
A las seis en punto de la tarde se estallado el chupinazo, que este año ha sido lanzado por una representación de las víctimas de los sucesos del 3 de marzo de 1976, en los que cinco trabajadores murieron por disparos efectuados por la Policía española durante una protesta laboral.
Con la explosión ha hecho acto de presencia Celedón, que aferrado a su paraguas ha descendido desde la torre hasta el otro extremo de la plaza, volando por encima de una multitud en la que no han faltado las pancartas por la repatriación de los presos y las banderas de Palestina. Ya convertido en persona de carne y hueso, el aldeano que encarna desde 2001 Gorka Ortiz de Urbina, ha atravesado la marea humana entre vítores, empujones, lanzamiento de líquidos y decenas de manos que querían tocarle.
Cuando ha llegado a la balconada de San Miguel, Ortiz de Urbina ha puesto el pañuelo al alcalde Javier Maroto y a los protagonistas del chupinazo, antes de encaramarse a la barandilla para saludar a la multitud y entonar las célebres estrofas que hacen referencia a su casa nueva «con ventana y balcón».
Arrancan así unas fiestas que se prolongarán hasta este sábado, día en el que tomará el relevo Donostia con su Aste Nagusia.

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