
Tras 87 muertos y cerca de 7.000 contagiados, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, ha anunciado que toma esta decisión, que llevaba un tiempo rehusando, tras mantener varias conversaciones con el presidente estadounidense, Donald Trump, y con los asesores de la Casa Blanca, según explicaba.
En Florida, el quinto estado más afectado por la pandemia, por detrás de Nueva York, Nueva Jersey, California y Michigan, los condados más afectados son los sureños Miami-Dade y Broward, lo que el gobernador relacionó con la presencia del aeropuerto que recibe los vuelos internacionales.
De momento, 34 de los 50 estados del país, además de Puerto Rico y el Distrito de Columbia, han emitido decretos para obligar a sus ciudadanos a quedarse en casa, lo que supone que aproximadamente el 89 % de la población estadounidense (unos 291 millones de personas) se encuentran recluidos.
Mientras Florida se embarca en las primeras medidas drásticas para intentar frenar la expansión del COVID-19, Andreu Cuomo, el gobernador de Nueva York, mayor foco del virus a nivel mundial, calcula que la pandemia causará 16.000 muertos en ese estado y que el pico de la curva de contagios no llegará hasta finales de abril.
En el mejor de los casos, la Casa Blanca augura que el coronavirus podría dejar entre 100.000 y 240.000 muertos incluso con las medidas de contención que se han implementado, y ha avisado de que puede llegar a entre 1,5 y 2,2 millones si nada se hiciera para combatir el virus, lo que no está sucediendo.

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