Daniel   Galvalizi
Periodista
Elkarrizketa
Fernando Valladares
Científico del CSIC y ecólogo
Fernando Valladares, científico galardonado y divulgador en primera línea contra el cambio climático.
Fernando Valladares, científico galardonado y divulgador en primera línea contra el cambio climático.
Europa Press

«Ni sanitaria ni geopolítica ni energética: la crisis es ambiental, punto»

Valladares pronunció una de las frases más oídas este último mes. En esta extensa entrevista con NAIZ lanza otras muy relevantes. Sostiene que lo que «verdaderamente amenaza a la economía» es el cambio climático y recuerda que cada diez años mata a tanta gente como la II Guerra Mundial.

En el momento más caluroso del verano, hubo un científico que en entrevista con RTVE dijo una de las frases que más se viralizaron en el último mes: «Este verano, con todo lo tremendo que está siendo, es posiblemente de los más frescos en lo que nos queda de vida». Su autor es el ecólogo Fernando Valladares, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), profesor de la URJC y doctor en Biología. Que ese concepto haya cuajado tanto en la gente no es casualidad, sino parte de una nueva narrativa que Rebelión Científica (organización de la que Valladares es miembro) está intentando hacer para aumentar la concienciación sobre un asunto que ven cada vez más grave.

En esta entrevista con NAIZ, enfatiza que la madre de todas las crisis que estamos viviendo actualmente es ambiental, con tres vértices que son «la crisis de biodiversidad, el cambio climático y la contaminación». Y comparte las estadísticas que controla: una de ellas es que «si se suman todos los conflictos bélicos actuales» no se llega «ni a la décima parte de la gente que muere por el cambio climático».

¿Sorprendido por la repercusión que tuvo su frase?

La verdad es que la pensé bastante, sabía que tenía poco tiempo [en la entrevista televisiva]. Llevo 30 años hablando de cambio climático y no terminamos de creérnoslo para entrar en acción. Siempre trato de decir frases cortas y científicamente correctas, pero el «probablemente» no se incluyó en las repeticiones [se ríe]. El «probablemente» permite ajustarse a lo que es la ciencia, porque puede ser que haya un verano más fresco, claro, pero la mayoría van a ser más cálidos.

Cuando lo dije, tenía en la cabeza la tendencia de un gráfico que el IPCC ha sacado mucho, que muestra el crecimiento exponencial de las olas de calor. Si lo traduces a una frase, con todo lo malo que es este verano, aun así será de los mejores. Me alegro de que tuviera ese impacto, uno a veces no sabe bien en qué consiste la fórmula que le hace a la gente caer en la gravedad de los asuntos.

¿Cree que hay que cambiar la forma de difusión científica en este asunto?

Los científicos llevamos tiempo probando nuevas narrativas de contar estas cosas para que se entiendan. Hoy, cuando uno lee lo que se escribió hace 50 años, tiene una actualidad grandísima. Si uno lee lo que se decía cuando se celebró en Estocolmo el primer año internacional del medio ambiente, o la cumbre del clima en Rio de Janeiro en 1992, lo que se decía sobre el cambio climático tiene una validez tremenda. Como no se hace suficiente en proporción a la gravedad del asunto, nos obligan a ensayar nuevas narrativas. De hecho, hasta el IPCC está cambiando el lenguaje de probabilidad, tan prudente, por uno en el que queda claro que sí es para tanto.

«Tenemos que comprobar que esas más cosas que se hacen contrarrestan las más cosas que están cambiando. Si esto lo hubiéramos hecho en 1972...»
¿Qué cosas hay que hacer para ser coherente con la gravedad que usted señala?

La ministra [española de Transición Ecológica] Teresa Ribera dice que no está de acuerdo con las formas de Rebelión Científica, pero sí con el mensaje y dice que nunca se hizo tanto por el cambio climático. Le dije a la ministra que es poco porque nunca han cambiado las cosas tanto en cuanto al clima, y cada vez más. Lo hemos dejado evolucionar a una fase exponencial y ocurre que cada vez en menos tiempo ocurren más cosas y se baten más récords climáticos.

Tenemos que comprobar que esas más cosas que se hacen realmente contrarrestan las más cosas que están cambiando. Si lo que hacemos ahora lo hubiéramos hecho en 1972, no estaríamos en la situación actual.

Pero, ¿para una transformación más radical no hay que cambiar la economía capitalista tal cual hoy?

