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La Marcha Radetzky se limpia de reminiscencias nazis para recibir el Año Nuevo

El Concierto de Año Nuevo de Viena es un acontecimiento planetario que a lo musical ha añadido hoy una cuestión con significación política: el fin de fiesta ha sonado limpio de sus anteriores connotaciones nazis.

El letón Nelsons, al frente de la orquesta. (Herbert NEUBAER | AFP)
El letón Nelsons, al frente de la orquesta. (Herbert NEUBAER | AFP)

Una vez más, y ya van 80, la Filarmónica de Viena ha saludado al Año Nuevo con su tradicional concierto, en el que esta vez los tradicionales valses de los Strauss han hecho por primera vez hueco a Beethoven, y en el que el fin de fiesta de la Marcha Radetzky ha sonado limpia de reminiscencias nazis.

El director letón Andris Nelsons, de 41 años, que se estrenaba en la tarea de conducir desde el atril este saludo al 1 de enero, ha cumplido su deseo expresado unos días antes de «compartir con la gente la alegría» y empezar el año con algo positivo.

Si hay un cumpleaños musical en 2020, ese es el 250 aniversario del nacimiento del compositor alemán Ludwig van Beethoven, que desarrolló en Viena la parte más importante de su obra, por lo que ha tenido presencia en la gala.

Para rematar el concierto, un año más ha sonado el himno oficial para arrancar con energía cada nuevo año desde Viena: la Marcha Radetzky. Y hoy ha tenido mucho significado, político e histórico.

La marcha que lleva sonando (menos en 2005, en respeto a las víctimas del tsunami en Asia) en el Concierto de Año Nuevo desde 1946 no es la original, sino una partitura con los arreglos que introdujo en 1914 el austríaco Leopold Weninger.

Este compositor se afilió luego al partido nazi y realizó numerosas obras para ensalzar su ideario antisemita y xenófobo.

La Filarmónica, que hasta 2013 no hizo memoria histórica sobre sus vínculos con el nazismo, ha querido ahora presentar una nueva versión, limpia de esos arreglos, argumentando que, con los años, la partitura de Weninger ya se había ido modificando.

El resultado ha sido una marcha menos marcial, más festiva, en la que el propio Nelsons se encargó de atemperar por momentos las tradicionales palmas con que público la acompaña.