
Ayer fue el Día de Europa, jornada con la que se conmemora la Declaración Schuman, germen de la actual Unión Europea. Un documento publicado un 9 de mayo de 1950 en el que se lee que «la contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable». 66 años después, Grecia, un país con una deuda pública equivalente al 180% de su PIB y con 54.341 refugiados retenidos en su territorio a la espera de llegar al norte de Europa, volvió a sentarse ante un Eurogrupo y unas instituciones acreedoras que manejan desde hace años su destino. El círculo vicioso sigue girando.
Atenas tiene en julio vencimientos de deuda por valor de de casi 3.000 millones de euros. Un compromiso con los acreedores que solo podrá afrontar –mediante un mayor en deudamiento– si la Troika desbloquea una nueva partida del tercer rescate, firmado en julio del año pasado. Para que ocurra, las instituciones acreedoras tienen que dar el visto bueno a los enésimos recortes aprobados por Atenas. Aunque todos se conjuran para no llevar la situación al extremo del año pasado –cuando se llegó a contemplar la salida de Grecia del euro–, nada augura una plácida llegada del verano a Bruselas, donde la amenaza del «Brexit» condiciona todo movimiento.
Por partes. Fiel a sus intempestivos horarios, el Parlamento griego aprobó en la madrugada del domingo al lunes un nuevo paquete de recortes, en el que destaca la reforma del sistema de pensiones –se establece una pensión mínima de 384 euros para aquellos con 20 años de cotización, pero se eliminan el fondo de solidaridad complementario y los fondos de pensión gremiales–. También sube el tipo máximo del IVA al 24%, mientras que la base mínima imponible para solteros o parejas sin hijos baja de los 9.500 euros anuales a los 8.636 . Es decir, deberán pagar el impuesto sobre la renta todos los que cobren más de 720 euros al mes.
Tanteo en el Eurogrupo
El objetivo del Gobierno de Alexis Tsipras con estas medidas es ahorrar los 5.400 millones de euros que la Troika exige para desbloquear el siguiente tramo del rescate, sin el cual el país se declararía en quiebra. Atenas confía también en que sus esfuerzos sean recompensados con un futuro alivio de su deuda pública, que prácticamente todas las instituciones reconocen en privado como inviable.
En esta dirección, Bruselas acogió ayer una reunión «extraordinaria» del Eurogrupo, formado por los ministros de Finanzas de la zona euro. Fue un primer tanteo sobre la revisión del tercer rescate, que todos aspiran a dar por zanjado este mismo mes de mayo. Así lo confirmó el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, quien confió en cerrar la revisión del rescate en la reunión ordinaria que el Eurogrupo celebrará el próximo día 24, desbloqueando de esta manera el siguiente tramo del rescate.
De hecho, la revisión de las reformas no debería entrañar demasiados problemas, ya que Grecia está aplicando el grueso de las exigencias de la Troika, tal y como los socios europeos admitieron ayer. Otra cosa es la siempre pendiente reestructuración de la deuda, aspecto que ayer el Eurogrupo decidió dejar en manos de los números dos de los ministerios de Finanzas –reunidos en el Grupo de Trabajo del Euro–, que recibieron el encargo de analizar la sostenibilidad de la deuda a corto, medio y largo plazo. En cualquier caso, ayer Dijsselbloem ya dejó claro que, si llega, el alivio de la deuda será relativo, ya que se mantienen como líneas rojas la quita nominal de deuda –es decir, el alivio se dará en los intereses, no en la deuda en si– y el mantenimiento del acuerdo de rescate de 2015.
De todos modos, el encuentro de ayer sirvió para constatar las diferencias entre los diversos actores implicados en la permanente crisis griega. Para empezar, las divergencias dentro de la misma Troika son evidentes, tal y como apuntó la filtración de Wikileaks hace un mes [más información en el despiece] y confirmó el pasado fin de semana la misma directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, quien amenazó con retirarse del programa de rescate si las instituciones europeas no asumen una reestructuración de la deuda y aflojan el objetivo de superávit primario –total de los ingresos, sin contar gastos públicos– para 2018.
