2016 API. 03 Elkarrizketa JULIA CAGÉ «Necesitamos lectores que defiendan y se impliquen en la independencia de sus medios de comunicación» Beñat Zaldua {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} El hasta hace poco director del diario catalán “Ara”, Carles Capdevila, decía que hacer un periódico es un regalo, un milagro cotidiano, pero que la mala suerte es tener que hacerlo cada día. Y es que esto va muy rápido. Frente a la vorágine del día a día, por lo tanto, conviene de vez en cuando ponerse un espejo delante, ampliar la mirada y fijarse en el contexto que rodea al milagro que cada madrugada sale de la rotativa. La economista Julia Cagé (Metz, Estado francés, 1984) lo ha hecho y no ha encontrado motivos para la alegría. Más bien al contrario. Algo que la ha llevado a proponer un nuevo modelo de sociedad para los medios, a medio camino entre la empresa de acciones y la fundación, y con elementos propios de las sociedades cooperativas. Lo explica, de forma amena y accesible, en el libro “Salvar los medios de comunicación”, recientemente publicado por Anagrama con prólogo del economista Thomas Piketty. Nunca ha habido tantos medios de comunicación como ahora, pero pocas veces han sido tan débiles. ¿Paradoja o secuencia lógica? Todo va ligado y se complica además con la crisis, aunque la crisis de los medios es anterior a la global. Hay menos recursos para cada vez más medios y como hay menos recursos, se recortan gastos, es decir, echan a periodistas a la calle. Miles en los últimos años. La consecuencia inmediata es que la media de periodistas por medio de comunicación ha bajado mucho. Y eso se nota... La consecuencia es que la calidad de la información ha bajado. Aunque entran en juego muchas cosas, la matemática es un factor fundamental: “The New York Times” tiene 1.000 periodistas, frente a 300 que tiene “El País” o los 400 de “Le Monde”. Y de ahí, para abajo. Es evidente que, cuantos menos profesionales, más difícil es producir información de calidad. Es algo que nos afecta, y mucho, como ciudadanos. Otra paradoja es que cada vez se dedica más espacio a la publicidad y, al mismo tiempo, cada vez llegan menos ingresos por publicidad. ¿Cómo se explica? ¿Hacia dónde va el sistema de financiación basado en la publicidad? Los medios deberán aprender a vivir sin publicidad. Y la culpa no es de la crisis ni de internet, porque los ingresos publicitarios están bajando desde los años 50 y 60. Aquellos que apostaron por poner información gratuita en la red, pensando que iban a monetizar esa información gracias a la publicidad, se han encontrado con un fracaso evidente. Un lector en línea vale menos que un lector del papel, porque hay menos atención y porque, además, en la red es Google quien se apropia de la mayoría de recursos publicitarios. Por lo tanto, tenemos que ver el futuro de los medios como un futuro en el que los lectores deben aprender a pagar por su información. Otro de los mitos que acompaña a la información en internet es lo que usted presenta en el libro como «la ilusión de las millonarias audiencias en internet». Esas cifras, que todos los medios se esfuerzan por inflar, ¿son reales? Es muy difícil medir las audiencias en línea, porque, además, los diarios suelen hacer trampa. Ponen el número total de visitantes y no el número de visitantes únicos, por lo que es bastante fácil inflar los datos. La gente que consume información en internet dedica a ello 25 minutos como máximo. En cambio, en el papel, esos 25 minutos son el mínimo. Es por eso que no se consigue monetizar la audiencia en la red, porque es muy volátil y muy poco atenta. Las cifras interesantes, que no se dan públicamente, son las de los abonados en línea, los suscriptores. Todos estos elementos llevan a una devaluación del valor social del periodismo. Frente a ello, usted defiende insertar la información y los medios de comunicación que en ella trabajan dentro del sector del conocimiento. Al lado, por ejemplo, de las universidades. ¿Cuál es la importancia de que así sea? Los lectores deben recordar que la información es un bien público imprescindible para el buen funcionamiento de la democracia y debe ser