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brasilia

Rousseff afronta la sangría en su gabinete para impedir su destitución

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, trata por todos los medios de mitigar el impacto de la deserción de sus socios de gobierno del PMDB. Necesita mantener la fidelidad de un tercio de los diputados para evitar su humillante destitución. Por de pronto, ha anulado su anunciado viaje a Estados Unidos y permanecerá en Brasilia.

Con un gobierno debilitado tras el anuncio de retirada del centro-derecha del PMBD del vicepresidente, Michel Temer, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, necesita el apoyo de un tercio de los diputados (172 de un total de 513) para que no prospere la votación sobre su impeachment a mediados de abril. De no lograrlo, su proceso de destitución pasaría al Senado, que tendría la decisión definitiva en mayo.

La presidencia ha encajado el golpe de la deserción del PMDB. Su jefe de gabinete, Jaques Wagner, destaca que «llega en un buen momento porque da tiempo a la presidenta Dilma para recomponer su gobierno».

«El objetivo ahora es conseguir los votos suficientes en el Congreso y la mejor manera de hacerlo es ampliar nuestra base de aliados».

El Gobierno va a intentar cortar la hemorragia en el seno de los partidos aliados del «gran centro» proponiéndoles los ministerios abandonados por el PMDB y los 600 puestos que controlaba en el seno de la maquinaria gubernamental.

Calculadora en mano

Los pro y los anti-impeachment «están con la calculadora en la mano contando los votos para negociar a cambio de puestos y ministerios», explica Michael Mohallem, profesor de derecho de la Fundación Getulio Vargas. «A fecha de hoy, el Gobierno tiene los votos suficientes para salvarse, pero está al límite: entre 170 y 190, hasta 200 con un cálculo optimista», añade el analista brasileño.

Pero la situación es volátil y el viento político, impulsado por los poderes fácticos, sopla contra la presidenta.

La oposición espera un efecto dominó. El vicepresidente Temer, ninguneado por la presidenta por su escaso caudal político, sueña con tomarse cumplida revancha y sucederle hasta las elecciones de 2018.

Pero no las debe tener todas consigo cuando al menos tres de los siete ministros con que hasta ahora contaba el PMDB se niegan a abandonar el cargo.

Es el caso del ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Celso Pansera. Los medios locales, y también algunos dirigentes del PMDB, también dan prácticamente por seguro que seguirán en sus cargos los ministros de Salud, Marcelo Castro, y de Agricultura, Katia Abreu. Esta última es considerada como muy cercana a Rousseff y mantenía desde hace tiempo una relación complicada con su partido, por lo que no tendría problemas para abandonarlo y seguir en el cargo.

Está por ver cómo afecta esta minicrisis del PMDB en otros socios de gobierno como el PP y el PR, que han amagado con abandonar a la lideresa del PT.

«Maquillar las cuentas»

Rousseff no está implicada en el escándalo de Petrobras, que afecta a todos los partidos.

La oposición le acusa de haber maquillado las cuentas del Estado para minimizar la amplitud del déficit público en 2014, año de su reelección, y en 2015.

Ella recuerda que todos sus predecesores en el cargo lo han hecho y denuncia que tras su «crimen de responsabilidad administrativo» para destituirla está un golpe de Estado institucional en toda regla. De libro.