en avión desde Bilbo junto a una chica que leía “Memorias del subsuelo”, de Dostoievski? Cierto, había una guapísima mujer leyendo ese libro en aquel avión y me dije: «Ya tengo título para el disco». ¿Qué pros y contras reúne la situación profesional de casi underground, amado por una minoría de fieles seguidores y desconocido del gran público? Lo positivo de ser una cult star es poder mantener el anonimato, pasear tranquilo, sin fotógrafos ni fans que te asedien. Y lo negativo es que tienes muchos límites económicos para hacer los discos y conciertos que te apetecería. Puede que ese equilibrio no sea tan malo. Ha reeditado su LP de debut, “Aquashow”, producido por su propio hijo Gaspard y presentado como «deconstruido». ¿Qué significa ese término? Creía que esas diez canciones se merecían una segunda oportunidad de ser «deconstruidas» y actualizadas para este siglo XXI. Y que mi hijo, que es aún muy joven pero ya una gran productor, ayudaría. Así que las regrabamos con arreglos e instrumentaciones muy diferentes. Fue una experiencia muy emotiva cantar de nuevo esos títulos en un estudio de grabación cuarenta años después. Y resultó una propuesta de riesgo, porque alguna gente creyó que aquella grabación original era sagrada y no se debía tocar. Pero el nuevo álbum ha gustado a todo el mundo y las reacciones de los críticos han sido maravillosas. Tocaremos muchas de esas canciones con los nuevos arreglos en la siguiente gira. Por un momento pareció que esa operación de «deconstruir» el pasado sonaba a un epílogo en su trayectoria. Es que fue ciertamente el final de una era. Ahora estoy libre para moverme en cualquier dirección. Aunque no sé seguro qué haré: ¿Una ópera rock? ¿Un disco doble muy acústico con Olivier y mi hijo Gaspard? Tengo más de veinte canciones preparadas. Pero, ¿no ha dicho que su próxima obra será un disco hippie? Es que en mi corazón ¡sigo siendo un hippie! Su relación con Europa comenzó en 1971, cuando cantó en la calle y tuvo una aparición en la película “Roma”, de Fellini. Aquel viajé cambió definitivamente mi vida y me aportó un alma europea que aún conservo. Y en los 90 se estableció definitivamente en París. Me mudé a París en 1989, en el doscientos aniversario de la Revolución Francesa. Había aviones por el cielo y muchas ceremonias y fiestas. ¡Vaya recibimiento! Ha acabado siendo agasajado como gran invitado del Estado francés. En 2012 me concedieron la Médaille de Vermeil de la Ville de Paris (la categoría más alta de esta distinción). Fui el primer músico americano en recibir ese honor, en una ceremonia presidida por el alcalde Bertrand Delanoë. Fue emocionante y además la medalla es de color verde, mi preferido. Y el pasado noviembre me nombraron Chevalier des Arts et des Lettres. Estados Unidos es mi país, pero París es mi ciudad. Mis raíces culturales son americanas, pero tienen también un poco de Europa: Rimbaud o Cervantes; ¡yo también lucho contra los molinos! Estoy en un terreno intermedio entre franceses y americanos, una especie de optimista deprimido. ¿Qué ha perdido y ganado dejando Nueva York por París? Nueva York fue una gran ciudad donde ser joven y salvaje y París es una gran ciudad para ir envejeciendo y haciéndose más sabio. Las dos son similares, ambas tienen cualidades internacionales que yo necesito. Y no soy nada nostálgico de Nueva York y América. No creo que perdiese nada dejando EEUU; de hecho, creo que gané una segunda parte de mi vida y de mi carrera. Cuando me paran los turistas para preguntarme una calle parisina o me paseo en moto me siento feliz. ¿Ve diferencias entre el público europeo y el americano? Los fans son una maravilla vayas donde vayas, pero como me veo más con mi público europeo no sé muy bien