Alberto PRADILLA
IRUÑEA

Se consolida el abismo entre el voto en EH y Catalunya respecto al resto

Euskal Herria y Catalunya votan diferente. No es solo el abrumador apoyo al derecho a decidir, que choca con el búnker del Estado. Es que son estas dos naciones las que Podemos puede presentar como grandes triunfos. Es como si sus ciudadanos quisiesen que España se reforme y los votantes del Estado se nieguen a ese cambio.

Existe un abismo entre lo que votan vascos y catalanes y el comportamiento electoral de los ciudadanos del resto del Estado. Esta tendencia, ya constatable en los comicios del 20 de diciembre, amplió ayer la sima existente las mayorías que se abren en Euskal Herria y Catalunya y las que se imponen en los demás puntos. En ambas naciones sin Estado se impusieron Podemos y En Comú Podem, rompiendo su tendencia al estancamiento y la pérdida de apoyos en otros territorios, donde crece el PP y revive el bipartidismo. Dicho de otro modo, da la sensación de que vascos y catalanes intenten cambiar a España por enésima vez mientras que los votantes españoles les responden que están muy bien como están y que, como diría Mariano Rajoy, no van a «probar cosas raras».

En este ámbito el derecho a decidir aparece como clave democrática. Una mayoría abrumadora de diputados elegidos en Euskal Herria y Catalunya son favorables a la consulta, mientras que el Estado sigue siendo un búnker, con la excepción de Podemos. En concreto, entre la formación morada, ERC, CDC, PNV y EH Bildu suman 44 de los 70 escaños que había en juego en las dos naciones sin Estado. PP, PSOE y Ciudadanos se quedan en 26. Es decir, una posición casi marginal si se compara con la hegemonía absoluta de los tres partidos en el territorio español.

La tendencia supone la consolidación de lo que ya se apuntó en diciembre. Entonces, el partido de Pedro Iglesias también se impuso en Euskal Herria y Catalunya. En números, el bloque favorable al derecho a decidir obtuvo también 44 escaños, frente a 26 de los representantes del «establishment». La única variación, un representante del PNV que, en estos comicios, se ha embolsado Podemos.

Estos resultados suponen también una «patata caliente» para el partido de Iglesias. Por un lado, porque en Catalunya sigue existiendo un proceso independentista que, aunque bloqueado, exige la celebración de una consulta. Podemos se ha definido como el único partido capaz de tejer alianzas en el Estado que garanticen el ejercicio del derecho a decidir. Los números contradicen esta afirmación. El partido morado está más solo que hace seis meses como defensor de las urnas como solución para las reivindicaciones de soberanía. Habrá que ver cómo conjuga su posición como primera fuerza catalana y la demanda de referéndum de la mayoría social del Principat.

En Euskal Herria también se abre un proceso complejo. Por un lado, en la CAV, con las elecciones autonómicas previstas para otoño. El PP y el PSOE están arrinconados, mientras que Podemos tratará de polarizar la campaña contra el PNV para, posteriormente, buscar la complicidad con EH Bildu. En Nafarroa ya existe un Gobierno del cambio que cuenta con la virtud de estar constituido al margen de UPN y PSN. Habrá que ver qué posición toma el partido morado después de haber capitalizado la idea de alternativa. Está claro que vascos y catalanes han demostrado ser distintos, al menos en términos electorales.