Ibon Martin: «La propia adrenalina que supone escribir una trama de suspense me enganchó»
Primero con «El valle del silencio» y luego con «La fábrica de las sombras», Ibon Martín se ha sumergido en el mundo de la novela negra. Con gran éxito en sus dos primeros ejemplares, publica ahora «El último akelarre», ambientado en Euskal Herria y con Leire Altuna como protagonista.

Le ha cogido el gusto a esto de la novela negra ambientada en Euskal Herria y llega ahora con «El último akelarre», que se desarrolla entre un Bilbo siderúrgico y los parajes de Zugarramurdi.
Nuestro país es un magnífico escenario para la novela de suspense. El propio paisaje es un gran aliado. Me fascinan esas colinas infinitas salpicadas de caseríos solitarios que caracterizan nuestro mundo rural. Uno de sus máximos exponentes es la comarca de Xareta y es allí donde se desarrolla gran parte de la trama de la novela. Las casas aisladas siempre dan juego en este tipo de libros, igual que los vestigios industriales, como la chimenea bilbaina del parque de Etxebarria. Es lo único que queda en pie de la enorme fundición que se recortaba sobre la ría. Su vieja estructura de ladrillo se me antojó el mejor lugar donde localizar el crimen con el que arranca la novela.
¿Tiene algo de brujería este libro?
Más que de brujería, tiene de denuncia de la infame caza de brujas que asoló el norte de Nafarroa hace cuatrocientos años. Basados en denuncias falsas, los inquisidores españoles se cebaron con los valles de Baztan y Bidasoa. Las torturas sistemáticas y la quema de condenados en el conocido como Auto de Fe de Logroño golpearon de lleno pueblos como Zugarramurdi, Urdazubi, Lesaka o Bera. El efecto del miedo perduró sobre aquellos hermosos valles durante demasiado tiempo y, de alguna manera, lo traigo de nuevo al presente en estas páginas.
Teniendo en cuenta la carga simbólica de Zugarramurdi dentro de la cultura vasca, ¿hace referencia al pasado, a la leyenda que envuelve este lugar?
La leyenda y la historia están presentes a lo largo de toda la novela. En los capítulos que se desarrollan en la actualidad, Leire Altuna se internará en el ambiente brujeril que aún hoy impregna la comarca de Xareta. En las partes del libro que llevan al lector al siglo XVII comprenderemos que ese simbolismo del presente tiene raíces profundas, aunque a menudo se deben más a la perversa mente de los inquisidores que a lo que realmente ocurría cuando se ponía el sol. El Santo Oficio quiso creer en akelarres multitudinarios que quizás jamás tuvieran lugar, pero los vecinos confesaban lo que aquellos desalmados querían oír. Todo fuera por salvarse de la hoguera..
Imagino que la labor de documentación habrá sido importante.
Para toda novela se precisa documentación, pero cuando se viaja al pasado, como es el caso de una parte importante de estas páginas, esa necesidad se multiplica. Por suerte, el proceso contra la brujería llevado a cabo quedó perfectamente documentado. Existen tratados en los que se recogen transcripciones literales de las confesiones de los acusados, aberraciones impresionantes obtenidas bajo tortura. En este punto también es de agradecer la labor del museo de las Brujas de Zugarramurdi, que ayuda a entender lo que ocurrió de manera muy gráfica y directa.
En esta ocasión la lluvia y el tiempo desapacible que caracterizaba sus libros está menos presente.
Esta vez he querido que sea la propia historia y no el clima, que tanto se aliaba en mis anteriores novelas para crear una atmósfera opresiva, la que refuerce el suspense. El lector se va a ver envuelto en jornadas de calor sofocante en pleno solsticio de verano y se asomará a una ventana abierta a paisajes amables poblados de rebaños y pájaros cantarines. Sin embargo, la tensión está ahí, flota en el ambiente como la música de los cencerros de esas ovejas. La investigadora solo tiene que salir a la calle para palparla.
Sigue dando alas a Leire Altuna, la protagonista de tus tres novelas. Parece que se lleva bien con el personaje...
En Leire Altuna me proyecto yo muchas veces. Ella es escritora y compartimos muchos de los problemas e ilusiones a la hora de sentarnos ante una hoja en blanco del procesador de textos. En cierto modo, me sirve de terapia el poder quejarme de mis preocupaciones a través de ella. A veces la envidio porque vive en un faro asomado al acantilado y otras echo en falta un poco de su valentía, ese arrojo que tiene para hacer las cosas sin permitir que el miedo le marque el ritmo.
Se puede decir que ya ha creado una saga con este libro, ¿no?
No lo pretendía. La verdad es que cuando publiqué “El faro del silencio” lo hice sin intención alguna de continuar escribiendo novela negra. Sin embargo, el personaje de Leire Altuna y la propia adrenalina que supone escribir una trama de suspense me engancharon. Al mes de terminarla ya estaba sentado con el boceto de “La fábrica de las sombras”. En esa ocasión sabía muy bien que no sería la última, igual que lo sé ahora.
Lo cierto es que escribir, escribe muy rápido. Si no me equivoco, en apenas tres años ha gestado lo que de momento está siendo una trilogía.
Una trilogía, sí, pero no como solemos entenderlas, porque en este caso cada novela comienza y termina. La historia queda cerrada. No me gusta que el lector tenga que leer todos libros de la serie para comprenderla, ni tampoco que haya que seguir un orden a la hora de hincarles el diente. La intención es publicar una cuarta entrega el año próximo y después dejar descansar una temporada a Leire Altuna. Esa es la intención, claro, pero con mi querida Leire nunca se sabe.

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