«Tengo una curiosidad insaciable, me hice batería para buscar, aprender y crecer»
Rompiendo moldes en un campo artístico particularmente masculinizado, la norteamericana Allison Miller tocó la batería en público desde los diez años. Tras una notable andadura artística con su propio grupo o colaborando con destacados nombres musicales, la crítica especializada la ha colocado entre los y las veinte mejores percusionistas de jazz. Hoy visita Donostia con su sexteto Boom Tic Boom y nuevo disco

Nacida en Texas en 1975 y criada en el área de Washington D.C., Allison Miller mamó la música desde la cuna y comenzó a tocar la batería en serio a la edad de diez años. Tras graduarse en la Universidad de Virginia, se mudó a Nueva York donde ha desarrollado una brillante trayectoria como baterista independiente. En 2011 recibió el segundo mayor número de votos en la categoría “Estrellas al alza” de la percusión en la influyente revista “Downbeat Magazine”, que años después la incluiría en la lista de veinte mejores baterías de jazz. Debutó discográficamente en 2004 con “5am Stroll” y en 2010 estabilizó su grupo Boom Tic Boom con un disco homónimo, al que han seguido la doble grabación en directo “Live at Willisau” (2012), “No Morphine No Lilies” (2013) y “Otis Was a Polar Bear” (2016). Y ahora presenta la novedad “Glitter Wolf”.
Acumula otras experiencias paralelas (Agrazing Maze, EMMA, Honey Ear Trio, Big Molasses) y colaboraciones con destacadas vocalistas (Natalie Merchant, Ani DiFranco, Brandi Carlile) e instrumentistas como el saxo Marty Ehrlich o el organista Dr. Lonnie Smith. El año pasado grabó “Science Fair”, con la pianista Carmen Staaf. Cerrando una gira europea, recala hoy en Donostia (sala Club Teatro Victoria Eugenia, 19.00 horas) con su sexteto Boom Tic Boom: Allison Miller (batería), Kirk Knuffke (trompeta), Ben Goldberg (clarinete), Myra Melford (piano), Jenny Scheinman (violín), Chris Lightcap (bajo).
Su madre era pianista y directora de coro. Su padre era ingeniero de sonido, tenía un estudio en casa y cantaba en el coro. Al nacer, ¿respiró usted música casi como aire?
Desde luego, la música fue parte de mi vida desde que nací y no recuerdo un solo día sin alguna forma de música en vivo en mi hogar. Mis hermanas y yo solíamos hacer improvisación musical espontánea con regularidad. La música era y es parte de la vida cotidiana en casa de los Miller.
Fue iniciada al piano por su madre, pero se empeñó en golpear una pieza de goma, siguiendo el ritmo de las canciones que sonaban en el tocadiscos familiar. ¿Le daba a la percusión antes de que supiera hablar?
Sí, parece que me ponía a dar golpes sobre los dulces sonidos que venían del tocadiscos. Mi madre recuerda que aquel “tambor” fue efectivamente algo así como mis primeras palabras habladas.
¿Cómo reaccionaron sus padres ante aquellos estruendos sónicos?
¡Me bajaban al sótano y me cerraban la puerta! No, en serio, mi madre siempre fue muy comprensiva y me animaba cuando escuchaba nuevas ideas musicales que salían de aquel bajo.
Tomó principalmente lecciones de percusión con Walter Salb, que fue su gran mentor musical e influencia mayor. ¿Tenía otros baterías como modelo?
El primer batería de jazz que oí en disco, con el que aluciné y me hizo querer convertirme yo misma en batería de jazz fue Tony Williams. Después, Roger Humphries se convirtió en una inspiración tras oírlo tocar en directo en Pittsburgh. Y una vez que me mudé a Nueva York, estudié con Lenny White y Michael Carvin, que fueron mis mayores inspiradores en esa época.
¿Y alguna baterista mujer?
Terri Lynn Carrington fue una gran influencia, y también Cindy Blackman Santana.
Acabó siendo batería profesional, en 2011 fue destacada como promesa y años después fue incluida en la lista de veinte mejores baterías de jazz. ¿Tan buena instrumentista es usted?
Yo siento como si me mereciera esos premios. Estoy dedicada al arte y la individualidad de la percusión jazzística y siempre es hermoso que un esfuerzo así sea reconocido.
¿Había otras mujeres instrumentistas en esa lista?
Fui incluida en esa lista de mejores baterías de jazz, sí. No sé si había alguna otra mujer. Pero es que nunca hay suficientes mujeres en las listas de “mejores de lo que sea”.
Se mueve con influencias de diferentes géneros musicales (jazz tradicional, groove, improvisación, algo de rock, toques latinos...). ¿Se siente una permanente exploradora de sonidos diferentes?
Vengo de una tradición jazzística muy estricta, pero mi musicología ha sido influenciada después por muchos estilos diferentes. Y sí, siento que siempre voy a estar explorando y evolucionando como creadora. Esa es la razón por la que me convertí en músico: tengo una curiosidad insaciable, me hice batería para buscar, aprender y crecer.
Los tambores son un instrumento no muy melódico, parecen limitados para componer. ¿Compone sus piezas en base a la rítmica, no utiliza el piano?