tratado como tal. La democracia va bastante más allá de la fórmula mágica de una persona igual a un voto; sin una ciudadanía informada, la democracia se ve afectada. Igual que consideramos que el Estado debe asegurar a cada ciudadano un mínimo de conocimientos necesarios a través de la escuela obligatoria, el Estado debe garantizar también ayudas a los medios de comunicación que sirvan para garantizar su independencia. Cuando se introdujeron los primeros diarios, la participación política en las elecciones aumentó. En mi estudio conseguí demostrar que cuando la calidad de los diarios disminuye, la gente vota menos. El hecho de que cada vez tengamos accionistas externos más grandes no ayuda nada a que la gente vea a los medios como un bien público. Los hace reticentes a la intervención gubernamental, cuando en realidad deberían estar a favor de que los gobiernos intervengan para que los medios puedan tener más recursos y ser más independientes. ¿Debería hacer más el Estado? El apoyo financiero debe ser totalmente independiente de la línea política y del contenido de los medios. Y se debe blindar frente a cambios de gobierno. Para eso, es importante que sean ayudas indirectas y no directas, es decir, ayudas fiscales como las del IVA reducido o facilidades en la fiscalización de las aportaciones de capital. Son claves en el modelo que propongo, porque facilitan las aportaciones de dinero. Antes de entrar a hablar de dicho modelo, repasemos brevemente los que existen. La mayoría de medios son actualmente sociedades de acciones en las cuales los inversores invierten a cambio de acciones y en las cuales se reparten dividendos a final de año. ¿Qué peligros tiene este modelo? Uno de los principales problemas es la voluntad de maximizar beneficios. En cuanto hay un choque negativo en las inversiones, los accionistas querrán disminuir los gastos, lo cual se traduce en la disminución de la plantilla de periodistas. Pero claro, el modelo económico de los medios no es el modelo de una empresa cualquiera. En una empresa que fabrica coches, si baja la demanda, se disminuye la cantidad de trabajadores; evidentemente, será una lástima por la gente que pierde su trabajo, pero eso no afectará a la calidad del coche. Pero en el caso de los medios, cuantos menos periodistas, peor será el producto. Otro problema es la naturaleza de los accionistas que se lanzan a comprar medios. Por ejemplo, “El País” y Prisa. Jesús de Polanco te puede gustar o no, pero es una persona que creó medios de comunicación. De él se ha pasado a un fondo de inversiones estadounidense y, actualmente, el principal accionista externo de Prisa es Roberto Rojas Alcántara, un mexicano propietario de compañías aéreas low cost. ¿Lo hace por su amor a los medios o por comprar influencia más allá de México? Lo mismo ocurre en Francia con “Le Monde” y “Le Nouvel Observateur”, comprados por la llamada BNP, que son los millonarios Bergé, Niel y Pigasse. Y qué decir de Berlusconi en Italia... Al otro extremo se sitúan las sociedades cooperativas. Dice que han fracasado, ¿por qué? La sociedad cooperativa es muy interesante. De hecho, cuando empecé a escribir el libro, iba hacia allí. Estudié a fondo el funcionamiento de experiencias en Francia y EEUU, e intenté entender los porqués de su fracaso. Por desgracia, el ser humano es como es y si se le da la oportunidad de cobrar una decimotercera o decimocuarta paga, preferirá cobrarla a invertir los beneficios. Por tanto, se reparten dividendos y, en el momento de invertir, no queda capital. La revolución tecnológica ha requerido invertir grandes sumas de capital, pero las cooperativas no habían generado las reservas suficientes. La mayoría de medios cooperativos no han desaparecido, pero sí que han tenido que abandonar el modelo cooperativo para dar entrada a grandes inversores. Prácticamente el único caso de éxito que conozco es el de “Alternatives Economiques”, ligado en España a “Alternativas Económicas”. Reinvierten obligatoriamente un tercio de los beneficios anuales. Otro problema es que en la cooperativa todos los inversores pintan lo mismo, hayan aportado mucho o poco. Vale que el modelo no puede ser