2026 URT. 04 Por primera y última vez Fotograma de «El Brillo de la Televisión», película de Jane Schoenbrun, que la autora ha elegido para despedirse de 7K. Mariona Borrull {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Esta es mi última sección en Begiradak, y como coincide con el principio de enero, voy a permitirme el lujo de listar mis propósitos cinéfilos para el nuevo año. Eso son tres deseos sin un compromiso o supervisión estrictos. Me propongo establecer una relación más nutritiva con mis plataformas, vinculada estrechamente con la actualidad, la urgencia. Siempre habrá un nuevo reality memético en Netflix, u otra temporada de la serie sci-fi del momento en Apple TV+, y en Navidad querrás ver encanterios y nieve sobre Hogwarts y te apuntarás a HBO por una tarde para poder maratonear un par de películas y luego abandonar la suscripción por exceso de deberes pendientes. Mucho negociar con tiempo y dinero, mucha gula insatisfecha. ¿Y si tratamos a las plataformas como verduras de temporada? En invierno, largos seriales de televisión de calidad. En verano, películas cortas con marca de autor. Primavera y otoño, para el catálogo que mejor represente quien esperas ser el siguiente trecho de año. Así pierdes las prisas y ganas interés. Últimamente me da lo mismo ver una película en mi portátil, en el móvil o en la pantalla estupenda que preside mi comedor, y que apenas toco. El tamaño me importa más bien nada, supongo, al ser yo la única persona que mira lo-que-veo. Por suerte, tengo un bloqueador de aplicaciones fantástico que me permite cerrar redes sociales cada vez que aspiro a concentrarme, pero el mejor garante de un visionado en condiciones y de una cinefilia verdaderamente gozosa son las tardes de maratón que he compartido con mis colegas. Así que este año me propongo invitarles más, sin que ello signifique un excesivo acondicionamiento doméstico, muchas horas o planificaciones anfitriónicas de más. Un mensajeo breve, una pizza por cabeza y, si alguien no puede, va para la siguiente. Si vuelves lo excepcional en recurrente, se disfruta mejor y pesa menos. Mi último propósito va para quienes leéis. Echo mucho de menos tener un diálogo de calidad sobre cine, eso es, una charla que arranque en la impresión que nos causa determinada obra, que profundice hasta describirla con atino (aquí empieza lo rico) y que luego se disperse en los puentes que la vinculan con sus primas de la literatura, o los videojuegos, o con sus hermanas y abuelas en la pantalla, para describir después las impresiones que nos surgen de aquellas también e imaginar otras redes posibles con el arte y con los momentos vitales que nos atraviesan. De ahí al infinito: expandiéndonos de forma rizomática y libre del ancla de la opinión, malformada y malformante por el carácter abrasivo del “yo pienso, así es”. Probemos a hablar mejor sobre cine, ¿sí? En fin: como todo propósito, ahí lo dejamos y a ver qué pasa. Espero encontraros pronto por Zinemaldia. Si nos cruzamos, saludad.