qué responder. En todo caso, cuando actúo en los EEUU y vienen a verme los viejos fans, que comprenden todas las letras, es muy gratificante. ¿Dónde y cómo vivió los ataques de París del pasado noviembre? Actuábamos en el sur de Francia y nos informaron al bajar del escenario. Llamé a casa para ver si estaban bien y después fue muy difícil volver a escena para los bises finales, pero lo hicimos. Comunicamos a la audiencia lo que pasaba e interpretamos “Zona Cero”, que compuse después del 11-S neoyorquino. Fue un momento horrible, pero seguimos dando conciertos que se convirtieron en un cierto bálsamo ante aquella barbaridad. ¿Una opinión sobre las políticas occidentales en Siria, Irak, Libia…? No culpo de esos ataques a las políticas occidentales, sino a los asesinos que apretaron los gatillos y explotaron las bombas que mataron a gente inocente. Tras tanto tiempo en tierras francesas, ¿conoce su música popular o rockera? Por supuesto, ¡llevo aquí 25 años! Me encantan Francis Cabrel, Gainsbourg y muchos otros. ¿Es cierto que un día se topó con Lou Reed en el Pont Neuf del Sena? Así es, Lou iba vestido todo de negro, como un cura. Pasó una mujer y le hizo una reverencia. ¿Le conocía? Suele interpretar «Walk on the Wild Side». Le conocí y fue muy generoso conmigo a comienzos de mi carrera. Y esa canción es un himno neoyorquino con el que me siento relacionado, aunque yo nunca llegué a ser una super estrella Warhol. Conoció también a David Bowie. Sí, coincidimos varias veces en los años 70 y quise que produjera mi segundo disco, pero no pudo ser. Era un artista original, elegante y amable, un destacado miembro de la aristocracia rock. Su muerte me pilló desprevenido, pero él fue el hombre de las sorpresas. Aunque creo que trató de decirnos algo con su último disco “Blackstar” o una canción como “Lazarus”. El concierto de Donostia fue el primero que dimos tras su fallecimiento y lo homenajeamos versionando “Héroes”. Con quien mantiene más amistad es con Bruce Springsteen, quien le invita a escena cuando actúa en París. Es mi amigo y soy su fan. Le conozco desde 1973, nacimos el mismo año, venimos de la costa este de Estados Unidos y compartimos influencias musicales: la gran época de Beatles o Beach Boys, que sonaban siempre en la radio. Y a los dos nos apodaron al principio «el nuevo Dylan», aunque no nos parecíamos nada a su estilo. He cantado con Bruce en sus conciertos europeos y el cantó en “Everything I Do (Leads Me Back to You)” del disco “Selling the Gold”. Siempre que le escucho en un concierto aprendo algo. Es el mejor intérprete de mi generación. Dijo sobre ‘The Boss’: «Si nos comparan, lo único que puedo decir, con amplia e irónica sonrisa, es que mi primer álbum era mejor que el suyo». ¡Probablemente sea cierto, pero no sé si él estará de acuerdo! Bruce le puso una sonrisa al rock and roll. Patti Scialfa, mujer de Springsteen, participó en una canción de su último disco con canciones nuevas, “It Takes a Worried Man”, de 2013. Tuve el honor de tener a Patti en ese disco. La inteligente mujer de Bruce cantó en el tema “I Am Empty”. Tiene una gran voz y fue muy emocionante hacer aquella colaboración. Parece que, además de Bruce Springsteen, también Bob Dylan, Leonard Cohen, Lou Reed o Tom Waits serían para usted los grandes poetas del rock americano. Todos ellos son grandes artistas, sí, es difícil decir quién es mejor. También Joni Mitchell ha hecho algunas maravillosas canciones. Dicen que si quieres esconder la poesía la puedes meter en una canción rockera, nadie la va a notar. Chuck Berry y Smoky Robinson son también grandes poetas del rock. En cuanto a discos, parece que sitúa en primera línea “Blonde on Blonde”, de Dylan; “Exile on Main Street”, de los