Beñat ZALDUA
DONOSTIA

Rajoy, un paso más cerca del 155, bajo la atenta mirada europea

Europa no media, pero observa atentamente lo que ocurre en Catalunya a pesar de los esfuerzos de Moncloa por meter debajo de la alfombra el conflicto catalán. Quedó claro ayer en Bruselas, donde Rajoy se reunió con sus homólogos europeos después de rechazar la última oferta de diálogo de Puigdemont y dar un paso más hacia el artículo 155.

A las 9.49 de la mañana, once minutos antes de que expirase el plazo impuesto por el Gobierno español, el president, Carles Puigdemont, envió su última respuesta a Mariano Rajoy: «Si el Gobierno del Estado persiste en impedir el diálogo y continuar la represión, el Parlament de Cataluña podrá proceder, si lo estima oportuno, a votar la declaración formal de la independencia que no votó el día 10 de octubre».

Como no podía ser de otra manera, el texto dio pie a numerosas interpretaciones. Todo dependía de las lentes con las que se quisiesen leer las palabras de Puigdemont. La caverna mediática no descodificó más que la amenaza catalana de declarar de forma efectiva la independencia; el independentismo más impaciente no tardó en leer todo lo contrario: la confirmación, evidente y expresa, de que la independencia no fue votada en el Parlament.

Pero el fuerte de Rajoy no son las filigranas lingüísticas. Apenas tardó unos minutos en contestar a través de un escueto comunicado: «El Gobierno de España continuará con los trámites previstos en el artículo 155 de la Constitución para restaurar la legalidad en el autogobierno de Cataluña». «El Gobierno pondrá todos los medios a su alcance para restaurar cuanto antes la legalidad y el orden constitucional», añadió, por si alguien no lo tenía claro. Sin embargo, Rajoy evitó detallar qué medidas concretas tomará bajo el paraguas del 155. Será mañana, en un Consejo de Ministros extraordinario, cuando dé a conocer el informe que llevará al Senado, donde se seguirán unos trámites que podrían culminar a finales de la semana que viene o principios de la siguiente (finales de octubre).

Pese a la maniobra dilatoria, Rajoy no consiguió hacer desaparecer el contencioso catalán de la cumbre del Consejo Europeo. Uno a uno, los jefes de Gobierno de la UE tuvieron que responder a las preguntas al respecto de los periodistas, atónitos ante la intención premeditada de Rajoy de no referirse al tema. Qué triste haberse acostumbrado a algo así.

Fue nada más y nada menos que la canciller alemana, Angela Merkel, la que confirmó que el conflicto catalán está encima de la mesa del Consejo Europeo que se celebra en Bruselas desde ayer.

Pero cuidado, que estos éxitos suelen tener su vuelta amarga, tal y como ocurrió en el Parlamento Europeo, donde se consiguió llevar el affaire a un debate del pleno, pero donde lo que se vio fue un cierre de filas en torno a la posición española. Puede ocurrir algo parecido hoy –ayer Merkel y Macron volvieron a defender el orden constitucional español, y el Consejo reiteró que no hay lugar para la mediación–, por lo que conviene no olvidar que el gol para Catalunya es, en si mismo, estar presente en la cumbre. Que el tema se haya convertido en motivo de conversación en Europa es algo que irrita profundamente a Rajoy.

Nerviosismo español

Una buena prueba de que el Estado no tiene todo tan atado como le gustaría en Europa es la amenazante misiva que el Ejecutivo envió al embajador belga en protesta por las declaraciones de su primer ministro, Charles Michel, que en una entrevista criticó la violencia policial del 1 de octubre y defendió el diálogo entre España y Catalunya.

La carta lleva la firma de Álvaro Renedo, director para Europa y el G20, y la publicó en Twitter el periodista belga Dieter Dujardin. «Tengo instrucciones de transmitirle el siguiente mensaje, con el ruego de que lo ponga en conocimiento urgente del Primer Ministro belga: estamos estupefactos», arranca una misiva en la que Moncloa asegura no comprender «cómo un país socio puede hacer este tipo de declaraciones, que comprometen seriamente nuestras relaciones bilaterales».

