Una convocatoria a auzolan para todos, porque son tiempos de juntar manos y corazones en cadena para anunciar el futuro que queremos y construimos. Una multitud inmensa llenó caminos y pueblos, por unas horas nos convertimos en paisaje humano, en horizonte en movimiento, esa es nuestra fuerza.
Yo no pude estar físicamente, una vez más mis manos no pudieron estrechar las de mi pueblo, pero hace ya muchos años que entrené a mi espíritu para que pueda volar lejos y libre rompiendo espacios y castigos, y por eso yo también acudí a mi manera. Además el espacio que me tocaba lo cubrieron muchas otras manos, de amigos entrañables y leales, de familiares incansables, de compañeros y compañeras recién regresados.
Ayer fue día bonito, de esos que dan fuerza y reaniman esperanzas. Hoy nos toca seguir haciendo cadenas humanas, a veces serán grandes y otras pequeñas y cotidianas, porque no será la acción de una sola jornada la que nos abra los caminos. Y mientras ayer fue realmente un domingo lindo y puedo decir con orgullo «yo también estuve».

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