Para mí los tambores son muy melódicos. Se puede comprobar en un video que realicé sobre el particular. El ritmo y la melodía son igual de importantes. La mayoría de mis ideas empiezan con mi voz cantando una melodía. Luego paso esa melodía por el piano y la composición crece desde allí.
Lleva una docena de años haciendo música con el sexteto Boom Tic Boom. Se les presenta como música «osada y accesible, provocadora y dura, virtuosa pero nunca exagerada y siempre enrollada». ¿Son definiciones que expliquen sus intenciones creativas?
Boom Tic Boom es mi plataforma para el crecimiento y la expresión de la composición. Disfruto mucho con el reto de escribir para este particular conjunto instrumental. Me encanta explorar las diversas posibilidades de texturas sonoras y dinámicas dentro de esa especial mezcla de instrumentos.
Desde hace años ha sido una activa educadora musical, dirigiendo encuentros y clases magistrales por el mundo. ¿Todavía siente entusiasmo como profesora?
Es que para mí la enseñanza es similar a la interpretación. El gran batería Michael Carvin me enseñó la importancia de transmitir la tradición con la consigna “Each one, Teach one” (cada persona enseña a otra). Y también dijo que “la única manera de convertirse en un maestro es trasmitiéndolo a los demás”. ¡Así que me lo tomé a pecho!
¿Sigue siendo embajadora del jazz al servicio del Departamento de Estado Unidos?
No, no hago ya esa labor. Pero siempre seré una defensora del intercambio cultural.
Ha trabajado como apoyo rítmico de grandes artistas femeninas como Ani DiFranco, Natalie Merchant, Brandi Carlile, Sheila Jordan, Rachel Z, recientemente Carmen Staaf... e incluso con su pareja y cantante Rachel Friedman. ¿Se siente más cómoda trabajando con mujeres?
Con el grupo me siento igual de cómoda tocando todos los estilos que mezcle mi química musical. Me centro en la compatibilidad rítmica, las habilidades de escucha, la conversación musical y la vulnerabilidad dinámica y emotiva. Fuera del grupo, a veces me gusta especialmente la convivencia con mujeres colegas. Y lo ideal durante una gira, mis momentos favoritos, es cuando todos los géneros participamos juntos en una comida, como una familia.
¿Cuál de esas experiencias con otras mujeres le ha parecido creativamente más interesante?
He disfrutado mucho trabajando con todas esas mujeres. La pianista Carmen Staaf es una de mis intérpretes favoritas y me encanta colaborar con ella en nuestro proyecto “Science Fair”. Tenemos una fuerte conexión rítmica y me entusiasma el modo con el que interpreta y expande mis composiciones.
¿Es difícil hacer una carrera como baterista femenina en un campo tan dominado por hombres?
De niña me enseñaron a trabajar duro, a permanecer concentrada y a no ser disuadida por barreras externas. Me tomé esos consejos muy en serio y los he mantenido siempre in mente. Desde luego que hay dificultades para cualquier mujer en cualquier carrera, pero siempre me concentro en el plazo largo: componer música creativa y realizarla por todo el mundo con los músicos que admiro y con la gente con la que disfruto. Estoy viviendo este sueño, así que me siento muy afortunada. A veces me dicen que no toco como una chica como si fuera un cumplido. Pero toco jazz como una chica porque soy mujer, con mi particular fuerza y destreza.
¿Las mujeres tienen que trabajar el doble de duro para llegar a cualquier lugar, especialmente en la música?
El mundo del jazz no es en su mayor parte tan conservador como yo pensaba. Pero sí, creo que es muy cierto lo que comenta: como mujeres que persiguen cualquier carrera, se necesita una determinación y un enfoque extremos.
La investigadora Angela Smith afirma en «Women Drummers. A history from rock and jazz to blues and country» que ilustraciones de Egipto y Mesopotamia demostrarían que hubo mujeres percusionistas durante cientos de años. Pero la misoginia religiosa y el patriarcado se lo habrían prohibido. ¿La nueva mujer feminista estaría recuperando esos terrenos negados?
Yo no hablaría de nueva mujer feminista. Durante muchos años las mujeres han sido defensoras de la igualdad, por lo que el término “nuevas mujeres feministas” no es exacto. Es posible que no siempre se nos haya permitido reconocer y abrazar ese deseo de igualdad, pero buscar el equilibrio es inherente a la condición femenina.
Smith entrevistó a más de 50 bateristas y sumó otras 160 fallecidas como Karen Carpenter que fueron pioneras y hay conocidas como Maureen Tucker, Viola Smith, Leah Saphiro, Bobbye Hall, Marilyn Mazur, Sheila Escovedo, Loli Barbero, Ikue Mori, Caroline Corr... O más recientes: Kanade Sato, Rebecca Webster... ¿Destacaría alguna más joven?
Sí, ahora mismo hay muchas mujeres bateristas que son geniales y que están destacando. Apúntense por ejemplo los nombres de Savannah Harris, Kate Gentile, Shirazette Tinnin, Ruth Price, LaFrae Ski... Y Susie Ibarra acumula años haciendo maravillas, ella es una de mis instrumentistas preferidas.

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