
Apoyado en la Ley de Partidos, hace cuatro años el unionismo español se daba un doble gustazo. El primero, el trascendente, poner a uno de los suyos en Ajuria Enea sacando al PNV del poder autonómico. El segundo, menos importante pero igual de sabroso, sacar a Juan José Ibarretxe del escenario político. Los apretones de manos y las sonrisas entre aquellos socios no han podido repetirse al cambiar de legislatura. El PP de Rajoy ha despedido a Patxi López con un puñalada en la paga extra de los funcionarios. Tras tres años y medio de gobierno, el PSE debe afrontar un congreso de reflotamiento del partido. Y el que fuera su socio, Antonio Basagoiti va de taco en taco, de exabrupto en exabrupto, preparando su sucesión. Vamos, que cambiar el mapa del tiempo de EiTB e impedir que haya fotos de presos en las calles, les ha salido un poco caro a ambos.
Quienes hasta ahora gobernaban quedaron ayer reducidos a la condición de espectadores en un debate entre abertzales con distintos modelos. Solo la educación de responder al que te interpela (o insulta) les dio un mínimo protagonismo en la sesión. El Parlamento ha cambiado mucho y se nota físicamente. El salón sigue dividido en tercios. Pero ahora, el de la derecha, según se mira desde la presidencia, está ocupado por el PNV. Todo el de la izquierda, por EH Bildu. Y, en frente, representando a una tercera parte del electorado, se suman los que en 2009 creyeron que iban a poder cambiar el país ocultando bajo la alfombra a una porción de la ciudadanía, haciendo cuatro documentales que reescribieran la historia para ETB y generando un cierto clientelismo desde el dominio del presupuesto y el BOPV. Son piezas necesarias del país y volverán a tener su espacio. Pero ayer, tras haber conocido la arrogancia de algunos, daba gusto verles tan intrascendentes.

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