
El Puente Bizkaia, conocido popularmente como Puente Colgante, se diseñó para unir ambas márgenes de la ría sin entorpecer la navegación y funcionó de forma ininterrumpida hasta que el alzamiento franquista de 1936 fue destruido su tablero, que se reconstruyó para, en 1941, retomar un servicio que ha llegado a día de hoy.
El número de visitantes que acuden a ver el puente, utilizar sus ascensores panorámicos y subir a la pasarela ha aumentado año a año hasta llegar a los 100.000 en 2017, año en el que, además, trasladó de una margen a otra de la ría a 3,2 millones de personas y unos 500.000 vehículos.
La empresa encargada de la gestión del puente da importancia tanto a los turistas como a los usuarios, aunque tiene claro que la «prioridad absoluta» es «la conservación y el mantenimiento de la estructura para que pueda garantizar el servicio las 24 horas del día los 365 días del año».
Sin embargo, el aumento de visitantes, en especial desde que fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, ha hecho que los responsables del puente se esfuercen en «todo el aspecto turístico» por el beneficio que supone tanto para la infraestructura como para «todo el entorno» del Puente Bizkaia.

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