«El reto de Venezuela es democratizar la producción y la distribución de bienes»
La economista venezolana y profesora Pasqualina Curcio, autora de la investigación «La mano invisible del mercado», afirma en entrevista con GARA que son retos de la economía bolivariana «romper con la dependencia hacia las grandes corporaciones» y democratizar tanto la producción como la distribución de bienes para evitar el desabastecimiento.

La economista y profesora venezolana Pasqualina Curcio ha visitado recientemente Donostia para exponer y denunciar la «guerra económica» en contra de Venezuela y cómo las grandes empresas están alterando los niveles de producción y distribución para generar desabastecimiento y descontento.
El pasado sábado, el presidente, Nicolás Maduro, denunció un «golpe económico» y que en Venezuela «sólo queda el 5% de los billetes de 100 bolívares –el de mayor circulación y valor, equivalente a 0,15 dólares a la tasa oficial más alta–».
«Hemos recaudado más de 4.300 millones en billetes de 100. ¿Era o no un golpe monetario, un golpe económico?», se preguntó. Los venezolanos tienen hasta el 2 de enero para cambiar todos su billetes de 100 bolívares en el Banco Central de Venezuela (BCV).
En entrevista con GARA, Curcio denuncia también la manipulación de los tipos de cambio para alterar los precios internos y, por consiguiente, el consumo y el empleo. Sostiene que uno de los retos de la economía bolivariana está en romper con la dependencia hacia las grandes empresas y en «democratizar tanto la producción como la distribución» de los bienes.
¿En qué se traduce la «guerra económica» contra Venezuela?
Hemos detectado varias modalidades de guerra económica: por una parte, un desabastecimiento programado y selectivo de algunos bienes, sobre todo, de aquellos que son considerados de primera necesidad y que están en manos de las grandes corporaciones; y, por otra, una inflación inducida por el tipo de cambio en el mercado ilegal que está afectando los precios internos y el poder adquisitivo de la población, y que se ha intensificado desde setiembre. Un hogar al que se le aumentan los precios por más que el Gobierno ajuste los salarios para contrarrestar la inflación inducida, recompone su gasto y ya no demanda bienes que no sean tan prioritarios, lo que a su vez afecta a otros sectores de la economía, generando desempleo. Es un círculo vicioso y perverso que afecta no solo a los precios, sino también a la producción y al empleo. El tercer pilar de esta guerra económica es el bloqueo financiero internacional. Venezuela está clasificado como el país con mayor riesgo desde el punto de vista financiero a nivel mundial, cuando ha pagado toda su deuda oportunamente. No hay variables económicas ni financieras que justifiquen esos niveles de riesgo que lo único que hacen es encarecer los créditos internacionales que se solicitan y, por tanto, es más difícil el acceso. Esas son las tres grandes manifestaciones de esta guerra económica.
¿Qué opina de las imágenes difundidas por grandes medios de comunicación de supermercados desabastecidos o de miles de venezolanos cruzando la frontera con Colombia?
Esta guerra económica está acompañada de una fuerte campaña mediática a nivel nacional e internacional. Se intenta trasladar la imagen de un país en crisis humanitaria, que no tiene alimentos ni medicamentos… y, eso no es así. Hay colas y dificultades, pero no escasean todos los bienes de la economía. No faltan ni las hortalizas, frutas… u otros bienes como el vestido, calzado y, mucho menos, los servicios. Paradójicamente, escasea la harina precocinada; el 80% de su producción está en manos de dos empresas.
Cuando investigamos los motivos por los cuales ese producto no está disponible en las tiendas y sí en el mercado negro a precios más elevados, vimos que se había importado la materia prima necesaria y que la producción era suficiente.
Las colas frente a las tiendas no se explican por causas económicas, ni son consecuencia de la disminución de la producción o de las importaciones, sino que responden a un problema político que busca afectar a la población privándola de ese producto de uso tan común. ¿Cuál es el mecanismo utilizado? Se produce pero se alteran los mecanismos de distribución; no colocan los productos en los mercados como lo hacían antes regularmente sino que son desviados a mercados paralelos e ilegales. Eso genera un gran malestar social, a lo que se suma una campaña mediática que culpabiliza al Gobierno e, incluso, al modelo socialista que comenzó con el presidente Hugo Chávez en 1999.
