Aritz INTXUSTA
IRUÑEA

Madrid obvia la respuesta vecinal para avivar la polémica de Altsasu

Los partidos españoles activaron ayer los discursos prefijados antes de que tuviera lugar el acto de Ciudadanos del domingo en Altsasu. Mientras en Madrid se arrojaban los unos a los otros unos incidentes que se quedaron en insultos, en el Parlamento navarro se ponía en valor la manifestación del sábado y las actividades festivas en Iortia.

Ningún periódico madrileño dudó, pese a que no hubo ni enfrentamientos, ni detenidos. Todos llevaron ayer a sus portadas el acto de Ciudadanos en Altsasu, cuyo aroma propagandístico acabó espantando incluso al PP vasco. La histriónica líder del Partido Popular en Nafarroa, Ana Beltrán, sí que se apuntó a escuchar a Albert Rivera junto al quiosco de Altsasu, al igual que la cúpula de Vox. UPN, por su parte, se había dado de baja de la cita hace tiempo y en público.

Las portadas de las prensa empujaron a los periodistas a buscar nuevas reacciones. Acabaron cosechando las de dos ministros: Defensa e Interior. Y todo por un acto cuyos sabotajes más relevantes fueron un montón de estiércol desparramado en la madrugada y el tronar broncíneo de las campanas acallando los discursos. El párroco del pueblo aseguró que se colaron dentro de la iglesia, pero en las páginas interiores de varios de esos medios ya se culpaba al obispo José María Setién.

La Policía Foral informó de que identificó a los improvisados campaneros y que les denunciará por vía administrativa por «perturbación del desarrollo de una reunión o manifestación lícita».

Los medios daban por bueno que Rivera llegó a la plaza bajo una lluvia de piedras y escogieron fotos que se tomaron desde ángulos donde no se veía que, entre manifestantes y policías, había un cordón de vecinos con peto amarillo. Ayer, la Policía Foral envió un mensaje a los medios, debido al aluvión de llamadas consultándoles por las presuntas agresiones. Según los agentes que participaron en el operativo, se produjo «el lanzamiento de alguna moneda, algún mechero y alguna piedra de tamaño ligeramente superior al de la gravilla».

La ministra de Defensa, Margarita Robles, se desmarcó del acto de Ciudadanos en los platós de Telecinco diciendo que «el acto tenía una finalidad claramente partidista, uno sabe a lo que va y lo que busca». Por su parte, el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, afirmó al micrófono de Cope que los que manifestaron su descontento eran unos «energúmenos», pero insistiendo en que buscar la «crispación» como hizo Albert Rivera no beneficia a la Guardia Civil.

A partir de ahí, arrancó una reyerta de navajazos dialécticos entre los cuatro grandes partidos españoles. Un portavoz del PSOE señaló que los de Ciudadanos y Vox nunca habían sido amenazados. Rivera respondió ensalzando la figura de José Antonio Ortega Lara. Y en la catarata de dimes y diretes acabaron pronunciándose también otras víctimas que, por lo general, cargaron las tintas contra el discurso del PSOE.

El secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, acabó criticando que Rivera acuda un día a Nafarroa y otro a Catalunya a «echar gasolina al fuego». Por su parte, el propio líder de Ciudadanos pidió a Pedro Sánchez que cesara al portavoz del PSOE en el Senado, Ander Gil, por haber «atacado a los demócratas» con sus declaraciones sobre lo sucedido.

Discusiones en Nafarroa

La controversia política en torno al acto de Ciudadanos y Vox también se vivió dentro del Parlamento navarro, donde tocaba Mesa y Junta de Portavoces. Las posturas de los partidos estatales fueron una réplica de lo que defendían sus superiores, por lo que la discusión fue igual de enconada, pero al menos se habló de otros sucesos que se vivieron en Altsasu y que no encajaban en la caricatura del pueblo que han realizado los medios de comunicación españoles: la manifestación con miles de personas del sábado y la fiesta con bertsolaris y conciertos que se montó en la plaza de Iortia, después de que los vecinos decidieran en asamblea que no querían ni acercarse al lugar del mitin.

Adolfo Araiz denunció que Altsasu «se utilizó como si fuera un decorado de un acto político provocador y absolutamente insultante». Y frente a ello, el líder de EH Bildu subrayó que el pueblo supo estar «por encima de todas estas provocaciones».

Koldo Martínez, de Geroa Bai, puso como ejemplo de dignidad a los vecinos que, con petos amarillos, se interpusieron entre los manifestantes antifascistas y los policías.

Para UPN, sin embargo, lo sucedido el domingo responde a «actitudes fascistas que se enseñan en las herriko tabernas».