
Pero ese desencanto afecta más aún a buena parte del resto del arco parlamentario. Y en el caso de la escisión de Syriza, Unidad Popular, sus pobres resultados apuntan a que su propuesta de salida inmediata del euro y vuelta a una moneda nacional ha sido acogida con indiferencia, cuando no con total incomprensión, por parte de la mayoría del electorado.
El líder de Syriza habrá fallado en muchas cosas, pero parece haber acertado al no dejarse tentar por el canto apresurado de algunas sirenas que saben mucho de economía y cobran en euros o en dólares.
Casi nadie daba un duro por «Tsipras el Traidor». La prensa de derechas se regocijaba por haberle obligado a tragar el rescate. Los medios socialdemócratas le acusaban de haber abandonado la radicalidad convirtiéndose en «uno de los nuestros». Y hete ahí que gana, y de forma clara. ¿Qué ha pasado? «Que han vuelto a fallar las encuestas. Malditas encuestas...».

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