el de la sociedad de acciones, donde unos pocos acaparan todo, pero debe haber una solución intermedia. Otro modelo, menos común, es el de las fundaciones. ¿Qué límites tiene? Es un modelo bastante interesante, porque limita el riesgo de querer maximizar beneficios. Cuando tú aportas capital a una fundación, ese capital no es recuperable, lo cual asegura la estabilidad financiera de un medio, que no debe tener miedo a que un accionista se vaya. Además, no se reparten dividendos. En ese sentido, es un modelo bastante bueno; de hecho, la mayoría de universidades privadas están financiadas con el modelo de fundación. Sin embargo, no garantiza para nada el reparto de poder. Mira la fundación Bertelsmann, que es el principal grupo editor europeo. Si te fijas en el consejo de administración de la fundación, todos son familiares y gente ligada a la estirpe de los Bertelsmann. Además, cuando se crea una fundación, los estatutos se escriben desde cero, lo cual plantea problemas, ya que se acostumbran a hacerlos de forma que faciliten la perpetuación en el poder y dificulten la renovación. El modelo que usted propone es el de una sociedad de medios de comunicación sin ánimo de lucro, algo a medio camino entre las sociedades de acciones y las fundaciones. ¿Lo puede resumir? En una sociedad de medios sin ánimo de lucro, una vez se aporta el capital, no se puede recuperar. Y tampoco hay dividendos, como en una fundación. No se busca maximizar el beneficio. Pero va más allá del modelo de fundación en la manera en que se piensa la relación entre capital y poder. Explicado rápidamente, los derechos de voto de cada inversor aumentan mucho más lentamente cuando sus aportaciones superan el 10% del capital de la sociedad. Propongo que aumente solo un tercio de lo que lo haría de forma proporcional. Esto conlleva que aquellos que hagan aportaciones por debajo del 10% verán maximizado su derecho a voto. Un medio de comunicación grande y ambicioso no puede sobrevivir solo con un accionariado de lectores y periodistas, porque este negocio es muy caro, pero este modelo permite que sigan teniendo voz y voto pese a la entrada de inversores externos. ¿Y por qué invertiría alguien por encima del 10%? Eso se consigue con incentivos a la inversión en los medios, a través de la desfiscalización de las aportaciones a los medios. La principal virtud del modelo, en cualquier caso, es que incita a los periodistas, a los asalariados y a los lectores a invertir en sus medios, a convertirse en contrapoderes que deben servir para garantizar la independencia del trabajo de los periodistas frente al peso de los grandes accionistas exteriores. Y no es tan difícil ni imposible. Cuando Liberty entra en Prisa, la familia Polanco se reserva la mayoría de derechos de voto. Le toca al Estado implementar las estructuras jurídicas que permitan los incentivos a la inversión. Las comunidades de lectores tienen un papel crucial en este modelo. ¿Cómo se articulan? Es imposible tener un medio con miles y miles de accionistas desperdigados, por eso es importante que se reúnan en comunidades de lectores y así convertirse en agentes de referencia. Pero más allá de la articulación, lo importante es formar una comunidad lectora que apueste por su medio de comunicación, que defienda y garantice su independencia. Necesitamos lectores que defiendan y se impliquen en la independencia de sus medios de comunicación. En realidad, existen muchas experiencias a nivel más pequeño. Sin ir más lejos, tú trabajas para un diario que tiene un accionariado popular, no hay una gran familia que haya creado medios como el tuyo. Es muy interesante ver que eso puede funcionar con un poco de voluntad popular y otro poco de voluntad política. «Los medios deben aprender a vivir sin publicidad y los lectores deben aprender a pagar por la información en la red» «La gente es reticente a la intervención del Gobierno, cuando, en realidad, debería defenderla para que los medios tengan mayor independencia y más recursos» «Propongo un nuevo modelo de sociedad de medios que facilite la entrada de capital externo, pero que maximice el voto de las comunidades de lectores y de empleados»