Joseba VIVANCO

Juego de tronos

La Croacia de Modric frente a la Inglaterra de Kane, dos selecciones que se juegan la ilusión de sus países.

CROACIA-INGLATERRA

El martes se cumplían 162 años del nacimiento de Nikola Tesla, el inventor por excelencia, natural de Smiljan, en suelo croata, y padre, entre otros avances, de la corriente alterna, clave de la Segunda Revolución Industrial. La selección de Croacia tiene en su mano la posibilidad de prender una nueva revolución en el fútbol si esta tarde-noche (20.00) supera a Inglaterra y el domingo levanta el trofeo de la Copa del Mundo. Sería la consagración a un pequeño país por cuyas venas corre el deporte, además del café y la ‘pivo’. Sería el mejor homenaje a aquella generación de los Prosinecki, Suker, Bilic, Asanovic y Boban, que se convirtió en un referente para todos los jóvenes jugadores de este pequeño país de apenas 4,3 millones de habitantes. «Estamos felices de ver a esta generación experimentar su propio año 1998, de asistir a una euforia futbolística», refleja el periódico croata ‘‘Sportske Novost’’.

Y si a orillas del Adriático hay una expectación desmedida por la selección Kockasti (cuadriculada), no lo es menos entre los ‘inventores’ del fútbol. Uno de los combinados más jóvenes de este Mundial, el país que acotó las reglas de este deporte, que sigue teniendo como principal referente aquella Jules Rimet levantada por Bobby Robson en su Mundial de 1966. Cómo explicar todo ese sentimiento y esa oportunidad histórica para jugadores que como Lingard hace solo cuatro años, en la cita de Brasil, estaba cedido en el Brighton de la Segunda inglesa; o Maguire, que jugaba en el Sheffield United, en Tercera; o Dele Alli, en el MK Dons de la misma categoría; o el elevado a héroe nacional Pickford, que era el arquero del Carlisle, en la misma Tercera División.

Hay tanto y tantos sentimientos en juego en este inédito duelo de semifinales. Tanto detrás. Tanto en juego. La Croacia de Luka Modric, una de las figuras de esta Copa, o de Rakitic, la Inglaterra de Kane, de Sterling, de otro de esos jugadores que se ha revalorizado estas fechas como Henderson, capitán del Liverpool. Cada cual con sus fortalezas y debilidades, pero con el cansancio acumulado de los partidos, de las prórrogas, de los penaltis.

Son los Lannister y los Stark. En 1455 se inició una guerra civil por el trono de Inglaterra entre la casa Lancaster y la casa de York que recibió el nombre de la guerra de las ‘Dos Rosas’, dado que ambos bandos contaban con dicha flor en sus estandartes, de color roja y blanca, respectivamente, colores que comparten con la famosa saga literaria ‘‘Juego de Tronos’’, y que durante su rodaje ha sumado hasta cinco locaciones croatas: la fortaleza Lovrijenac, Lokrum, la torre Minceta, el fuerte Bokar y las calles de Dubrovnik.

Una semifinal inédita pero con nexos en común y dos países cuya pasión balompédica se hunde en los anales de la historia. La juventud croata comenzó a interesarse por el fútbol allá en 1880 en una pequeña ciudad de Zupanja, cuando un grupo de trabajadores ingleses dedicados al procesamiento de madera introdujo el juego. Mucho tiempo después, durante la Segunda Guerra Mundial, un equipo completo del Hajduk Split dejó secretamente la ocupada ciudad dálmata y se unió al movimiento antifascista. El equipo disputó docenas de partidos con otros equipos aliados, entre ellos uno contra un combinado del ejército británico, ante 40.000 espectadores en Bari. El mayor evento deportivo en la Europa liberada.

Un hilo entre dos países que vuelve a enebrarse este miércoles en el Luzhniki moscovita. Y nadie quiere quedarse sin dar puntada. «Hemos hablado entre nosotros del equipo que fue campeón, de cómo su éxito se celebra y de cómo el país los reverencia todavía», reconoce el elegante técnico inglés Gareth Southgate. «Quizás en esta era moderna, de las redes sociales, el impacto sería mayor», consideró. ¿Y Croacia? Zagreb, Split o Dubrovnik están patas arriba y quieren brindar.... Zijveli.