Rolling y “Greetings from Asbury Park”, de Springsteen. Son grandísimos discos, sí. Añadiría el “Loaded”, de Velvet Underground. ¿Y poetas rockeros más actuales? Escucho mucho a Florence and The Machine. ¡Qué descarga de energía! Lleva unos veinte años emparejado en escena con Olivier Durand. Van a parecer Jagger & Richards. Me temo que nos llevamos bastante mejor que Mick y Keith. Olivier es el mejor colega musical que he tenido jamás y somos amigos de verdad. ¡Paso más tiempo con él en la furgoneta que lo que estoy con mi mujer! Hasta vamos al baño a la vez, aunque no juntos. Le propusieron una banda de acompañamiento ideal y habló de Nick Lowe (bajo), su hijo Gaspard (guitarra), Tom Waits (piano) y Rickie Lee Jones (voz), con Keith Richards de invitado. Suena muy bien sí, una banda excelente. Pero lo pienso más y no estoy seguro de que Gaspard quisiera tocar con tanto carroza. Mejor lo cambiamos por Dave Grohl a la batería. Dice que sus canciones no son pop sino rock and roll, ¿cuál es la diferencia? El rock and roll permanecerá y el pop hará finalmente ¡pop! y desaparecerá. «El rock and roll no nos ha fallado nunca, somos nosotros los que le hemos fallado al sueño del rock and roll, fuera el que fuera». ¿Qué quiere decir? Que el rock ha logrado muchas cosas valiosas para la cultura occidental (paró la Guerra de Vietnam, derribó el Muro de Berlín, nos liberó sexualmente…), pero lo tratamos aun como algo desechable. Intenta escuchar una canción rock en la radio, lo tendrás crudo. Ha dicho también que la literatura es su religión y el rock su adicción. Es una cita que me aplico a mí mismo, porque ese equilibrio me ha servido muy bien durante los últimos 43 años. Encontrar ese lugar tranquilo e introspectivo adonde nos lleva la gran literatura y vivir también la energía extrovertida de la música que aún sigo necesitando. Además de compositor de canciones tiene siete libros publicados. Desde muy joven tuve gran influencia de autores como F. Scott Fitzgerald, John Steinbeck o Jack Kerouac. Y ahí están mis libros. Tengo una serie de novelas de rock: “Marty May”, “Diamonds by the Yard” y “Tramps”. Mi última obra, “Justicia poética”, se editó en castellano en 2014. Y estoy trabajando en la siguiente novela, que se titulará “La Grisette”. Ha trabajado también como periodista musical. No exactamente. He hecho entrevistas a Keith Richards o Tom Waits y participé con artículos en los libretos de discos de The Velvet Underground y The Violent Femmes. Me encantó hacerlo, pero no creo que sea un periodista musical, porque no podría ser objetivo y no podría hacer críticas negativas. Ahora mismo hay bastantes biografías rockeras muy buenas. Pero lo mío es la novela rock & roll. ¿Le ha tratado bien la vida? No puedo quejarme. He tenido una vida mucho más fácil que la que vive la mayoría de la gente y se lo agradezco a mi oficio, a mis colaboradores (¡Olivier!) y a mis fans. Aprecio lo que vivo y prefiero no mirar hacia atrás. Sobrevivir activo en un negocio como este, haciendo discos y conciertos, es ya un éxito. Y espero que haya un «Tercer acto de Elliott Murphy». Si lo primero que cantó fue “Last of the Rock Stars”, cuarenta años después ¿se siente la última estrella del rock? No es que me «sienta» como “Last of the Rock Stars”, es que ¡soy la última de las rock star! «Lo positivo de ser una ‘cult star’ es poder mantener el anonimato. Lo negativo, que tiene unos límites económicos» «David Bowie fue un destacado miembro de la aristocracia rock. Bruce Springsteen es el mejor intérprete de mi generación» «El rock ha logrado cosas valiosas para la cultura occidental (paró la Guerra de Vietnam, derribó el Muro de Berlín y nos liberó sexualmente), pero lo tratamos como algo desechable»