«En esta nueva etapa me apetecía volver a lo orgánico»
«Makala» lleva más de dos décadas proyectándose como dj de club y de radio en Gaztea, pasión que combina con sus propuestas musicales en las que ejerce de músico, productor, organizador de eventos… y remezclador. Desde hace meses es actualidad con «Xake!» y la Makala Jazz Funk Band, nombre que refleja con precisión el contenido del disco, de sonido puro y lejos de la fiesta ligera.

El zarauztarra Makala es un músico inquieto, capaz de desenvolverse con soltura en diversos aspectos de la actividad musical, pero su aportación más sólida reside en lo que deja grabado y que por ahora se refleja en seis discos y más de una veintena de trabajos en formato ep o en remixes y colaboraciones.
Con “Xake!” y la Makala Jazz Funk Band el bajista explora nuevos caminos que, no obstante, tampoco se alejan en exceso del espinazo que ha mantenido rígido el proyecto Makala a lo largo de muchos años: el ritmo,, de hecho lo que Makala propone es una curtida y dinámica revisión de sus inquietudes.
En esta ocasión y para expandir su horizonte se ha rodeado del guitarrista Martín Asarián, uruguayo que reside desde el año 2000 entre Barcelona, Portugal y Zarautz. Ander Zulaika, es el batería del grupo. A sus escasos 25 años cuenta ya con una experiencia sólida, ya que lleva tocando más de una década como percusionista y batería en la Zarauzko Musika Banda, así como en grupos como Lou Toupet o Tiktara, de diferentes exigencias. Antxon Sarasua, es el teclista, también de Zarautz. Posee un amplio recorrido dentro de la escena vasca, desde discos con Asier Serrano, Miren Fernández, Tadusak o infinidad de grabaciones de música infantil para Elkar y Urtxintxa Eskola. Su papel en “Xake!” es de peso. Oihan Lopetegi es la cantante. Vive en el pueblo costero, pero es de origen donostiarra. Como actriz ha participado en la película "Bi Anai" y para ETB-1 en “Goenkale”. Es hermana de Ekhi Lopetegi, de Delorean, con los que ha llegado a grabar voces. Su papel en una banda de este tipo no es sencillo, ya que las voces de corte soul-funk son las más difíciles de perfilar sin caer en la cantante resabiada de verbenas. Ohian sale airosa del reto.
“Xake!” viaja libre por los caminos del funk y el jazz sin perder de vista a los clásicos y a las décadas de mejor música negra: los cincuenta, sesenta y setenta. Canciones como “Passion fruit”, “Orrua”, nombre del sello discográfico creado por Makala tras pasar por cuatro o cinco casas, “Ihes”, “Searching for better”, “Karan bani” –una joya de esas que servirían de sintonía radiofónica o de pieza sonora para película de cine negro interpretado por negros o localizada en sus barrios–, “Baztan, de las más aproximadas al jazz, “Wack wack”... son títulos que resumen el tronco de un álbum cargado de matices, texturas y mucha sabiduría para evitar la deriva hacia la fiesta ligera.
Le versión en vinilo de “Xake!” ya se distribuye en Japón.
La palabra evolución (utilizada en su hoja de promoción) intriga, ya que parece que conlleva el hecho de que se va hacia adelante; sin embargo, si así fuera, y el artista retomara un buen día sus raíces o sus otras raíces, tendríamos que hablar de regresión. ¿Dónde está, evolucionando o cambiando el perfil de Facebook?
Entiendo lo que quieres decir, y al respecto añado que a veces la involución es una forma de evolución. Con esto quiero expresar que si ahora muchos grupos orgánicos, en apariencia no electrónicos, están incluyendo cada vez más a su registro instrumental elementos de música electrónica, dígase samplers, cajas de ritmo, secuenciadores, midi, electrónica,… a mí en este proyecto de la Makala Jazz Funk Band, justo me apeteció el camino opuesto; es decir, tras dos discos de estudio, otros de remixes y recopilatorios como dj con elementos electrónicos muy presentes en mi música, en esta nueva etapa (desde 2012) me apetecía volver a lo orgánico: guitarra, bajo, batería, órgano y, a posterior, voz.
De lo que da la impresión, al margen de evoluciones o devoluciones, es que en este disco se lo han tenido que pasar muy bien, disfrutando, tanto por la energía rítmica, como por la calidad de las canciones y la elección de lo versionado.
