2026 URR. 04 KIROLA Cómo afrontar un accidente cerebrovascular (Getty Images) Unai Jorge Fernandez / salto training {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} El accidente cerebrovascular (ACV), también conocido como ictus, se produce cuando el flujo sanguíneo hacia una zona del cerebro se interrumpe, generalmente por la obstrucción de una arteria (ictus isquémico) o por la rotura de un vaso sanguíneo (ictus hemorrágico). La hipertensión, tabaquismo, diabetes, colesterol, obesidad y sedentarismo son algunos de sus principales factores de riesgo. Muchos de ellos pueden modificarse mediante un estilo de vida saludable. La práctica regular de ejercicio físico, junto con una alimentación equilibrada, el abandono del tabaco y un adecuado control de la presión arterial, son estrategias para prevenir el ictus. Las consecuencias dependen de la zona cerebral afectada y pueden incluir alteraciones de la fuerza y movilidad, equilibrio, coordinación, lenguaje, deglución, visión, cognición y estado emocional. La recuperación se divide en fase aguda, subaguda y crónica, aunque no existe una frontera temporal rígida entre ellas. La rehabilitación en cuanto la situación clínica lo permita. La evidencia actual destaca que la recuperación puede continuar incluso años después del ictus. Una recuperación activa debe combinar diferentes estrategias. La fisioterapia y otras terapias de rehabilitación permiten trabajar movilidad, equilibrio, coordinación y autonomía, pero deben complementarse con ejercicio activo y entrenamiento progresivo, adaptado a las capacidades y situación clínica de cada persona. El entrenamiento de fuerza y el trabajo cardiorrespiratorio han demostrado ser herramientas seguras y eficaces cuando están correctamente prescritos y supervisados. Incluso el trabajo realizado con el lado no afectado puede generar fenómenos de transferencia y facilitar la activación y recuperación del lado afectado, dentro de programas individualizados. La repetición, la intensidad adecuada y la práctica orientada a tareas son pilares fundamentales de la recuperación. Ante un ictus, cada movimiento recuperado, cada paso y cada pequeño avance cuentan. La evidencia nos recuerda que la rehabilitación no termina cuando finaliza la fase inicial: mientras existan objetivos, existe espacio para mejorar. Con paciencia, constancia y un abordaje multidisciplinar, recuperar funciones y autonomía es posible.