«Aún no hemos visto declaración alguna del Gobierno belga instando a la Generalitat a cumplir la ley, solo ataques contra el Gobierno de España. Tomamos nota», concluye, en tono amenazador, la carta.

Visto lo visto, el embajador luxemburgués puede ir también revisando su correo en busca de amenazas, después de que ayer su primer ministro, Xavier Bettel, considerase que la Unión Europea «no puede menospreciar» la crisis catalana.

Otra cosa es que se atreva con la Rusia de Vladimir Putin, que no desaprovechó la ocasión de meter la mano en el rio revuelto y criticar la doble vara de medir de la Unión Europea, que en Kosovo apoyó a los separatistas y ahora hace lo contrario en Catalunya: «Parece que a ojos de nuestros colegas hay luchadores legítimos de la independencia y la libertad, y después hay separatistas que ni siquiera pueden defender sus derechos con procedimientos democráticos. Nosotros siempre hemos dicho que esta doble vara de medir es una amenaza seria para el desarrollo de Europa».

Catalunya es ya un asunto europeo, guste o no. Para bien o para mal. La posible suspensión de la autonomía ocupó las ediciones digitales de los principales medios europeos, y la bolsa se llevó también un buen susto. Catalunya lo tiene difícil, como ya se sabe, pero Madrid va a tener que hilar más fino para explicar las drásticas medidas fuera de sus fronteras. No parece que la campaña emprendida unilateralmente en Barcelona por el aristócrata navarro Álvaro de Marichalar y Sáenz de Tejada –Caballero Divisero del Ilustre Solar de Tejada, y descendiente de reyes navarros y aragoneses– vaya a ser suficiente. Hace una semana se paseó con una camiseta mixta del Barça y del Real Madrid, y ayer se instaló en la plaza Sant Jaume con un cartel de «Generalidad dimisión». La sangre noble cotiza también a la baja.

Catalunya afina estrategias

Nadie en Catalunya se pudo hacer el sorprendido ayer tras el anuncio de Rajoy de seguir adelante con el 155. Tanto partidos como entidades y demás agentes soberanistas preparan con celo unas semanas que se prevén, para variar, intensas. Además de la multitudinaria manifestación prevista para mañana en Barcelona, las entidades llevarán a cabo hoy mismo una primera acción no violenta, a la que se suman las concentraciones realizadas ayer contra la represión. La calle vuelve a hervir, tal y como explica Ion Telleria en las próximas páginas.

En el ámbito institucional, pese a los diferentes criterios acerca de los ritmos, CUP y Junts pel Sí mantienen los canales de comunicación abiertos y ayer se reunieron en el Parlament durante la mañana. Encima de la mesa, la fórmula para hacer efectiva la declaración de independencia, que podría ser a través de un pleno monográfico o a través de un debate de política general, que el Parlament acostumbra a hacer en setiembre y que este año no se ha celebrado. Con todo, será a partir de mañana cuando el escenario se aclarará un poco. Solo un poco.

Apuntes del día

 

Llamada a retirar dinero

ANC y Òmnium llaman a la ciudadanía a retirar dinero de los cinco bancos principales entre las 08.00 y 09.00 de hoy. Animan, además, a los clientes de CaixaBank y Banco Sabadell a expresar su desacuerdo con su decisión de trasladar sus sedes sociales.

El fantasma de las ilegalizaciones

Varias filtraciones alertaron ayer sobre la opción de que la Fiscalía pida la suspensión de la ANC y Òmnium. Un escenario de ilegalizaciones que también sobrevuela sobre partidos como la CUP y ERC. Los republicanos han enviado instrucciones a sus cuadros sobre cómo actuar si se diese el caso.