Janina PÉREZ ARIAS
Elkarrizketa
JUAN SOLANAS
CINEASTA

«Esta es una película para y por la Ley del Aborto en Argentina»

El documental «La ola verde (Que sea ley)», que se estrenó el viernes, capta la toma masiva de las calles en Argentina y recoge testimonios que ayudan a entender la importancia de la aprobación de un proyecto de Ley del Aborto que permitirá a las mujeres ejercer lo que debería ser un derecho, evitando así la pérdida de vidas. El filme es un grito desesperado que traspasa fronteras.

En su muñeca izquierda, Juan Solanas (Buenos Aires, 1966) lleva atado el pañuelo verde que identifica a la Marea Verde, imagen de la campaña nacional por el Derecho al Aborto Legal y Gratuito en Argentina.

La euforia de Solanas, hijo del legendario cineasta Pino Solanas, es contagiosa. En la pasada edición del Festival de Cannes compareció acompañado por un grupo de unos cincuenta representantes de las diferentes organizaciones que, desde 2017, han estado tomando las calles argentinas con un grito en común: «¡Que sea ley!»

Una demanda que Juan Solanas añade como parte del título a “La ola verde”, su tercer largometraje. Un trabajo en el que, a lo largo de 85 minutos, recoge no solamente las emociones de las manifestaciones multitudinarias de aquellos días previos y posteriores a la votación en la Cámara de Diputados argentina, sino también una serie de testimonios que ayudan a esclarecer la importancia de la aprobación del proyecto de Ley del Aborto Legal que permitirá a las mujeres ejercer lo que debería ser un derecho.

¿Dónde surgen las ganas de abordar y desmenuzar el polémico tema del aborto en Argentina?

Mis padres se exiliaron a Francia cuando yo era un niño. Pasé 37 años en París y crecí en un país donde el aborto era legal, que es como decir que el agua que sale del grifo es potable. Es un tema que no lo tenía en mi conciencia, tal vez por ser hombre o por su legalidad en Francia. En 2002, en una conversación durante una de mis visitas a Argentina, me enteré de que el aborto estaba prohibido. Al principio me reí, porque pensé que era una broma. Me quedé tan impactado que en mi primer largometraje (“Nordeste”, 2004) la historia gira en torno a una mujer que decide abortar. Como muchos otros, la prohibición del aborto es un tema que desde hace mucho tiempo me molesta, por lo que siempre he estado atento.

¿Cuándo comenzó a recoger imágenes para «La ola verde»?

Empecé a filmar sin saber que quería hacer una película. Fue un impulso, sentí la necesidad de registrar lo que sucedía. Comencé a filmar unos tres días después del voto positivo en la Cámara de Diputados [en junio de 2018], y el último plano lo rodé 25 días antes del estreno en el Festival de Cannes, en mayo de 2019. No he contado las horas de material, pero son muchas. Tengo bastante como para profundizar en algunos temas que se abordan en el documental.

¿Hubo algo específico que le dio el empujón definitivo para salir a filmar?

Con lo que estaba ocurriendo en 2018, sentí que se abría una ventana hacia la posibilidad de la legalización del aborto. Entonces me desperté a las tres de la mañana del día de la votación, porque me parecía que era algo histórico y maravilloso. Cuando finalmente, a las nueve de la mañana se comenzó a votar, me puse a llorar. Yo no suelo llorar, pero me emocioné, y en ese momento sentí la necesidad y me dije: «¡Ché, agarrá una cámara y andá a filmar!». Puse en pausa todo lo que estaba haciendo, pensé que me iba por una semana [Solanas vive en Montevideo, Uruguay] y, al final, fueron ocho meses.

Que no fuera aprobada la ley en la Cámara de Senadores [en agosto de 2018, con 31 votos a favor y 38 en contra], me cabreó mucho. Al ser hombre, la violencia es más física pero, por suerte, pude canalizar ese enfado, me lo tomé como una cosa de «a vivir o a morir», y decidí hacer la película en el tiempo necesario. Al tratarse de un filme autoproducido, se evité las discusiones sobre si seguir o no.

¿Qué le motivó a desplazarse a otras ciudades para recoger testimonios?

Más allá de Buenos Aires hay otra Argentina. Si en la capital la situación es durísima, puedes imaginarte cómo será Provida en provincias. Filmé a gente que no tiene agua potable ni electricidad, que a lo mejor no comen las tres comidas diarias, por lo que, cuando se realizan abortos en ese contexto, tienes un pasaporte de primera clase para la muerte o para pasarlo muy mal. Si bien la película es militante, desde el mismo hecho de incluir en el título “¡Que sea ley!”, mi apuesta era que no fuera un panfleto. Simplemente quise mostrar la realidad, intentando inmiscuirme lo menos posible en el proceso. La realidad en la provincia alcanza y sobra para informar al público y para que así se forme una opinión. En el rodaje estuve solo, no insistí con preguntas, ni salgo en pantalla, porque quise ser lo más justo posible.

¿A qué se refiere cuando dice «panfleto»?

