Aritz INTXUSTA
Elkarrizketa
Inés Olza
Investigadora del ICS de la Universidad de Navarra

«Si vemos el Covid-19 solo en términos de una guerra, nos perdemos otras maneras de verlo»

Inés Olza, investigadora del ICS la Universidad de Navarra, plantea como un error emplear metáforas militares en la crisis abierta por el coronavirus y es una de las impulsoras de la idea de reenmarcar (reframe) la forma de entender la epidemia. Desde una perspectiva académica pura del lenguaje y la cognición, plantear esto como una batalla contra un enemigo invisible hace que perdamos matices de lo que sucede, porque no cuadra con la realidad, arrastra a la sociedad hacia la frustración y alimenta el «estado de vigilancia». 

La investigadora Inés Olza.
La investigadora Inés Olza.

¿De dónde surge le iniciativa #reframeCovid (reenmarca el Covid)?
La preocupación sobre el uso de metáforas bélicas venía pululando. Cuando se decretó el estado de alarma, aumentaron muchísimo. Yo me hice eco del trabajo de otra investigadora de Lancaster, Elena Semino, que advierte sobre estas metáforas bélicas en la enfermedad de cáncer.

¿Qué dice exactamente Semino?
Muchos estudio abordan el tema, pero el de Semino es quizá el que más impacto ha tenido fuera del mundo académico. Sostiene que usamos constantemente metáforas de lucha para muchas cosas. Hasta luchamos contra el sueño. Pero, si abusamos de ellas, resultan contraproducentes. Por ejemplo, a los pacientes con cáncer les estás proponiendo que luchen activamente contra algo que escapa a su control. Puedes tener toda la positividad del mundo, toda la energía, pero que la enfermedad siga avanzando. Has «luchado» todo lo que has podido y, sin embargo, has perdido la «batalla». Eso genera frustración, porque no depende de ti.

Eso es comprensible.
En el cáncer, además, se presenta al propio cuerpo como un enemigo. Mi madre murió de cáncer. Lo sé. Tu tumor es tuyo. Suena muy fuerte, pero es así. Son tus células, está en tu cuerpo. Verlo como un enemigo y luchar contra él resulta contraproducente. Eso es lo que dicen los estudios a los que me refiero. Al principio estas metáforas bélicas pueden motivar para coger fuerzas, para animar a tomar medias, pero a la larga desmotivan y frustran. Estos estudios proponen otro tipo de metáforas, otras formas de ver la realidad, más neutros: la idea de un viaje, de un camino por el que andar... plantear que la enfermedad te acompañará impidiéndote hacer unas cosas, pero subrayando que otras cosas sí podrás hacer.

¿Hasta qué punto esto nos ayudará a una epidemia como esta?
La idea de Semino es ofrecer un menú de recetas alternativas para poder salir del mensaje belicista. Las metáforas bélicas para una pandemia las tenemos superincorporadas. Se sabe, que ver esto como un combate que vamos a ganar puede servir para motivar.

El problema viene cuando todo se alarga y abusamos de la idea de combate y no cambiamos a otro marco. Acabará generando ansiedad en la población, porque ni siquiera tenemos un enemigo bien alineado. Se trata de un enemigo invisible que puede estar dentro de todos. Tampoco nos sirve esta metáfora para describir lo que nos están pidiendo, que es que estemos quietos. No se puede luchar estando quieto, es conceptualmente contradictorio. Decirle a alguien agotado, postrado en una cama, que tiene que luchar resulta contraproducente. No necesita que le hablen en estos términos.

¿Las mismas metáforas funcionan igual las diga quien las diga?
No es lo mismo oír una metáfora en boca del presidente del Gobierno, en la boca de un médico o en la del Jemad [Jefe del Estado Mayor de la Defensa]. Todo depende, además, de la sensibilidad que tenga cada comunidad o cada país. Hay países donde no hay una memoria muy reciente de guerras ni de posiciones militares. Por ejemplo, Ecuador no tiene memoria de una guerra reciente como tal. Colombia, al contrario, donde han vivido con las FARC y tienen ese lenguaje muy vivo.

