
El equipo de médicos de estos hospitales ha informado a MSF de que, poco después del momento del supuesto ataque, comenzaron a recibir «a un gran número de pacientes con exceso de saliva, problemas respiratorios, visión borrosa, pupilas contraídas y convulsiones», según el director de operaciones de Médicos sin Fronteras, el doctor Bart Janssens.
La ONG recalca que es incapaz de «confirmar la causa de estos síntomas ni establecer quién es el responsable del ataque», pero asegura que el cuadro médico que presentan los pacientes, sumado al patrón epidemiológico de los eventos, y la contaminación que sufrieron los doctores que atendían a los pacientes «demuestran de manera contundente que fueron expuestos a un agente neurotóxico».
Los pacientes tuvieron que ser atendidos con atropina, una droga empleada precisamente para contrarrestar estos efectos. MSF, proveedora de este material «intenta ahora reabastecer a estos hospitales con más de 7.000 ampollas adicionales de atropina, y aportar material adicional y consejos para atender a los pacientes».

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