¿Cómo describiría la situación sanitaria en Venezuela?
Otra de las matrices mediáticas es que en Venezuela existe una crisis humanitaria en materia de salud. Es cierto que algunos medicamentos son difíciles de conseguir por la distorsión de los mecanismos de distribución que te explicaba antes. El medicamento en cuestión no llega a la farmacia, y el ciudadano tiene que buscarlo en varios establecimientos o pagar mucho más. Pero si analizas la mortalidad infantil de menores de un año, la tendencia desde 2012 sigue siendo a la disminución. La mortalidad por desnutrición también tiende a bajar. Los indicadores económicos y sanitarios no muestran una crisis humanitaria. Se están consumiendo 3.100 kilocalorías por persona y por día, cuando la FAO recomienda un mínimo de 2.700 kilocalorías. Estamos por encima.
¿Qué medidas se están adoptando desde la Administración para combatir el mercado negro y sus efectos?
En abril, el Gobierno lanzó la «gran misión de abastecimiento soberana» que consiste en supervisar y restablecer los mecanismos de distribución. Con el fin de garantizar la distribución y de generar conciencia social, se han creado los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. Su funcionamiento se asemeja mucho al de lo que en tiempos del presidente chileno Salvador Allende fueron las Juntas de Abastecimiento y Precio. Se busca la conjugación del poder popular y del Estado. Estos comités se encargan de realizar un censo de las necesidades de cada familia y, después, a través de los productos que las empresas deben dar al Estado y a las respectivas gobernaciones, realizan la distribución. Normalmente, estos censos se hacen cada quince días, pero puede variar dependiendo de los territorios y las zonas. Se tiene en cuenta si en esa familia hay menores o ancianos y cuántos son… En función de la tipología de cada núcleo familiar se establecen unas prioridades a la hora de repartir los alimentos.
Son un mecanismo efectivo, aunque, claro, su buen funcionamiento depende de que las empresas produzcan los productos. Hemos observado que a raíz de la puesta en marcha de esta misión, las empresas han empezado a alterar los niveles de producción.
El problema que subyace es la dependencia hacia grandes monopolios transnacionales. Por ello, debemos romper con esos monopolios y que tanto la producción como la distribución sean asumidas por distintas empresas, ya sean privadas, públicas, cooperativas…. Debemos democratizar la producción. La agenda económica bolivariana busca romper con la dependencia hacia las grandes empresas. Para ello, se ha creado el Ministerio de Agricultura Urbana, para promover la agricultura en las ciudades. Los resultados de estas dinámicas están proyectados a largo plazo. Mientras llegan, el Gobierno está cubriendo los vacíos provocados por esta distorsión a través de la importación y apoyándose en países aliados como Cuba y China.
¿Qué aspectos debe mejorar el sistema económico bolivariano para hacer frente a este tipo de situaciones?
La no dependencia hacia las grandes corporaciones de alimentos, medicamentos y productos de higiene; diversificar la producción y la democratización de la producción y de la propiedad de los medios de producción. Esos son los grandes retos además de diversificar las exportaciones por concepto de petróleo, que nos hace vulnerables ante los precios del mercado internacional del petróleo. El 95% de los ingresos en divisas es por la venta de petróleo.
¿Qué opina de la mediación del Vaticano entre el Gobierno y la oposición y qué impacto puede tener en la economía?
El Gobierno ha promovido la mesa del diálogo. El proceso bolivariano es principalmente democrático, con veinte elecciones; incluso el chavismo ha reconocido sus derrotas electorales cuando las ha tenido. Es un proceso que busca un modelo de justicia e inclusión social en democracia, de manera pacífica, con diálogo… El propio Gobierno sigue promoviendo esa mesa y cualquier facilitador o mediador que venga es bienvenido. Uno de los puntos de la agenda es, precisamente, que se ponga fin a este tipo de agresiones.

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