
Nacido en la calle San Antón, de Iruñea, el día 1 de diciembre de 1918, José Joaquín Arazuri estudió la carrera de medicina en Zaragoza y ejerció de médico puericultor en Iruñea, trabajo que compatibilizó con sus tres grandes pasiones: coleccionar viejas fotografías, investigar la historia de su ‘pueblo’, como él solía decir, y difundir mediante la escritura gran parte del material que iba recogiendo.
Arazuri se centró sobre todo en temas de la capital navarra. Consiguió un archivo de unas 7.000 fotografías antiguas relacionadas con Iruñea, que las fue utilizando como base documental e investigadora. Era consciente de que esas imágenes llegarían a ser el testimonio más fiel de la gran transformación que se vivió en la segunda mitad del siglo XX, y el tiempo le ha dado la razón.
Ese ingente trabajo lo plasmó más tarde en diversos artículos y libros, en los que mostraba, de forma sencilla y amena, la evolución de la ciudad en la que nació, sus gentes, la indumentaria que usaban, sus costumbres, el folklore, el urbanismo y, ¡cómo no!, las fiestas.
‘Pamplona antaño’ fue una de sus obras más conocidas, a la que siguieron otras como ‘Pamplona estrena siglo’, ‘Pamplona belle époque’, ‘Viejas rúas pamplonesas’ y ‘Calles pamplonesas’. Pero sin duda la más importante de todas es ‘Pamplona. Calles y barrios’, compuesta por tres tomos que se editaron entre los años 1979 y 1980. Repasar sus escritos y sus 1.168 fotografías antiguas es hacer un viaje al pasado de Iruñea, a los personajes que dieron nombre a las calles y plazas, a las anécdotas más sonadas vividas en la ciudad a lo largo de muchos años.

También escribió ‘Historia de los sanfermines’ (1983-1993) y ‘Historias, fotos y ‘joyas’ de Pamplona’ (1995), la última obra que publicó. En 1998 el Ayuntamiento de Iruñea le concedió la Medalla de Oro de la ciudad, solo dos años antes de que falleciera.
Fue considerado el primer investigador que logró llegar a un sector muy amplio de la población, y probablemente el autor que mejor reflejó la historia de la capital navarra en el pasado siglo.
En junio de 2001 se le dedicó un paseo que lleva su nombre, junto al Rincón de la Aduana, y dos años más tarde se colocó allí mismo una escultura, obra de Rafael Hueta, en la que José Joaquín Arazuri aparece tomando notas en su libreta, tal como era su costumbre.
Su viuda, Sagrario Irigaray, donó la gran colección de fotografías al Archivo Municipal de Iruñea, lugar que el propio Arazuri visitó con asiduidad a lo largo de varias décadas.
Localizada la joven de 23 años desaparecida desde el día 25 en Donostia

La Ertzaintza deja impune la desaparición del test de drogas del hijo de un jefe policial

Mueren tres esquiadores, uno vasco, por un alud junto a los ibones de Brazato (Panticosa)

El actor Sambou Diaby, expulsado de un bar de Bilbo acusado de mantero: «Aquí no puedes vender»
