2026 ABU. 30 IRITZIA Y que nos pille cantando David Fernàndez {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Qui canta els mals espanta”, escribimos en catalán siempre que vienen mal dadas. Pero el nudo en la garganta, esta vez, daba afonía. Casi afasia. Entre la pena abierta y el cabreo impotente. Lunes 17 y Sabino Ormazabal Elola se nos iba de repente. Inesperadamente. Nació canturreando, cantando vivió y se nos ha ido, coherente hasta el último suspiro, tarareando en Ikatz Kalea. Siempre afinaba y siempre afinó abriendo grietas en cada muro: el desobediente persistente, el insumiso infinito, el ecologista arraigado, el pacifista desbordante, el ingeniero silente de puentes y caminos por los que transitamos incluso sin saberlo. Batalla del relato, ez adiorik, habrá que parafrasear al mismo Sabino cuando despedía a Mariano Ferrer. Allí pidió sustituir, en cada despedida imposible, el titular habitual de noticia oficial y darle la vuelta del todo para transformar el duelo en celebración: «Ha vivido Mariano, esa es la noticia», dijo entonces. Sabino Ormazabal bizi izan da. Hau da. “Kantu bat gara”, la memoria insumisa no tardó un segundo en arrancar sola el canto coral de tantas partituras colectivas. Sabino siempre será casa. Y la cárcel de Soto y Navalcarnero. Iritzia de “Egin”. La pieza kafkiana contra la desobediencia civil del 18/98. Sillas vacías en el Bule. Gladys del Estal ayer, hoy y siempre. El ecologismo social, los tábanos de Eguzki y la Zumalabe -y Lemoiz y las Bardenas-. El cierre de “Egunkaria” respondido con kantujiras que hasta hoy perduran. Argituz, el mapa inacabado de todos los sufrimientos, los recovecos de los olvidos y los otros futuros disponibles. Un día de madrugada abrió de noche la puerta de casa -Garzón, invariablemente- y, cuando despertaba a su hijo para decirle que otra vez iban a por él, el policía de turno se lo desdijo: «Hoy vamos a por ti». Mil coces documentadas contra la disidencia, incluidas todas las que él mismo recibió. Con la razón del santurrón, también respondió entonces cantando: os llevaréis los instrumentos, pero jamás podréis con la música. Legado afinador, cantarín y cantador, el pueblo que no muere porque canta, canta llorando estos días, como ha escrito Juan Karlos Izagirre. Sostiene Amador que Sabino será el arte permanente «de ponerse enmedio». En medio de todos los enmedios del mundo. Por eso habrá que seguir cantando a pulmón. Sobre todo cuando más cueste y el silencio tiente. No sé todavía cuánto hemos perdido en esta tarde aciaga de agosto. Sí sabemos que será laberíntico volver a Donosti, a la calle 31 de agosto tal vez, y no poder dar con él en cualquier esquina -Grândola, vila morena-. Aunque Sabino ya es la siguiente canción que cantaremos. El próximo poema que entonemos en cualquier lugar de ambos lados de los Pirineos. Que siempre nos pilles cantando, Ormazabal. Aquellos versos de Mario Benedetti tan tuyos, por ejemplo: «Cantamos porque los supervivientes y nuestros muertos quieren que cantemos y porque somos militantes de la vida». Beti arte, lagun. T’estimem, Sabino. Esperantzara kondenatuak. Kantatuko dugu: abestia zara jada. Nació canturrenado, cantando vivió y se nos ha ido, coherente hasta el último suspiro, tarareando en Ikatz Kalea. Siempre afinaba y siempre afinó abriendo grietas en cada muro: el desobediente persistente, el insumiso infinito, el ecologista arraigado, el pacifista desbordante, el ingeniero silente de puentes y caminos por los que transitamos incluso sin saberlo