El proceso de grabación no ha sido en plan “venga vamos a meternos en un estudio a hacer del tirón un disco con 8 temas originales y 4 versiones”. Sino un proceso lento que arrancó en 2013, que fue cuando decidimos grabar el primer ep (“Orrua”) tras un año de andadura del grupo. Sí, lo hemos pasado muy bien grabando, pero han sido momentos y situaciones diferentes con músicos, ingenieros… que ha llevado un curro importante, y, a veces, complicado; con todo, estamos muy satisfechos. La labor de mastering de Andreas Schoenrock ha sido fundamental, cara a igualar todos los temas grabados en diferentes estudios, dando una sensación final de que suena todo muy equilibrado. De otra parte, la variedad de los ritmos era algo que me apetecía, así como la elección rebuscada de los temas versionados. Soy partidario. por mi labor de dj y coleccionista de canciones, de seleccionar temas redondos y rebuscados (rare-edit) para hacer versiones que no son conocidas por públicos mayoritarios.
Para un músico culto como usted y desde 2015, ¿los cincuenta, sesenta y setenta continúan siendo el pozo de la sabiduría rítmica?
Correcto, esas década quizá sean el periodo donde se facturó un jazz, más groove (Blue Note, Verve,…), donde surgió el funk de la mano de James Brown derivado del rhythm & blues de años anteriores y de sellos como Chess Records (Etta James, Ray Charles,…) y el soul de los 70 más lento a lo Marvin Gaye e incluso más disco: Earth, Wind & Fire, Chic… Estas influencias son, en gran medida, las que más me apetecía homenajear en “Xake!” siempre sin olvidar que somos ¡blancos jugando a ser negros!
Queda la percepción de que los temas más jazzy se han dejado para el final: «Baztan» y «Wack wack», pero «Jon Braun», no está muy lejos. ¿Conscientes…?
Sí, así es. La palabra jazz impone mucho respeto; de hecho, que aparezcan en las cuatro palabras que dan nombre al grupo tiene su cosa. Para muchos el jazz es música culta, como lo fue y es la música clásica. “Cualquier músico en apariencia no puede practicar jazz si no lo ha estudiado previamente”. Esta frase a priori es lo que la gran mayoría de músicos cree, pero eso no es del todo cierto. Yo practico jazz en mi grupo porque soy un gran aficionado al género y que aún no habiéndolo estudiado académicamente (que sí en la calle asistiendo a infinidad de conciertos y en los discos), me apetece homenajear a ciertos compositores de este estilo y traducirlos a mi manera, no necesariamente de virtuosa interpretación. El jazz es patrimonio de todos. Yo me muestro valiente interpretando el jazz y el funk a mi manera.
Las versiones elegidas no son habituales. ¿Está detrás una persona culta, ese dj y músico que busca la diferencia, la joya escondida? ¿De ahí nace, por ejemplo, la versión de «Karam Bani»? El single original ronda los 35 y 50 dólares.
Soy dj, melómano, coleccionista…, pero no me considero coleccionista de discos caros y rarísimos, sino más bien coleccionista de canciones que a mi modo de ver son buenas y me da igual el formato (que quede bien claro que no pirateo nada, lo compro todo en cualquier formato). La música para mí es oxígeno que necesito respirar a diario, y considero que hay que pagarla. El tema “Karam Bani”, de Sidiku Buari, lo descubrí hace una década de un recopilatorio que tengo en vinilo, “Club Africa Vol.1”. Es un tema que siempre me llamó la atención, pues suena muy cañón disco funk. Nuestra versión no es tan ruda, sino más cool, a excepción del solo de guitarra de Asarián, que nos apeteció hacerlo un poco más macarra, en plan Hendrix y/o Prince.
Su faceta como músico ha variado mucho y su maleta de dj también.
El bajo empecé a tocarlo a finales de los 80. Primero fueron grupos punk hardcore de Zarautz, versiones de Bad Brains y cosas así. A finales de los 90, empece a tocar con Javi Pez en Digi Onze, y con el nuevo siglo grabamos el disco “Sports”, de la Javi Pez Orquesta. A partir de ahí las líneas de bajo de mis discos las he ido creando junto con los colaboradores. Pero hasta este momento, con la Makala Jazz Funk Band no había cogido el bajo con seriedad. ¡Igual me pongo a estudiar! Respecto a mi maleta de dj, si no cambio me aburro. Necesito probar. Cuando ya le he sacado el jugo a un estilo como el jamaicano, a otra cosa. África es el continente musical más grande, y aún tengo infinidad de sonidos y ritmos por descubrir, y en ello estoy.

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