No hay dos sin tres: la mítica «Ajoblanco», por tercera vez a los quioscos
Ligado a la pulsión libertaria, fue un fenómeno contracultural sin parangón en su primera etapa en los 70, y una revista cultural sui generis durante su segunda vida entre los 80 y 90. Tras 17 años de letargo, en mayo vuelve de la mano de dos de sus fundadores.

Federico Jiménez Losantos, Karmele Marchante, Antonio Baños, Rosa Regás, Rafael Argullol, Ramon Barnils, Quim Monzó y Fernando Savater tienen, probablemente, una sola cosa en común: “Ajoblanco”. Todos comparten el paso por una revista casi mítica que vio la luz pública por primera vez en octubre de 1974 con una portada impactante que daba cuenta de dos de sus fuentes de inspiración: por un lado, unos labios que bien podrían ser de Marilyn Monroe y una tipografía que la compañía Coca-Cola les obligó a modificar inmediatamente. Dos elementos que hoy en día identificamos instantáneamente con la cultura comercial de masas, pero que en los últimos estertores del Franquismo se situaban en el centro de un incipiente ambiente contracultural.
En contraste a la inspiración indudablemente estadounidense, choca en el centro de la imagen el ajo, así como el nombre mismo de la revista, que no es sino una receta del sur de la península ibérica. Anclaje local como antídoto ante la tentación del cosmopaletismo. De telón de fondo, un núcleo de tres jóvenes catalanes de origen burgués e inspiración libertaria: Pepe Ribas, Fernando Mir y Toni Puig.
Acertaron a tocar la letra correcta y sin apenas darse cuenta –previa censura de cuatro meses por un irreverente número sobre las fallas valencianas– estaban lanzando 100.000 ejemplares al mes. “Ajoblanco” conectó con una generación que explotó en aquellos años 70 no solo gracias a un diseño innovador, sino también a través de un contenido rompedor que no solo incomodaba a los herederos de la dictadura, también a las glorias del antifranquismo, incluyendo la vieja guardia comunista y los nostálgicos de la experiencia anarquista de la Catalunya republicana. Por las páginas de aquel primer “Ajoblanco” pasaron el sexo, las drogas, el feminismo, la antisiquiatría, el debate sobre la violencia o el ecologismo, entre otros muchos temas que apenas nadie tocaba en aquellos años.
Las desavenencias acabaron con la primera experiencia en 1980, tras lo cual llegaron siete años de parón interrumpidos cuando Ribas regresó de Londres y volvió a reunir al triunvirato original, al que se unió Jordi Esteva. Los tiempos habían cambiado, mucho de lo que en el 74 era contracultural se había convertido ya en cultura de masas y el segundo “Ajoblanco” se convirtió más en una revista de tendencias que, en cualquier caso, no renunció al primer espíritu libertario ni al reportaje de fondo sin límite de texto. Duró hasta diciembre de 1999.
17 años después, vuelta a la carga
Al calor del 15M, y desactivada la opción de que su máxima expresión político institucional, Podemos, sacie las expectativas de muchos de los que ocuparon las plazas, “Ajoblanco” vuelve ahora por tercera vez a los quioscos, con la esperanza de que «el espíritu ajoblanquero de siempre conecte con las nuevas generaciones». Son palabras de Carolina Espinoza, la nueva miembro del triunvirato impulsor en el que se mantienen Ribas y Mir. Espinoza estuvo en marzo en Iruñea dando cuenta del nuevo “Ajoblanco”, cuyo punto de inicio cabe situarlo en las jornadas «ajoblanqueras» que se organizaron en Madrid en 2014.
Espinoza, puente generacional entre los fundadores de “Ajoblanco” y el público al que espera interpelar, transmite la ilusión de quien está a punto de lanzarse al agua dando un par de tirabuzones. Lanzarse a sacar una publicación en papel en 2017 debe ser algo así. Se muestra segura de que en la piscina hay agua, aunque reconoce que va a tener que ser la gente quien siga llenando el estanque. De momento cuentan con una sede en Barcelona y tienen a punto el primer número, que saldrá en mayo con la ayuda de una campaña de crowdfunding que, más que para financiarse, ha servido sobre todo para dar a conocer la buena nueva: “Ajoblanco” vuelve a los quioscos de forma cuatrimestral. Lo demás, pura incógnita. Nunca nadie escribió nada sobre las terceras partes.

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