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PANORAMIKA

El material en el centro

La cera como protagonista en «Argizari galdua / A la cera perdida / À cire perdue», título de una exposición que se puede ver en La Ciudadela de Iruñea (en la imagen) y en Le Bel Ordinaire, en Billère. (Ayuntamiento de Iruñea)

En el año 2007 se dio a conocer una corriente de pensamiento que propuso descentralizar al ser humano de la construcción del mundo y se centró en las relaciones que los objetos crean entre sí. Según la llamada Ontología Orientada a los objetos, también la definición de objeto cambia respecto a lo que entendemos como tal. Un objeto es cualquier cosa que exista por sí misma y puede ser desde una taza hasta un átomo o un algoritmo. La clave de este planteamiento es entender una nueva perspectiva del mundo y que los objetos son capaces de crear relaciones entre sí más allá de nuestra acción, teniendo una existencia propia.

A raíz de esto podríamos proponer que si pensamos en nuestra cultura, los objetos, aparte de ser funcionales, adoptan funciones emocionales, rituales y simbólicas. Si bien todos ellos son atravesados por nuestra mirada, poseen un rol que sobrepasa el mero uso cotidiano. En el arte contemporáneo esta cuestión se da de una manera mucho más evidente. La creación plástica siempre asume la práctica objetual como una posible vía de ejecución formal de sus intenciones. Es decir, crear piezas u obras de arte en cierto modo es proponer nuevos objetos que pasan a formar parte del mundo. A estos se les dota de capacidades poéticas. Se convierten en transmisores de conceptos, de mensajes, de emociones o de vivencias. Y, desde el punto de vista mercantil, se les adhiere un valor económico, de estatus social e, incluso, de beneficio fiscal.

La exposición que reseñamos hoy pone en el centro un material cargado de significados: la cera. Utilizado en rituales fúnebres, para decir “Zorionak!” a un ser querido o incluso en intentos de comunicarnos con quienes ya no están, este material alberga un peso cultural aún vigente. “Argizari galdua / A la cera perdida / À cire perdue” es el título de una muestra que se inauguró el pasado noviembre, como un proyecto espejo en dos centros culturales diferentes, La Ciudadela de Iruñea y Le Bel Ordinaire en el Estado francés. El papel de la cera en los rituales de duelo es el motor conceptual que organiza ambas propuestas expositivas, y El Horno y el Polvorín son los lugares elegidos en la capital navarra. En ellos se despliega una propuesta interdisciplinar con un elenco conformado por Javier Ayarza Haro, Mari Campistron, Aglaë Miguel, Estelle Deschamp, Georges Didi-Huberman, Nerea de Diego, Antonio Fernández Alvira y Laura Salguero. El montaje en sala adquiere una dimensión instalativa, pues pone a las diferentes piezas a dialogar entre sí. La cera defiende su versatilidad plástica ante obras de diversa índole y cumple con creces su condición como material y como símbolo. La exposición entra ahora en su recta final y podrá visitarse hasta el día 25 de este mes.