Pues en esto, el Estado español es bastante particular.
Hay gente a la que esa militarización de la vida política no nos gusta. Va contra su sensibilidad. También por esto hay que insistir en plantear esto con términos positivos o constructivos. A mí, personalmente, no me produce el sarpullido que igual puede producirte a ti escuchar el Jefe del Estado mayor pedir a todo el mundo ser soldado, pero sí me parece contraproducente. Se puede invocar a que todos juntos podemos frenar algo, o ganar espacios de salud.

Juan Luis Arsuaga, el paleoantropólogo de Atapuerca, proponía la metáfora del incendio. El fuego comparte con la epidemia ser un fenómeno natural, que tiene focos, etc. Hay un incendio y tenemos que proteger espacios saludables. El incendio tiene ya un punto de alarma suficiente, que sirve para la concienciación

¿Hasta qué punto este marco conceptual belicista anima a los vecinos a denunciarse entre sí desde los balcones? ¿No acaba potenciando interpretar que el vecino que pasea demasiado el perro sea un traidor que se ha ido a las filas del enemigo coronavirus?
Sucede que cuando se decreta un estado de alarma y se habla en términos bélicos se genera un estado de vigilancia mutua y nos convertimos en una especie de chivatos. Esa es la peor cara de las situaciones de excepción. No te podría demostrar que haya una causa efecto entre las metáforas bélicas y el estado de vigilancia, pero sin duda estas metáforas contribuyen. Aun así, hay que reconocer que sí necesitamos medidas coercitivas para no hacer según que cosas. No se puede confiar en la buena voluntad para todo y para toda la población. Pero el estado de vigilancia tal y como está, no es positivo.

No es mi intención discutirle eso, pero ¿no ve quizá una sobrevaloración de la acción coercitiva? El motor de quedarse en casa puede ser el miedo, la solidaridad, el civismo... pero el discurso parece conceder todo el mérito a los uniformados. En el momento en el que sale el responsable de la gestión epidémica e inmediatamente después, el Jemad y los policías llenos de medallas ya constituye una metáfora bélica.
Aciertas en que lo correcto sería enmarcar la situación en actos de responsabilidad individual, de solidaridad y conciencia social. Las metáforas que nosotros proponemos son muy ingenuas. Un equipo de fútbol, una orquesta, escalar una montaña, un camino… Esto no vende tanto, pero conviene para mitigar la alarma, para calmar. Es necesario cambiar el lenguaje. La imagen visual a los militares choca. 

¿Considerar esto una guerra no devalúa el concepto «guerra»?
Si se abusa del marco de la metáfora de guerra, cuando nos hablen de guerras reales le vamos a rebajar la importancia. A la inversa también funciona la metáfora. El marco mental de una guerra hace que nos enfrentemos a la epidemia de una determinada manera, pero también hará que la propia idea de guerra se vea afectada.

¿Cómo de poderosas son las metáforas?
Los que estudiamos el lenguaje y la cognición solemos decir que nuestro pensamiento es radicalmente metafórico. Conocemos unas realidades comparándolas con otras. Cuando hablamos metafóricamente ponemos un filtro a la realidad. Si vemos el Covid-19 solo en términos de una guerra, nos perdemos otras maneras de verlo. Si fusionamos guerras y enfermedad, rebajamos la gravedad de una guerra. El virus no es consciente ni humano. Las guerras son mucho más graves.

Ya han salido científicos censurando hablar de esto como una guerra, porque si lo planteamos así, la vamos a perder. Acabaremos conviviendo con el coronavirus.

La guerra la concebimos como algo excepcional que va a tener un final y que esa final será blanco o negro: o ganamos o perdemos. Ese no es el escenario final que nos vamos a encontrar con el coronavirus. Bajará el número de contagios y las muertes. Se contendrá al virus, pero no va a desaparecer. Parece que habrá oleadas, cuando venga de nuevo… ¿cómo venderás la metáfora de la guerra? ¿No la habíamos ganado? El otro día Pedro Sánchez hablaba de la «moral de victoria».

Uno de los grandes valores militares que vendió el Jemad cómo que nos iba a sacar de esto.
Te guste más o menos lo militar, el marco de la guerra te impone un final claro y esto no se ajusta. Hay muchas cosas en el marco que nos se ajustan. Nos piden luchar y estar quietos. Eso genera ansiedad. Simplemente estamos haciendo lo que responsablemente hay que hacer y los efectos se verán, porque efectos tiene este esfuerzo, pero no será una victoria militar.