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De «It Follows» a«El final de Oak Street»

David Robert Mitchell vuelve a generar expectación entre los amantes del cine de terror con «El final de Oak Street». (Rick Kern - WireImage | Getty Images)

No hay duda de que 2026 está siendo un año especialmente estimulante para el cine de terror. Sobre todo para una nueva generación de creadores nacidos en la era de YouTube que han dado el salto al largometraje con propuestas tan personales y visualmente atrevidas como “Backrooms” u “Obsession”.

Pero permítanme retroceder hasta 2014 para detenerme en una película que, en mi opinión, marcó un antes y un después. Una obra que manejaba unos códigos narrativos y visuales poco habituales en el terror comercial de la época y que situó definitivamente a David Robert Mitchell como uno de los cineastas más estimulantes de su generación.

Aunque Mitchell ya había llamado la atención con “The Myth of the American Sleepover”, fue “It Follows” la que reveló hasta qué punto era un autor con una voz propia. Lo que distingue su cine no es tanto la presencia del monstruo como la capacidad para convertir lo cotidiano en un territorio profundamente inquietante.

Esa idea alcanza una de sus expresiones más fascinantes en “Lo que esconde Silver Lake”. Estrenada en 2018 y recibida con cierta frialdad por parte de la crítica y el público, el tiempo la ha acabado convirtiendo en una película de culto. Bajo la apariencia de un thriller conspirativo, Mitchell construye un inmenso rompecabezas de referencias al cine clásico, los videojuegos, los cómics, la publicidad y la música popular estadounidense. Todo parece esconder un significado oculto pero, cuanto más se adentra su protagonista en ese laberinto de pistas, más evidente resulta que la necesidad de encontrar respuestas puede convertirse en una obsesión enfermiza.

Mitchell nunca ofrece respuestas fáciles. Sus películas invitan al público a completar los huecos, a desconfiar de las explicaciones evidentes y a aceptar que, en ocasiones, el misterio resulta mucho más sugerente que cualquier resolución.

Por eso hay tanta expectación alrededor de “El final de Oak Street”. Producida por J. J. Abrams, con música de Michael Giacchino y protagonizada por Anne Hathaway y Ewan McGregor, es, sobre el papel, la película más ambiciosa y accesible de toda su carrera.

Un misterioso fenómeno arranca un tranquilo barrio residencial de los años ochenta y lo transporta a un territorio desconocido habitado por dinosaurios, obligando a sus vecinos a sobrevivir en un mundo que desafía cualquier lógica.

Sería fácil pensar que Mitchell ha dado el salto al blockbuster de ciencia ficción, pero todo apunta a que esa será solo la superficie. Como ya ocurriera en “It Follows” o “Lo que esconde Silver Lake”, el elemento fantástico parece ser únicamente la puerta de entrada a sus verdaderas obsesiones: la fragilidad de la vida suburbana, el miedo a lo desconocido y la sospecha permanente de que la realidad puede quebrarse en cualquier momento.