Sí, esto apunta a la línea de flotación del sistema socioeconómico. El cambio climático no es lo único que ocurre, es solo uno de los trés vértices, los otros son la pérdida de biodiversidad y la contaminación. Por eso hablamos de crisis ambiental, de las tres cosas. Todo esto deriva en conflictos geopolíticos, por la energía, etc. Estamos en crisis sanitaria, económica o energética, dicen los medios. Pero no, no tenemos ni crisis sanitaria, ni geopolítica, ni energética, la crisis es ambiental, punto. Las otras afloran como manifestaciones de la crisis ambiental, y esas formas manifiestas nunca las resolveremos si no vamos al origen, que es ambiental. Y no lo digo yo como ecólogo, lo dicen en el Foro Económico Mundial en Davos, quienes tienen el dinero del mundo, que miran los riesgos para las economías y finanzas.

La crisis de biodiversidad, el cambio climático y la contaminación es lo que verdaderamente está amenazando a la economía. El cambio climático va más deprisa que todas las cosas que se hacen para combatirlo. La gente dice ‘qué caro está el azúcar o combustible’… pero claro, eso está así de caro porque tenemos de fondo una crisis insostenible de los recursos. ¡Actualmente hay más de 340 conflictos bélicos en el mundo disparados por el agua! Nos llama la atención lo de Ucrania pero es una de tantas cosas. Y si sumamos todos los conflictos bélicos, no es ni la décima parte de la gente que muere por el cambio climático.

¿Cómo es eso?

Se estima que muere medio millón de personas por el cambio climático pero de forma indirecta son muchos millones, hasta decenas de millones. Aproximadamente, cada diez años el cambio climático suma la cantidad de muertos de la II Guerra Mundial, en números aproximados. El ser humano está muy atemorizado por la guerra, porque es una forma de muerte que nos impresiona, pero no nos impresiona alguien que ingresó en el hospital por complicaciones respiratorias, es como una muerte en diferido. Pero te muestran una imagen de una persona a la que le pegan un tiro y te pone los pelos de punta. Esa violencia nos mueve pero el cambio climático, de forma mas invisible, está matando mucha más gente. La crisis ambiental mata de hambre, de sed y por agua contaminada.

Son cifras muy impresionantes, ¿cómo se calculan?

Por ejemplo los muertos por contaminación atmosférica son como mínimo 9 millones al año. Hay cuestiones ambientales que generan infecciones o golpes de calor, hay riesgo cardiovascular debido al cambio climático. Todo esto forma parte de un gran conjunto de enfermedades que generan muertes prematuras o evitables. Son cálculos generales a los que llego en base a leer y comparar muchos informes. Hablamos de personas que si no fuera por la crisis climática, no habrían muerto. Otra forma de pensarlo es cuántos millones de horas de vida les hemos quitado a las personas en el mundo. Gente que por la crisis muere 20 años antes de lo que le tocaba. Si sumas todas es una cifra astronómica lo que quitamos de vida.

«No tenemos dinero para enfrentar las consecuencias de la crisis ambiental. Ahí está lo que pasa en California con los incendios de sexta generación»
Y los que quedan vivos, muchos padecen daño en su vida y su economía por el cambio climático...

Claro, los daños económicos son brutales. No tenemos dinero para enfrentar las consecuencias de la crisis ambiental. Un buen ejemplo es lo que pasa con las personas que viven en California, que se hacen una casa en mitad del bosque y contratan un seguro de incendios. Los incendios de sexta generación que están ocurriendo allí hace que se quemen todas esas casas. Las compañías de seguro no se pueden hacer cargo, no pueden hacer frente a las compensaciones que se comprometieron porque los incendios de sexta generación son impredecibles, inextinguibles y tiene costos económicos a los que no se puede hacer frente. Entonces allí acabamos teniendo compañías quebradas y gente sin casa.

¿Qué es un incendio de sexta generación?

Las generaciones de incendio se han ido definiendo según su gravedad. Los de sexta técnicamente no se pueden apagar, se acaban cuando ya no hay combustible que quemar o cuando cambian las condiciones climáticas. Son imposibles de apagar porque generan unas condiciones propias, temperatura elevadísima y nubes de humo de mucho tamaño que les hacen tener una autonomía que se autocataliza, de vientos verticales tan intensos que generan reposición de oxigeno en la base del incendio que permite tenerlo activo. No hay forma de extinguir.

¿En el Estado español hubo este verano algún incendio de ese tipo?

No muchos, no han tenido características para entrar en esa categoría. Probablemente los de la Sierra de la Culebra (Zamora) puedan entrar en la categoría de sexta generación. Es un asunto delicado, porque en el centro del foco del incendio la intensidad es tal y con tan propias condiciones que resulta imposible de abordar.



Usted es miembro de Rebelión Científica. Cuente, por favor, a qué se dedica este grupo para quienes no lo conozcan.

