Biomateriales absorbibles para mejorar los implantes médicos
Polimerbio es una innovadora empresa que desarrolla dispositivos médicos bioabsorbibles y de tejidos blandos. La idea surgió de la labor investigadora de un grupo de la UPV-EHU que quiso dar salida al conocimiento generado. Debido a las regulaciones, su primer producto necesitará dos o tres años para llegar al mercado.

Polimerbio es una startup biotecnológica dedicada al desarrollo de implantes médicos con materiales bioabsorbibles (que el cuerpo asimila) y a la ingeniería de tejidos. La sociedad limitada creada en 2017 es una spin-off universitaria del grupo investigadores Zibio Group de la Universidad del País Vasco. Tiene su sede en la incubadora de BIC Gipuzkoa del edificio Joxe Mari Korta, en Ibaeta (Donostia). Actualmente tiene abierta una ronda de financiación con la que espera atraer inversores que contribuyan a su crecimiento.
La iniciativa tiene su origen en el deseo de trasladar al mercado el conocimiento adquirido en los laboratorios por el grupo investigador en el campo de la ciencia e ingeniería de biomateriales poliméricos. José Ramón Sarasua, catedrático de la Escuela de Ingenieros de Bilbo, contactó con Juan Carlos Antigüedad, que contaba con experiencia en esa labor, para materializar la idea. A ellos se sumó el investigador Jorge Fernández, actual director científico de la empresa, y juntos fundaron Polimerbio. Como paso inicial, firmaron unos acuerdos con la Universidad para la transferencia tecnológica así como la utilización del know how (saber hacer). A partir de ahí han ido avanzando con los conocimientos que ya tenían en el grupo. Accionarialmente no tiene vinculación con la UPV-EHU, pero sí un pacto para que un porcentaje de la comercialización de sus productos revierta en Zibio Group.
La compañía está integrada en el Basque HelthCluster y aspira a ser una referencia internacional en el sector de tecnología sanitaria; en concreto, en el tratamiento de lesiones de tejidos blandos como el sistema muscular, respiratorio, digestivo o nervioso.
Los polímeros bioabsorbibles son «moléculas grandes que se van haciendo pequeñas, se disuelven y el cuerpo las va absorbiendo, y echando a través de la orina o el sudor. Son moléculas de agua, no crean nada patógeno dentro del cuerpo», explica de forma sencilla Antigüedad. Y trabajan en dos líneas de negocio: el desarrollo de productos que sustituyan a los no biodegradables, y los servicios de I+D o prototipado.
Ahorro y comodidad
Su primer desarrollo son tubos para urología que vienen a sustituir a los de silicona que se emplean habitualmente. Estos tubos se mantienen en el conducto hasta que éste se regenera y, después, se retiran. El componente que han diseñado evita reintervenir al paciente, lo que conlleva ventajas en su salud y ahorro en gastos hospitalarios. A esto hay que sumar que es posible integrar medicamento o productos al dispositivo. Colaboran con médicos y con Biodonostia, gracias a quienes han acotado el producto de forma que responda a las necesidades reales del sector. Debido a los ensayos y regulaciones que deben superar, calculan que llegará al mercado en dos o tres años.
Sus clientes potenciales son las multinacionales que venden este tipo de productos. Su intención es licenciar sus dispositivos. «Si intentamos fabricarlo y venderlo nosotros a nivel internacional, vamos a encontrarnos un mercado al que es muy difícil llegar», admite el responsable. Paralelamente, ofrecen servicios a empresas que necesitan caracterizar polímeros, tanto bioabsorbibles como biocompostables.
Financian su actividad con el capital que han puesto los socios, así como un subvención Txekintek-Ekintzaile de BIC Gipuzkoa y la SPRI, y una serie de ayudas de Fomento de San Sebastián o del ámbito de la investigación. No quieren vivir de las ayudas para las inversiones que deben afrontar, por eso han iniciado una ronda de ampliación de capital. Han contactado con algunas empresas, grupos de fondos semilla de capital riesgo. El responsable prevé que la cerrarán antes de mediados de año. Considera que el premio Manuel Laborde, que consiguieron a los pocos meses de actividad, o el ser finalista de los Premios Toribio Echevarria les ha aportado «prestigio» y «reconocimiento».
La iniciativa va cumpliendo objetivos, aunque no tan rápido como quisieran en el aspecto económico. «Al final, es atarse el cinturón y seguir avanzando poco a poco. Es lo que nos toca a todos lo emprendedores cuando empezamos». No obstante, han conseguido contratar a dos personas que trabajan en el proyecto junto a Fernández.

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