«En realidad es salir del armario. Somos más payasetes que otra cosa. De eso no cabe duda»
Garratz es Karlos Osinaga, componente de Lisabö e ingeniero de sonido en Bonberenea de Tolosa. Y Mingots es Joseba Ponce, músico que pasó por Dut y Kuraia. Ambos han unido esfuerzos con Pirritx, Porrotx eta Marimotots para el disco «Trebiñun».

Dos músicos de rock contundente, áspero y tenso, Joseba Ponce y Karlos Osinaga, han unido su talento a Pirritx, Porrotx eta Marimotots, con quienes han grabado «Trebiñun», un cedé y deuvedé en apoyo a la ikastola Argantzon de Trebiñu, que atraviesa una situación económica delicada. Los dos músicos rockeros se han atrevido con una experiencia novedosa, crear un disco para amantes de las naricitas rojas sin perder de vista la escuela de la que provienen: la del rock. La fusión la han celebrado en Bonberenea, ese centro técnico-social desde el que han surgido tan buenas iniciativas solidarias, sociales y artísticas. Es el lugar desde el que trabaja desde hace años Karlos Osinaga «Txap!», miembro de Lisabö, una de las bandas más rasposas y demoledoras de nuestra escena. No se sabe muy bien si Lisabö existe, pero lo que no ha ocurrido de momento es un adiós oficial. Así que todo puede ocurrir. De otro lado está Joseba Ponce, ex-Dut y ex-Kuraia, (¡vaya dos formaciones!), quien anuncia en esta misma entrevista que prepara nuevo disco. Excelente noticia. Los buenos músicos y con ideas, mejor que no se retiren, si acaso un descansito.
¿Qué tal sienta ponerse una bola roja en la nariz? ¿Cómo se ve el mundo?
Garratz: En realidad es salir del armario. Somos más payasetes que otra cosa. De eso no cabe duda. Ocurre que, en lo musical, quizá se nos relacione con otra cosa, pero nos hemos sentido más cómodos de lo imaginado. Si encima esa nariz te la pones al lado de Pirritx, Porrotx y Marimotots, pues... sienta mucho mejor. Y si estás rodeado de una cuadrilla de chavales que son más majos que el copón, pues qué te vamos a contar: ¡Una maravilla, oiga!
Mingots: Hace poco leí un estudio en el que se decía que según cómo se viste uno le afecta a su manera de ser o estado de ánimo. Si te pones un traje de supermán, por ejemplo, te sientes más fuerte. De todos es sabido cómo les afecta a los uniformados (sobre todo a los cuerpos policiales). En este caso al ponernos la nariz roja lo único que se ha conseguido es multiplicar nuestro espíritu payasil.
G.: Eso es. Como decía Bernnie... «Siempre tengo una nariz roja en el bolsillo, y si me parece que me estoy tomando las cosas demasiado en serio, o la persona con quien estoy hablando se las está tomando demasiado en serio, me pongo la nariz. No importa qué estemos haciendo o de qué estemos hablando, tampoco importa si estamos de acuerdo o no, la nariz lo cambia todo».
¿Uno se siente como invisible y puede proyectar lo que no haría de otra manera?
G.: De algún modo hay una libertad que no tienes al hacer otras cosas, por mucho que pienses que al hacer esas otras cosas la tengas. Aquí todo vale. Y eso es muy útil a la hora de empezar a crear algo.
M.: Los prejuicios desaparecen, todo vale, al final lo que queríamos conseguir era que el resultado fuera lo más divertido posible, por eso no hemos tenido reparo en meter instrumentos para nada convencionales como las turutas y trompetas del txino, flautas ikastoleras etc etc...
¿Cómo se cruzan los caminos entre los unos y los otros?
G.: Recibimos una propuesta de Patxi, uno de los pirómanos de Bonberenea, que a su vez había hablado con gente de la ikastola de Argantzon. La idea era hacer algo en apoyo a la ikastola, y de esa conversación salió la propuesta que recibimos: hacer un disco de rock cantado por Pirritx Porrotx eta Marimotots, y de cuya música nos encargaríamos nosotros. La propuesta nos parecía muy divertida, tanto por lo novedoso para nosotros como por lo abierto y divertido. Era una buena receta. Y está guay poder ser parte de ella.
M.: Ha sido la oportunidad de reflejar nuestra verdadera personalidad. Musicalmente siempre hemos proyectado una imagen de oscuros y llorones, cuando en el día a día no paramos de hacer el payaso.
Me temo que ninguno de ustedes tiene hijos con quien contrastar las canciones antes de darles el visto bueno...