Rebelión Científica es un cambio de narrativa a tiempo real de los científicos. Estamos ensayando y no tenemos perfeccionado cómo decir las cosas. Estamos ensayando nuevas narrativas, más directas, buscando provocar una reacción en la ciudadanía. Un científico dando una entrevista no va a cambiar el mundo, estamos proponiendo acciones más provocadoras. Podemos equivocarnos, no tenemos la certeza de que vaya a funcionar pero sí tenemos la certeza que las cosas ahora no permiten ir más despacio. Hacemos actos de desobediencia civil no-violenta, que llamen la atención, nos arriesgamos a ser detenidos, a pagar multas, cosas que pueden ser mal vistas por la sociedad, pero nos arriesgamos a eso para que esto se eleve en el abanico de noticias.

Usted ha dicho en otra entrevista que se está achicando la brecha entre la mortalidad por calor y por frío. ¿Cómo es eso y por qué?

Sí, indudablemente sigue muriendo más gente por frío que por calor. Para llegar a matarnos por calor tienen que darse varias circunstancias, como no haberse protegido, haber estado trabajando expuesto, etcétera, pero sin embargo por un lado está haciendo menos frío por el calentamiento global –en el norte de Europa, Canadá y EEUU– y estamos restando muertes por menos frío, mientras que las temperaturas de calor extremo suben y van sumando más muertes. Por tanto la brecha se está achicando.

¿En qué condiciones podría darse una muerte por calor relacionada al ambiente?

Cuando hay más de 35 grados, ya puede ser letal si estás al 100% de humedad relativa. Nuestro organismo necesita disipar calor, porque en nuestro metabolismo generamos calor y necesitamos quitarlo del medio, y estando la atmósfera más fresca de 35 podemos exportar ese calor al medio que nos rodea. Cuando se está a 35, si la humedad está al 100%, la manera que tenemos de evaporación del sudor, que es lo que nos refresca, no se produce, no se provoca el efecto de refrigeración. Es decir, sentado en una silla a 35 grados en atmósfera con 100% de húmedad, te vas muriendo. Claro que es muy poco común, se suelen tomar precauciones. De hecho el Ejército de EEUU prohíbe actividades físicas cuando la temperatura supera los 33 grados.

«Sentado en una silla a 35 grados con 100% de humedad, te vas muriendo»

Si estamos en una atmósfera muy seca, y estamos bien hidratados, nuestro sudor puede compensar. Pero estamos entrando cada vez más en situaciones de riesgo, como la ola de calor en India y Pakistán, o los 40 grados más de lo habitual en la Antártida, cuando hubo 15 bajo cero siendo lo habitual en esa época -60... En Donostia hubo 44 grados con humedad en la propia ciudad, o en Galicia 40 grados con humedades del 60%, nunca se habían registrado valores tan altos. Estas temperaturas tan altas y esta humedad son inhumanas. Si estuvieras quieto en la calle, entras en colapso térmico.

En la meseta central peninsular no suele haber mucha humedad pero en la periferia de las costas el riesgo con calor se eleva entonces...

Sí. Barcelona por ejemplo; con 50 o 60% de humedad hay una alerta de peligro severo para la salud con 40 grados. En los sitios de más calor en España, donde suelen registrarse las temperaturas más altas, como Andújar (Jaén) o Montoro (Córdoba), te pones a la sombra y ya estás más protegido. Hay que estar bien hidratado y tener cuidado con las personas mayores, que con la edad pierden la sensación de sed. Y la humedad ambiente está aumentando porque las atmósferas más cálidas pueden almacenar físicamente más agua, por eso los huracanes y las tormentas son cada vez más peligrosos e implican más agua. Si lo medimos en términos de humedad relativa no hay cambios, pero de humedad absoluta sí; estamos observando que hay más agua en la atmósfera y eso además seca más el suelo, porque de allí sale el agua que se evapora.

Hablando de agua, ¿el Mediterráneo está más caliente que nunca?

Prácticamente se puede decir así, sí. Quizás los valores máximos de temperatura se puedan haber registrado en otros años, pero ahora tener 4 o 5 grados más en grandes extensiones de agua, esto es histórico, nunca se había registrado. Hablamos de grandes extensiones de agua, entre Italia y la Península Ibérica, con agua a 30 grados en la parte superficial. En la profundidad, varios metros por debajo, la temperatura sigue en valores próximos a la normalidad, pero esa temperatura tropical en capas superficiales afecta a una flora y fauna no acostumbrada, en un mar que no es tropical. Hay gran oxidación de la materia orgánica, se descompone la que está en flotación más rápidamente y eso genera una disminución del oxígeno y mayor liberación de CO2 a la atmósfera.