La película no tergiversa, no le hace decir a nadie lo que no dijo. Que sea militante no significa que se mienta; para mí era importante darle valor al mensaje porque este filme es inatacable. Si haces un panfleto, es atacable. Cada año en Argentina se practican 500.000 abortos clandestinos, de los cuales 50.000 se complican y terminan en casos atroces como los que vemos en la película. Dudo mucho que después de ver esta película se apoye el argumento contrario; este filme muestra lo que la gente no quiere ver, que es la parte sucia y dura. Cuando se dice “las dos vidas” suena como un jingle divino [se refiere al eslogan “Salvemos las dos vidas”, de los provida, identificados además con un pañuelo azul celeste], porque todos estamos de parte de la vida, pero la realidad es otra. Es imposible que alguien diga que lo mostrado en la película no es verdad; por eso también presento el lado adverso, aunque le doy el tiempo necesario.

¿Qué fue determinante para decidir mostrar el extremo contrario?

Mantuve una discusión muy larga conmigo mismo porque no quería, pero sabía que tenían que estar. Debo admitir que no elegí incluir las cosas más ridículas que han dicho los opositores, y es que existe mucha gente muy bruta y fascista que dice barbaridades. No quise hacer una caricatura de ellos, pero te das cuenta de que carecen de argumentos sólidos y que no tienen un base teórica. Es por eso que resulta indignante. Pedí entrevistas que me rechazaron, tal vez porque no mentí. Esta es una película para y por la Ley de Aborto en Argentina y por su efecto en Latinoamérica. Yo soy ateo, pero respeto a los creyentes y las religiones; mi problema es cuando esa gente le quiere imponer al resto de la sociedad sus opiniones de manera fascista. Me hubiese gustado tener ante mi cámara a alguno de esos senadores que han votado en contra de la aprobación de la ley, en particular a la senadora Silvia Beatriz Pérez de Elías [del partido Unión Cívica Radical]. Sin embargo, pienso que alcanza y sobra con los discursos de cierre emitidos el día de la votación para incluir el campo contrario.

¿Cuáles fueron los criterios para seleccionar los testimonios y a las personas que participaron en el documental?

Parte de mi pequeño dogma consistía en filmar lo que me proponía la realidad. No hice un casting, nunca rechacé un testimonio; de hecho, no sabía lo que me iban a contar. Aparte de los dos casos emblemáticos de la película, me refiero al de Belén Acevedo [condenada a prisión por aborto espontáneo] y el de Ana María Acevedo [paciente oncológica a quien no le permitieron abortar ni hacerle ningún tratamiento contra el cáncer], con los demás fue poner la cámara y filmar. Fue muy duro escucharles.

¿Cree que el clima político tan explosivo que se vive en Argentina beneficia a la causa?

No le beneficia porque Argentina es un país que está al borde del abismo. Una semana de política en Argentina equivale a un año político en Francia. ¡Es una locura! Por eso es más difícil darle visibilidad a este tema.

En las manifestaciones vemos una cantidad abrumadora de gente joven. ¿Usted deposita sus esperanzas en la juventud?

Hasta me temo que les estamos pidiendo demasiado, porque el mundo está por explotar. Me parece que el feminismo puede tener que ver con una revolución contra el sistema capitalista, que vemos que no da para más. Es evidente que el feminismo también es una economía posible, es otro planteamiento, otro acercamiento menos darwinista. Por eso yo le pongo, no sé si esperanzas, pero veo que viene bien.

 

Un mar de pañuelos verdes

Ana María, Belén, Liliana… Algunas víctimas tienen nombres, otras se quedan en el anonimato. Casos como el de estas mujeres, expuestos en la película “La ola verde”, representan a las miles de víctimas que produce anualmente la actual prohibición del aborto en Argentina.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito cumple en 2020 quince años, y la próxima será la novena ocasión en la que el proyecto de ley se someta a votación en la Cámara de Senadores en Argentina. En esta ocasión, el panorama resulta más alentador.

A modo de aclaración, se trata de un proyecto que comprende la legalización del aborto hasta la semana 14 de gestación, y está contemplado en el marco de los derechos humanos e institucionales, así como de la garantía al derecho a la salud integral para mujeres de todas las edades.

Que una película como “La ola verde” le de visibilidad a esta temática es bastante positivo. «Sin embargo, es muy complicado la inclusión del tema del aborto en la agenda política a pesar de la demanda de la opinión pública», como explicaba en el pasado Festival de Cannes Jenny Durán, representante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal y Gratuito. «Lo logramos en 2018 con el debate y con movilizaciones de unos dos millones de personas, sin incluir la cifra de manifestantes en el resto del país», dijo.

2017 fue un año clave. Se definieron acciones y símbolos, como el pañuelo verde: «El color de la vida, de la naturaleza, de la alegría, de la esperanza», en palabras de la activista. En Argentina, a las multitudinarias movilizaciones de las calles se sumaron otras organizaciones políticas y sociales, y «hubo un crecimiento significativo gracias a la militancia, a estar diariamente en el Congreso o a impartir charlas en universidades», comentó Durán, quien con orgullo resaltó que actualmente existen unas veinte cátedras sobre el aborto en centros de educación superior en Argentina. Un hecho significativo, ya que «tienen una tradición conservadora con respecto al conocimiento y a la perspectiva de género».

Activadas las redes de comunicación e intercambio con otros países de Latinoamérica, así como con el Estado español, Jenny Durán lo tenía claro: «Esta es una lucha mundial y cada vez estamos más unidas». J.P.A.