2026 URT. 04 PSICOLOGÍA La puerta abierta (Getty Images) Igor Fernández {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} La necesidad de pertenencia es de tal calibre que las personas estamos dispuestas a entrar al contacto con la otra persona por la puerta que nos dejen abierta, siempre y cuando eso nos permita conectar. Es algo así como si fuéramos capaces de hablar varios idiomas pero respondiéramos solo en el idioma en el que nos hablen en primer lugar, si hace falta; siempre y cuando necesitemos seguir hablando. Relacionarnos siempre es un juego de aproximaciones y retiradas, de cohesiones y diferencias, en la búsqueda de un equilibrio de fuerzas, de ritmos y de alternancias que satisfagan a ambas partes en sus necesidades básicas. Lo que cada cual necesita, básicamente, en una relación puede converger o divergir pero incluirá probablemente sentirse seguros, valorados y aceptados, o poder hacer un impacto en la otra persona con quien uno es, con quien una es. Pero si, quien uno es en su amplitud no es recibido por la otra persona tal cual; si no me ven como me veo, si no valoran lo que yo valoro de mí o si no aceptan alguna de mis facetas, llegando incluso a criticarlas o ignorarlas, probablemente seré capaz de modelar mi presentación al otro para ‘encajar’ en lo que sí que reciba, valore o acepte. Y precisamente esas condiciones que nos posibilitan conectarnos, aceptarnos mutuamente, pueden ser, al mismo tiempo, peticiones más o menos conscientes de parcialidad en dicho contacto. Algo así como “estas son las condiciones en las que podemos ser amigos, ser pareja, colaborar, etc.”. Puede que estemos más habituados a hacer largas argumentaciones y pidamos a los demás que se desplieguen intelectualmente para sentirnos “conectados”, o puede que solo estimulándonos emocionalmente, haciéndonos sentir emociones intensas tengamos la sensación de estar siendo genuinos; o puede que solo cuando nos demuestran un compromiso férreo e innegable demos por segura una relación. Todas estas condiciones que ponemos al otro son esas “puertas” y, cuanto más habituados estemos a un estilo de encuentro, más insistiremos en conectar por ahí. Por un lado, si entran por esa puerta, esto hace de las reacciones de los demás algo predecible pero, por otro, cuando nos empeñamos en pedirle a los otros que entren por nuestro aro, es posible que obtengamos las mismas respuestas. Por ejemplo, si desconfiamos de los demás, invitaremos a quien llega de nuevas a pasar una prueba de confianza más estricta que otras personas, con el riesgo potencial de que esa persona falle y nos decepcione. Por un lado, es inevitable que cada cual tenga una preferencia para sentirse conectado, conectada y lo intente por ahí pero, por otro, dar espacio a nuevas maneras multiplica las posibilidades de sentir conexión y, al mismo tiempo, nos protege de confirmar las mismas historias una y otra vez. Que lo nuevo pueda conectarse de una nueva manera es uno de los caminos al crecimiento y a la adaptación.