
El escritor e historiador Manuel Martorell ha visto cómo el Departamento de Estado de EEUU le impedía la entrada en el país acusándolo de «actividades terroristas». A su juicio, esa medida está relacionada en realidad con su labor periodística y de solidaridad con Kurdistán, una actividad de más de tres décadas que le ha convertido en un buen conocedor de la región, sobre cuya situación aporta a GARA algunas claves.
¿Cómo ha pasado el Estado turco de negociar con el PKK y estar atisbando una solución al conflicto a una situación de guerra?
Desde el primer día en que el gobierno turco vendió su ofensiva contra el terrorismo como una ofensiva contra el Estado Islámico y los medios de comunicación de todo el mundo se creyeron que Turquía había dado un giro de 180 grados hacia el islamismo radical, dije que el principal objetivo en realidad era el pueblo kurdo. Y creo que lo que ha ocurrido este mes me da la razón. El otro día Erdogan lo dijo con claridad: «para nosotros la primera amenaza es el PKK, y la segunda el Estado ISlámico». Erdogan no ha dudado en convertir a Turquía en un baño de sangre con tal de conseguir su objetivo político de alcanzar el ansiado sistema presidencialista. Para conseguirlo necesita una determinada mayoría de escaños en la Asamblea nacional turca. El hecho de que el Partido de los Derechos de los Pueblos (HDP), el partido que defiende los derechos nacionales del pueblo kurdo, alcanzara el 13% y 80 parlamentarios ha roto esas posibilidades. Antes de las elecciones prácticamente había un acuerdo cerrado con el PKK para encontrar una solución al problema kurdo y de la noche a la mañana Erdogan ha cambiado totalmente su política. Ha roto el proceso de paz y ha llevado a Turquía a los peores años de la década de los noventa, cuando el Kurdistán turco se convirtió en un baño de sangre. Eso es lo que ha está ocurriendo en estos momentos. A Erdogan no le importa en absoluto convertir en un baño de sangre a su país con tal de conseguir sus objetivos políticos personales, porque incluso dentro de su partido, el AKP, hay sectores que no están de acuerdo con el cambio de estrategia y, desde luego, buena parte de la población, tampoco. Se están produciendo situaciones verdaderamente terribles como la de Cizre, una ciudad de 120.000 personas totalmente bloqueada por el Eército durante más de una semana y donde no se sabe los civiles que han muerto.
Pero el HDP estaría aumentando su respaldo. ¿Puede volverse esa estrategia contra las aspiraciones Erdogan?
Hay mas de cien localidades donde se ha establecido un estado de emergencia en el que el Ejército tiene carta blanca para hacer lo que quiera. Incluso imaginando que se celebren las elecciones ¿Cómo se va a producir el voto en el Kurdistán donde tiene su base fundamental el HDP?. En estas condiciones creo que es muy difícil que el HDP pueda alcanzar de nuevo el 10% a nivel estatal. Ya es extremadamente difícil conseguirlo en una situación de paz, no digamos en una situación de guerra. Es muy probable que el AKP, una vez expulsado del Parlamento el HDP, que es realmente el objetivo de esta campaña militar, pueda obtener esa mayoría suficiente para modificar la Constitución. Pero entonces encontraríamos una práctica división del país; Kurdistán y el pueblo kurdo quedarían totalmente al margen del sistema político y eso implica que se profundice el abismo entre turcos y kurdos.
Una situación totalmente contraria a la estrategia kurda de tejer alianzas.
Exactamente. El HDP se comprometía a reintegrar al movimiento nacional kurdo dentro del sistema nacional turco y eso se consiguió en las elecciones del pasado mes de junio. Y en este caso lo que se va a producir es una mayor separación entre turcos y kurdos. Es un gravísimo error. Porque como demuestra la historia de los últimos 30 años el Ejército turco, el mayor que tiene la OTAN, ha sido incapaz de derrotar y poner de rodillas al PKK. Si hiciéramos caso a los datos oficiales del Ejército turco, nos enfrentamos a una organización que pese a esos 30 años de combates contra el Ejército todavía tendría miles de guerrilleros en activo, aparte de cerca de siete millones de votos y del control de todas las ciudades importantes del Kurdistán turco y que juega un papel fundamental en la lucha contra el Estado Islámico. La estrategia a la que Erdogan ha llevado a Turquía solamente va a llevar a la división del país.
¿Y en qué queda la excusa de la lucha contra el ISIS?
No cabe duda de que Turquía lo ha apoyado directamente. Permitiendo que lleguen al norte de Siria cientos de combatientes que se han unido al Estado Islámico. Erdogan ha reconocido que su principal objetivo es el PKK. De hecho, el noventa y tantos por ciento de las acciones militares han sido dirigidas contra el PKK y el pueblo kurdo. Y su anunciado proyecto de expulsar al Estado islámico de la franja que separa las dos grandes regiones kurdas de Siria, donde propone crear una zona de seguridad donde retornarían los refugiados no se ha convertido en nada. Da la impresión de que algunas fuerzas islamistas tan radicales como el EI siguen teniendo facilidades para el suministro o la afiliación de militantes por parte de Turquía. Incluso en esta impresionante crisis de refugiados hay una estrategia oculta por parte del Estado turco.
¿En qué sentido?
