
La consigna sigue siendo clara: discreción y nada de declaraciones que puedan hacer saltar por los aires las cruciales y delicadas negociaciones. La máxima, seguida por la CUP en la presentación de sus líneas rojas el jueves, siguió siendo la norma ayer en los despachos de Junts pel Sí, donde pareció que dan por bueno el ‘modus operandi’ propuesto por la Esquerra Independentista para negociar un acuerdo sobre el futuro del proceso de independencia: primero abordar el «qué», el «cómo» y el «cuándo» de la culminación de dicho proceso y después, solo al final, abrir la caja de Pandora de la investidura del próximo president de la Generalitat.
El encargado de trasladar ayer un mensaje positivo fue el cabeza de lista de Junts pel Sí, Raül Romeva, que aseguró que comparte «prácticamente toda» la hoja de ruta de la CUP, con la que coincide en que el Parlament deberá arrancar la extraordinaria legislatura con una declaración de «inicio de un proceso incontestable hacia la república catalana». Preguntado sobre el ejercicio de desobediencia al Estado español que la CUP considera imprescindible, el exeurodiputado de ICV-EUiA fue también todo lo claro que puede serlo el portavoz de una coalición obligada a equilibrios dialécticos: «La desobediencia se puede decir o se puede hacer. No decirlo no quiere decir que no se haga». Y es que lo que en la sede de la CUP llaman «ruptura», en la sala de máquinas de Junts pel Sí prefieren llamarlo «desconexión». No parece, en cualquier caso, que ambas partes hablen de cuestiones muy diferentes, tal y como se encargó de dejar claro, para los despistados, el propio Romeva: «Estamos abocados a no poder respetar determinados dictámenes judiciales».
«En el ‘qué’, el ‘cómo’ y el ‘cuándo’ estamos absolutamente de acuerdo, es fundamental», añadió Romeva, que prefirió no entrar al trapo en la cuestión de la investidura de Artur Mas, que la CUP sigue vetando.
Por si acaso, Romeva, que fue recibido con tímidos gritos de «¡President!» en la conferencia de la CUP, se autodescartó como presidenciable y quitó hierro al asunto: «Ante la magnitud del proyecto es importante el ‘quién’, pero no hablamos nunca de una sola persona, la cuestión no es un nombre. No tengo ninguna duda de que la cuestión del president se resolverá, encontraremos una fórmula». Así pues, paciencia y buenos alimentos, que «la buena cocina es la cocina que se hace lenta, amorosa y esmeradamente», tal y como remarcó ayer Romeva.
Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) celebra hoy el primer Consell Nacional después del 27S, en el que tomará la palabra el propio Mas. Veremos si se apunta a la cocina lenta.

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