G.: Vamos a tumba abierta. Esa es la gracia. Como mucho, unos días antes compartimos las versiones sin voz definitiva con gente de la ikastola, que sí son aitas y amas y nos dieron sus informes: positivos y alentadores, ¡jeje! El poco tiempo para hacer todo esto y la incertidumbre de qué saldría ha sido también, en parte, clave para el resultado. Ha sido más fresco, más sin pensar. No había tiempo para premeditar mucho que digamos. Y eso mola.
M.: Tenemos una legión de hijos bastardos. Pero no era el momento para ponernos en contacto con ellos. Además, alguno que otro ya es mayor de edad (creo).
No, no cuesta imaginar que este disco sería una gran fiesta para adultos y una buena disculpa para hacer un poco el gamberro bailando: dinámicas composiciones, espléndidos músicos y un poco de inocente niñez... ¡Vaya plan!
G.: La verdad es que a veces nos preguntábamos si estábamos haciendo música para los padres o para los chavales. Pero eso es un decir. Estamos acostumbrados a tópicos como que a los niños hay que hablarles como si fueran «tontos» y hacer «el mono». No digo que eso esté mal, puede ser un camino, pero puede haber más cosas. Hay mas colores. Más sabores. Lo amargo y agrio también puede ser sabroso, ¿no? No es un disco musicalmente difícil y son canciones perfectamente aceptables por un niño. ¿A qué niño no le gustaría oír o bailar una buena canción de Neil Young o de los Clash? No es que se vayan a encontrar con esto específicamente en el disco, pero desde luego no van a ser melodías habitualmente destinadas a este tipo de discos. Ahí estaba la gracia, en juntar ingredientes diferentes. Hacer una salsa con otro sabor. A veces, por qué no, agridulce. Ese es el juego. No es ni mejor ni peor que otra cosa. Nada de otro mundo, pero sí otro sabor para lo que estamos acostumbrados a oír en un disco infantil.
M.: Muchos de los arreglos están ejecutados desde el punto de vista de un niño, la frescura y la imperfección son perfectamente compatibles con todo lo demás, y, encima, le dan un toque gamberro y divertido.
Posiblemente componer para niños y niñas no sea más que una cuestión de método más que casualidad: coros infantiles, repeticiones y otras argucias. ¿Es tan fácil?
M.: Hombre, fácil tampoco ha sido, la primera semana en el estudio fue un I+D en toda regla. Una vez que dimos con la fórmula todo fue más sencillo, sí. Los arreglos iban surgiendo instintivamente, las canciones fueron creciendo día tras día.
¿Cómo ha resultado dirigir a una «pandilla» de inquietos a la hora de grabar? ¿Tenían ustedes alguna experiencia previa? En el disco van como profesionales, ¡lo bordan!
G.: Lo de los niños fue muy guapo. Eran chavales supermajos, que contagiaban una energía muy especial. Muy positiva. Pirritx supo dar con la clave para que estuvieran a gusto y consiguieran lo que buscábamos.
M.: Eso y los bocadillos de nocilla.
Esos teclados de algunos temas son muy new wave o incluso transportables a bandas de garage... Llegan a ser una de las inclusiones más curiosas, extrañas y afortunadas del disco
M.: Los teclados fueron cosa de última hora, y creo que fue un acierto, y puede que sí que suenen a lo que comentas, al final son sonidos de órganos vintage que recuerdan a todo eso.
G.: Pues sí. Y pudiendo sonar a eso que comentas, son arreglos muy divertidos. Lo que comentábamos al principio. Ese tipo de música, de canciones, de arreglos, pueden perfectamente gustar a un niño.
El reto les ha supuesto tener que aprender a tocar la turuta ¿A quién de los dos le tocó la partitura?
M.: Tuvimos que hacer un máster en la real academia de la turuta, fue duro pero mereció la pena.
G.: ¡Doy fe!
¿Los peques son los que aparecen en el making off que se puede ver en el deuvedé con esa cara de acojono ante unos tíos con tanta barba?
M.: Yo me deje la barba para infundir respeto, es que si no no me toma en serio ni rita.
G.: Les dijimos que pusieran esa cara para que nuestra reputación no se tambaleara. Aunque en realidad era cara de concentración. ¡Lo hicieron mmmuy bien!
En fin, que es un disco jovial, pero más serio de lo que parece y al que toda la familia le puede sacar provecho...
M.: Haciendo un símil, sería como los juegos reunidos pero en formato cedé.
G.: Dicho por nosotros parece un poco «querer venderlo», pero así lo hemos pensado. Es un disco corto, con canciones variadas, que pueden gustar a los aitas y a los críos. Contentos por conseguir lo que buscábamos.
¿Son canciones preparadas para la ocasión o se ha tirado de ropero y adapatadas?