Entonces es más grave de lo que uno cree…

Sí, esto es un gran desastre y tiene un efecto potencial en las DANA. Efecto en plantas y en el balance de oxígeno y CO2. De hecho, una de las grandes pesadillas es que al descongelarse los suelos congelados del Ártico liberen muchos gases de efecto invernadero, son terrenos gigantescos, habrá una liberación enorme. Los suelos tienen secuestrado metano y CP2 que está congelado y puede liberarse si descongela. El Ártico se ha calentado entre 3 y 4 grados mientras el promedio mundial es 1,3 grados con respecto a la era preindustrial.

«Tenemos tendencia a pensar que el cambio climático es algo que va a pasar ,y no, es lo que está pasando»
Hay gente a la que 1,3 le puede parecer irrisorio…

Sí, sí, como a Esperanza Aguirre, que una vez se rió de esa cifra. Pero hay que aclarar que estos 1,3 grados, cuando lo traduces a energía, es equivalente a 600.000 bombas como la de Hiroshima. Es muchísima la energía del sol que hemos secuestrado, por el efecto invernadero. Es decir, de la que liberábamos nos hemos quedado con esa cantidad astronómica de energía calorífica. Tenemos una tendencia a pensar que el cambio climático es algo que va a pasar, y no, es lo que está pasando. Uno de los grandes problemas de la narrativa tradicional es que se habla de escenarios y trayectorias y la gente piensa que va a pasarle a sus hijos. Y no, está pasando ahora. 

¿Le preocupa la frivolidad comunicacional en torno a la crisis climática?

Bueno, creo que a veces sí se va mucho al récord, al dato, más que a la consecuencia del evento meteorológico. El periodismo debería establecer más conexiones de lo que pasa y por qué pasa y también sus consecuencias. Lo de los récords es un poco frívolo, hay que ver por qué se alcanza ese récord y sus consecuencias y eso mejoraría la información. Los políticos saben suficiente pero como están pendientes del electorado funcionan con reglas de juego diferente. En el mundo de la comunicación creo que hay margen para aprender cómo comunicar esto, que no es nada fácil.

¿Cuál es para usted la causa o razón mayor de la crisis ambiental?

El sistema económico, totalmente. Hay gente que dice capitalismo, otros crecimiento indefinido, etcétera, hay varias formas de decirlo. Tenemos que entrar en un modelo de decrecimiento y poder crecer en lo importante, en lo que todos acordemos que es importante. Todos estamos de acuerdo en que nos importa vivir más y mejor, tenemos que decrecer.

¿A qué se refiere con decrecer? Mucha gente se asustaría con esa propuesta…

Lo digo deliberadamente. No tocan puerilidades porque estamos hablando del futuro de la humanidad. Me dirán algunos marxista o anticapitalista, pero hablar de decrecimiento es más inclusivo y es un debate abierto porque no tenemos claro bien en qué. Pero hay cosas en las que sí hay que decrecer, por ejemplo el consumo de carbón. También viajar en avión, lo queramos más o no. Son ejemplos de cosas que van a ir disminuyendo, por la cantidad de gases que emiten en la función que cumplen, es un derroche. Un viaje en avión para transportar un corazón es una cosa, mientras que un viaje para que uno se remoje en el Caribe y no en el Mediterráneo no tiene tanto sentido.

«El derroche se va a ir reduciendo; es un lujo irse al Caribe desde Europa, y con una huella ambiental tan grande, eso se va a caer»

Las primeras cosas que se irán reduciendo son las cosas que entran en categoría de derroche, de dilapidar recursos. Es un lujo irse al Caribe desde Europa y si ese lujo tiene huella ambiental tan grande, eso se va a caer. Es incuestionable, es termodinámica del planeta, en esta próxima década habrá mucho decrecimiento, cosas que no se podrán hacer más. Hay que hacer de la emergencia una virtud.

¿Qué les diría a los lectores a la hora de elegir políticos?

El primer paso, a la hora de tomar decisión de a quién votas, que eso tenga una traducción, que se exija algo. Y que se recele de los milagros. Los políticos prometen milagros y para mí los ejemplos de milagros son; uno, aumentar servicios públicos bajando impuestos; y otro, mitigar el cambio climático no cambiando tu vida. Ojo con los milagros, ahí está el origen de los negacionismos, querer creer que esto no existe, que es una conspiración, que los científicos vivimos de esto y lo amplificamos. Que la gente huya de los milagros y no se deje complacer con palabras diseñadas para gustar y hagan escrutinio de las promesas.

Cuando los políticos noten que la gente está realmente preocupada por la crisis ambiental, cambiarán de hoy para mañana.