Las diferencias se reproducen en el seno del club europeo, concretamente entre los dos Estados más expuestos a la deuda griega: Alemania y Francia. París se ha mostrado en numerosas ocasiones a favor de algún tipo de alivio a la deuda griega, mientras que Berlín ha representado el papel más intransigente en este tema, cerrándose en banda a cualquier reestructuración. Pero incluso en el Gobierno de Angela Merkel hay voces discordantes, como la del vicecanciller y presidente del SPD, ≠ Gabriel, lo que deja entrever la posibilidad de algún tipo de reestructuración de la deuda. Algo que, sin embargo, no garantiza por si solo el fin de la crisis de deuda griega. En 2012, una quita de casi el 30% apenas sirvió de nada a las sufridas finanzas públicas de Grecia.
Syriza y sus aliados aprueban en bloque la reforma de las pensiones
Pese a la huelga previa de tres días, Alexis Tsipras consiguió aprobar la noche del domingo el nuevo paquete de recortes sin deserciones. Los 153 diputados de la coalición encabezada por Syriza aprobaron la reforma de las pensiones con la que Atenas persigue «un sistema viable que garantice pensiones a todos los ciudadanos y lo haga con justicia social». En un bronco cara a cara, Tsipras afeó al líder opositor, Kyriakos Mitsotakis, la herencia recibida y aseguró que las principales pensiones no sufrirán «ni un euro» de recorte.GARA
El FMI presiona a Alemania para que acepte una quita
En abril, Wikileaks filtró una teleconferencia celebrada el 19 de marzo entre altos cargos del Fondo Monetario Internacional, concretamente, entre la jefa de la misión de la entidad en Grecia, Delia Velkouleskou, el director del FMI en Europa, Poul Thomsen, y la economista de la institución Iva Petrova. Desde hace tiempo se conoce que, dentro de la Troika, el FMI defiende postulados algo más flexibles que los del BCE y de la Comisión Europea, sobre todo en lo referente a los objetivos del déficit y a la reestructuración de la deuda. La filtración, sin embargo, arroja luz sobre cómo afronta la crisis griega una de las tres patas de la Troika.
«Esto va a ser un desastre», asegura en un momento del diálogo Velkouleskou, que dice que podrían conseguir un nuevo acuerdo, «pero sabemos que eso no funciona». Thomsen contesta: «No voy a aceptar un paquete de pequeñas medidas». Y avanza parte de su estrategia negociadora: «Mire señora Merkel, se enfrenta a una decisión, debe decidir qué es más costoso, seguir adelante sin el FMI o recortar la deuda que nosotros creemos que Grecia necesita para mantenernos a bordo».
La denuncia de fondo del FMI radica en la hipocresía de las instituciones europeas, que se resisten a una reestructuración de la deuda, prometiendo a cambio una austeridad «más ligera». Algo que resulta inviable con el objetivo de superávit primario situado en el 3,5% del PIB para 2018. El FMI reclama ahora que ese objetivo se reduzca al 1,5%, que es el que Yanis Varoufakis, como ministro de Finanzas griego, reclamó hace un año. Toda la Troika en bloque, incluido el FMI, rechazó entonces la propuesta de Varoufakis, para quien la filtración de Wikileaks «desvela una guerra de desgaste entre un villano razonablemente hábil con la aritmética (FMI) y un procrastinador crónico (Berlín)». «Sabemos que el FMI está considerando seriamente llevar las cosas a un punto límite en julio y que Grecia cuelgue una vez más sobre el abismo», aseguró el economista griego en un artículo en «Der Spiegel», en el que añadió: «Esta vez el propósito no estriba en forzar la mano de Tsipras, cuya aquiescencia dan por hecha, sino la de la canciller alemana».B.Z.

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