M.: No, son canciones para la ocasión, canciones que han surgido en el estudio, por eso tienen ese aire tan fresco. Una de las canciones («Mamia») es de Imanol Ubeda. La canción «Alavatik Arabara» es una versión de una canción que compuso Imanol Urbieta para el Araba Euskaraz que se celebró en Izarra en el 88.
G.: Todo se compuso en la primera semana. Luego las canciones, como decíamos, fueron creciendo y redondeándose, y por eso es este el resultado. Se hizo todo en el estudio, y eso es gran parte del juego
El diseño es muy colorista, acertado, ¿pero los dibujos están robados de las ventanas de alguna ikastola?
M.: El concepto del diseño [obra de Joseba Ponce] es el mismo que el musical, alegre, espontáneo y colorista. Estuve mirando cómo dibujaba de pequeño, y me inspiré en ello. Por cierto, me quedé sorprendido de la cantidad de gremmlins y E.T.s que dibujaba. También dibujaba muy bien el escudo del Athletic [Eso sí que tiene valor y mérito].
¿Le veremos algún día con banda o solo puntualmente? ¿Por qué el retiro...?
M.: Pues no sé si me veréis pero igual tendréis oportunidad de escuchar mi nuevo flamante disco que espero termine de mezclar este verano. Tampoco me he retirado, solo quería ir a ver obras y viajar a Benidorm de vez en cuando.
Garratz aparece grabando con bata blanca, ¿miedo a las infecciones o para que se lo tuvieran? Al médico siempre le tienen respeto.
Sí, es un intento de impresionar al músico. Hay que tenerlos a raya. En este caso, aún con niños y con payasos, también era necesario. Nunca se sabe. También tengo fonendoscopio por si la cosa se pone difícil.
¿Cómo se eligieron los apodos y por qué esos?
M.: El apodo lo eligió sin querer Ruper Ordorika, y es que una vez que estábamos probando unas cervezas de estas artesanas (somos muy fans) comentaba a ver cómo decíamos amargo por esta zona, si «garratza» o «mingotsa». En ese momento dije que eso sería un nombre perfecto para unos payasos. Más tarde surgió el tema este y nos aplicamos el cuento.
Y el aplauso de nuevo para Bonberenea por su participación en tanto disco social sin ánimo de lucro y por todo lo que está aportando.
G.: No sé si soy muy objetivo, pero creo que la política de Bonberenea en este tipo de casos está guay. Son varias las historias que se han ido apoyando. Servirse de su infraestructura para poder, con un proyecto de este tipo, apoyar una iniciativa tanto por el aspecto económico como por el divulgativo. Es importante conseguir vender discos, para poder recaudar el máximo de dinero para la ikastola. Son muchísimas las dificultades que tienen. Solo añadir que el disco, de momento, se puede conseguir vía online en www.bonberenea.com y en www.katxiporreta.com.
Imaginación y equilibrio entre el tono juvenil y el rock para adultos
Las canciones para peques se han entendido como tonadas simples y obvias, tal y como muchos adultos, curiosamente, entienden la música actual. Pirritx, Porrotx eta Marimotots junto con Garratz y Mingots se han enfrentado a este disco con un punto de vista más ambicioso. Los menores van a contar con los elementos que sus mentes necesitan: estribillos para cantar, textos sencillos (que también son un arte), ritmo y toda la pantomima que se le quiera aportar a cada texto o canción. No obstante, «Trebiñun» es más ambicioso que lo común, tanto en lo musical como en los textos y su significado. Aquí no hay princesas ni reyes que nadie necesita, en la proporción adecuada los lemas son instructivos y educacionales. Y si la primera escucha desconcierta, nada de bajar la guardia, ya que con una vuelta más «Txiribil sugandil», «Iria», «Asteburua», «Nire kabuz baita ere», «Nahiago dut», «Mamia», «Laku hop», atrevida, y «Alavatik arabara» van a ser himnos familiares.
El éxito de la fórmula confirma que se puede educar de forma diferente. Bajo este nuevo sol «Trebiñun» es diferente y conciliador, pues en pocas ocasiones hijos y padres han tenido una ocasión como esta para cantar juntos al estilo pequeñuelo y al de adulto comprometido con la música. Tampoco extraña que se haya conseguido esta especie de milagro si se cuenta con la experiencia comunicativa de Pirritx, Porrotx eta Marimotots y, además, el talento de Joseba Ponce, Carlos Osinaga, Mikel Abrego, Joseba Irazoki, Imanol Ubeda... y un buen número de buenas voces. El disco, de excelente diseño, aporta un cedé y un deuvedé con el clip «Irria», un reportaje sobre la ikastola y un making off. P.C.

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