No se entiende cómo un Ejército que consiguie mantener bajo control más de 100 ciudades en el Kurdistán turco, con toda la población bajo control militar, no es capaz de retener a una masa de refugiados que están en distintos campamentos. Hay críticas dentro de las organzaciones kurdas de que en realidad está intentado una limpieza étnica o un cambio demográfico en la zona norte de Siria.
¿Alentando el éxodo desde los campamentos?
Un amigo kurdo de Kobane me decía: «se están yendo todos los jóvenes y su lugar lo están ocupando extranjeros para luchar con el Estado Islámico o con el Frente al Nosra. Entre los kurdos existe esa impresión de que se está produciendo un cambio demográfico con el objetivo de que desaparezcan algunas minorías significativas de Siria, como los cristianos, los kurdos o los yezidíes. En mi opinión, más que favorecer el éxodo de esa masa de refugiados, lo que debieran hacer las potencias, dirigidas por Naciones Unidas, sería establecer corredores humanitarios y zonas seguras que permitan retener o retornar a la población refugiada siria. Y los kurdos están demostrando que se puede hacer. En Kobane y la Yazira, la gente vuelve y se queda para reconstruir su país y presentar una alternativa democrática y realista a la crisis que se está viviendo Siria.
El Gobierno turco ha rechazado volver a hablar con el líder kurdo encarcelado Abdulah Öcalan. ¿Ve alguna posiblidad de volver al diálogo
El Ejército turco y el Gobierno turco han hecho todo lo que se puede hacer contra la población kurda en Turquía. En los años 90 se llevó a cabo una verdadera limpieza étnica. Se calcula que en esa época se destruyeron unos 3.000 pueblos. ¿Qué le queda?, ¿un nuevo genocidio como el de los armenios?. Es imposible. Todo ha fracasado y cuanto mayor es la represión mayor es la lejanía de la población kurda respecto al resto de Turquía. No hay otra solución que el diálogo y la negociación para conseguir al menos un estado de carácter autonómico. Si en estos momentos los dirigentes turcos están diciendo que no va a haber negociación ni ellos mismos se lo creen. A no ser que quieran llevar a Turquía a la guerra civil, de la que ya se están viviendo los primeros conatos como en algunas localidades, como Cizre Yvsekova, barrios de Diyarbarkir, en Batman, …donde no es cierto que el Ejército se esté encontrando con la resistencia del PKK, sino que es la población la que se está enfrentado. Y también es un síntoma la oleada de ataques de carácter racista y xenófobo contra la población kurda.
«EEUU ha puesto en riesgo mi seguridad personal»
«Ha sido una verdadera sorpresa, porque lo último que podía esperar de la embajada de EEUU es que me dijera que estoy dentro de su lista de personas que están implicadas en actividades terrorista», explica el periodista Manuel Martorell sobre la prohibición de entrar en Estados Unidos el pasado mayo, cuando preparaba un viaje familiar.
En un principio, le dijeron que su nombre y apellidos coincidían con el de un ciudadano ecuatoriano buscado por la Justicia estadounidense. Pero después de intentar pedir un visado y aportar datos sobre su familia, sus trabajos y sus viajes y domicilios en los últimos quince años, recibió una nota «donde se me dice que no tengo derecho a viajar a Estados Unidos por mi implicación en actividades terroristas». «El problema es que no dan ninguna explicación ni la opción de recurrir esa medida o tomar una acción legal», asegura después de haber intentado hablar con la embajada varias veces, sin éxito.
¿Cuál cree que es la razón de esta prohibición?
Creo que han confundido alguna acción de solidaridad con el pueblo kurdo con una hipotética relación con alguna organización, con el PKK o algo así. Y yo no estoy vinculado con ninguna organización política desde hace más de 30 años. Y aunque pueda tener ciertas simpatías con un grupo o con otro de los que existen en Kurdistán, nunca me he i`dentificado públicamente con ninguna de esas organizaciones. Para mí las organizaciones kurdas son fuentes de información. Pero después de hablar tantas veces y utilizar tantas veces a esas personas como fuente de información llegas a tener una amistad. Y sí que he estado en movimientos y actividades de solidaridad con el pueblo kurdo, pero siempre he tenido el claro objetivo de que esas acciones tengan un sentido general, del pueblo kurdo como una nación que aspira a tener su propio país. Nunca he estado de acuerdo con una acción de solidaridad con un grupo o una tendencia.
¿Que consecuencias cree que puede tener?
En estos momentos los servicios de información de EEUU o de cualquier potencia intercambian los datos que tienen con las policías de otros países. ¿Qué me puede pasar si viajo a Tailandia, a Indonesia o a Marruecos? Lo que harán será detenerme y encarcelarme. Esto supone un riesgo para mi persona. Creo que esa carta del Departamento de Estado de EEUU pone en riesgo mi seguridad personal. Aparte de considerarlo una amenaza velada. Cuando viaje por determinados sitios siempre pensaré que tal vez me puede ocurrir algo, porque mi persona está vinculada con actividades terroristas. También supone una afrenta y perjuicio contra mi prestigio personal. ¿Cómo vas a ir a un país a trabajar como periodista si tienes la etiqueta de terrorista? ¿Quién te va a hacer caso? Incluso se puede considerar que esto que ha ocurrido es una afrenta contra toda la profesión periodística.P.R.A.

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