Iñaki IRIONDO

Su corrupción y el voto independentista derrocan a Rajoy

En los días de euforia independentista catalana se cantó en varios idiomas la letra de ‘L'estaca’. Y empujando unos de un lado y otros de otro, no ha caído el sistema, pero se ha derrocado a Mariano Rajoy y al PP. La corrupción ha sido el detonante y el voto del soberanismo el instrumento imprescindible.

Aitor Esteban arrancó su discurso con una verdad incontestable, aunque quisiera mostrar cierto malestar cuando en realidad estaba encantado de que todas las miradas estuvieran puestas en su partido. El portavoz jeltzale apuntó que, al ver a la mañana los periódicos en los que se hablaba de «en manos del PNV», pensó «¿en serio? ¡Vaya con la gran nación española! ¡Qué incapacidad para llegar a acuerdos!».

En el Congreso de los Diputados se produjo ayer algo inusual. Pedro Sánchez se quitó la mochila de los sectores del PSOE que hace dos años en su investidura le impidieron aceptar los votos de independentistas vascos y catalanes y estos, a su vez, dejaron aparcados los muchos motivos que tenían para no llevar a La Moncloa a Sánchez, con el fin superior de echar a patadas del palacio a Mariano Rajoy. Por una vez, sectores políticos tendentes habitualmente a peleas cainitas que los anulan entre sí encontraron un objetivo común; mientras que la derecha unionista –PP y Ciudadanos– se suicidaba ensimismada. No es la revolución, ni la república catalana, ni la independencia vasca: pero millones de honradas gentes de la izquierda española y del independentismo vasco y catalán sonríen más desde ayer y celebrarán hoy la votación que haga rodar la cabeza de Rajoy.

Día de tensión aparente

Fue ayer una jornada parlamentaria extraña. Mariano Rajoy, hábil parlamentario, usó su retranca contra el PSOE y Pedro Sánchez en el día que no tocaba. Lo que ayer se jugaba no era quién salía vencedor en las encuestas post-debate gracias al esgrima dialéctico, sino el puesto mismo de presidente de Gobierno. Y entre continuas interrupciones por las ovaciones de su clac, Rajoy empezó a coger tono de jefe de la oposición, antes incluso de perder la votación. Por la mañana, fue incapaz de hacer la más mínima autocrítica, insistiendo en el argumentario del PP que pretende negar incluso las evidencias de la sentencia de la “Gürtel”. Por la tarde ni siquiera tuvo la dignidad de acudir al Congreso. El bolso de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, tomó posesión de su escaño durante horas.

Pedro Sánchez, que probablemente no fue televisivamente tan entretenido como Mariano Rajoy, resultó mucho más eficaz para sus propósitos. Ante la acusación de que lo único que pretende es llegar a la Presidencia de Gobierno sin pasar por las urnas, invitó a Mariano Rajoy a dimitir y suspender así en ese mismo momento la moción de censura. Para confirmar el apoyo ofrecido por el PNV, garantizó que mantendría los Presupuestos Generales del Estado aprobados en el Congreso hace apenas una semana y que no cambiarán en el Senado. A los soberanistas catalanes les ofreció diálogo desde el reconocimiento de la existencia de un problema político. Y frente a quienes le acusaban de acompañamientos indeseables, Sánchez le espetó a Rajoy que los votos de todos los diputados, incluidos independendistas y los de EH Bildu, eran tan legítimos como los de PP y PSOE.

Entre tanto, los medios se apostaban frente a la sede del PNV en Gasteiz, donde estaba reunido el EBB para oficializar una decisión que ya era evidente. El PSOE había dicho desde el martes que garantizaba los acuerdos presupuestarios. Esta vez no había excusas. «Respondemos a lo que mayoritariamente demanda la sociedad vasca», explicó Aitor Esteban desde la tribuna de oradores.

No tenía otra salida. Se sabía que los independentistas catalanes –que tienen muchísimos motivos para dudar de Sánchez– iban a apoyar la censura a Mariano Rajoy.

Marian Beitialarrangoitia dejó claro que, para EH Bildu, Pedro Sánchez no es parte de la solución sino del problema, recordándole mucho de lo hecho en los últimos meses. Pero luego confirmó el voto en contra de Mariano Rajoy por «higiene democrática».

Los dos diputados de EH Bildu no resultaban imprescindibles para desalojar al PP del Gobierno, pero si se hubieran refugiado en posiciones irreductibles de tan malo es el uno como el otro y no se hubiera tampoco sabido que el independentismo vasco iba a votar en contra de Mariano Rajoy, el EBB habría tenido menos problemas para justificar, por ejemplo, una abstención, haciendo malabares con los supuestos 540 millones de los PGE.

Rajoy, desaparecido

Mariano Rajoy estuvo desaparecido durante toda la tarde. Nadie daba cuenta de dónde se encontraba. Mientras unos medios sostenían que seguía de sobremesa en un restaurante cercano al Congreso donde había comido con varios ministros, otras web menos rigurosas hablaban de que iba camino de la Zarzuela para presentar su dimisión ante Felipe de Borbón.

La secretaria general del PP y ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, tuvo que comparecer ante los medios en los pasillos del Congreso para asegurar que Mariano Rajoy no tenía ninguna intención de dimitir, porque ello no le servía de nada al PP. Desde que se supo que la moción de censura iba a triunfar, surgieron los rumores de que el presidente del Gobierno podría dejar su cargo para evitar que Sánchez llegara inmediatamente a La Moncloa. Pero un repaso a las leyes dejaba claro que el PP no iba a poder extender mucho tiempo su continuidad en un Ejecutivo en funciones y que, por contra, el líder del PSOE podría además tener más fácil su investidura, porque no necesitaría sumar 176 votos, sino más síes que noes en una segunda votación.

La votación, hoy

Aunque el derrocamiento de Mariano Rajoy quedó certificado ayer, necesita que hoy se le ponga el sello de la votación. Para echarlo de La Moncloa dirán sí de viva voz PSOE, Unidos Podemos y sus confluencias, ERC, PNV, PDeCAT, EH Bildu y Nueva Canarias. Lo que suma 180 escaños, cuatro más de los estrictamente necesarios.

En contra se posicionarán el PP, lógicamente, y sus socios de Foro Asturias y UPN. Resultó llamativo que el navarro Iñigo Alli prefiriera ayer criticar a Sánchez más que defender a Rajoy, mientras abogaba por la convocatoria electoral inmediata.

Ciudadanos también votará contra la elección de Pedro Sánchez, pero queda en una situación difícil. Albert Rivera fue muy duramente criticado por el candidato del PSOE mientras desde los escaños del PP se jaleaban los golpes dialécticos al líder naranja. Le sonríen las encuestas, mientras cada vez queda más en evidencia su carácter veleta y aprobetxategi, como lo definió Mariano Rajoy.

Futuro incierto

A la alegría por el derrocamiento del PP de estos días le seguirá un futuro que se presenta muy incierto para todos. No lo tiene fácil Pedro Sánchez para gobernar con 84 diputados de 350, y habrá de buscar apoyos entre quienes hoy le respalden.

Y también el porvenir de Mariano Rajoy resulta más que incierto. Es el primer presidente de Gobierno destituido por una moción de censura en el Estado español y lo hace, además, enlodado por casos de corrupción que le afectan directamente y cuando los tribunales le han restado credibilidad. El PP va a necesitar regenerarse, y habrá que ver de cuánto tiempo dispone para ello.

Porque una de las cosas que ayer no aclaró Pedro Sánchez es cuándo piensa convocar elecciones. Ni el PNV, ni Unidos Podemos, ni el propio PSOE quieren enfrentarse a las urnas de manera inmediata. Y a las fuerzas que no son de ámbito estatal tampoco les gusta que los comicios a Cortes coincidan con las municipales y autonómicas.

Pedro Sánchez será presidente del Gobierno dentro de unos días, cuando hace una semana el PP se las prometía muy felices tras aprobar los PGE. Pero una condena por corrupción ha creado la tormenta perfecta para galvanizar todos los agravios. Y los rayos de las fuerzas soberanistas e independentistas han acabado por chamuscar a Mariano Rajoy, antes incluso de darle tiempo a levantar el 155.