Iñaki ZARATIEGI
DONOSTIA
Elkarrizketa
MIGUEL VON WICHMANN
MÉDICO INFECTÓLOGO Y CONTAGIADO DE COVID-19

«Estamos viendo el beneficio del sacrificio que realizamos entre todos»

Especialista del Hospital Donostia, fue uno de los primeros sanitarios infectados por el Covid-19. Estuvo ingresado dos semanas y dos más aislado en casa. Elogia la sanidad pública y la reacción social y reconoce el desconocimiento sobre un virus muy agresivo.

De origen germánico y nacido en Aragón en 1958, Miguel Ángel von Wichmann de Miguel lleva unos 35 años afincado en Hernani y trabajando en el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Donostia. En marzo fue uno de los primeros sanitarios afectado de coronavirus del Estado español. Debió enfermar a través de un paciente no identificado como infectado. Primero fue un catarro normal y siguió trabajando con precauciones. A los siete días se agravó y dio positivo. Ingresó con neumonía, recibió tratamiento durante 14 días, pasó otros 14 aislado en casa y la semana pasada retornó a su puesto. Aunque había convivido en familia y realizado vida social, su mujer, hija e hijo o amistades no han sufrido la infección.

¿Cómo está de salud y ánimo?

Bien en ambos sentidos, normalizando el día a día.

¿Ha regresado a su puesto debidamente testado?

Sí. Fui negativo dos veces.

Sus colegas han protestado por hacerles reincorporarse sin un test definitivo...

Es una recomendación de la que se hace eco el Ministerio de Sanidad español y también el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC). Se basa en datos limitados de nueve pacientes alemanes del brote de Munich, sanos y con cuadros leves. Creo que se toma la decisión con un alto grado de incertidumbre. En los cuadros leves se aconseja reincorporarse tras tres días sin síntomas, manteniendo precauciones durante al menos dos semanas para no transmitirlo a otros pacientes; en los casos graves se espera 14 días para la reincorporación. No se tiene en cuenta, por ejemplo, el riesgo de transmisión al resto del personal sanitario y el peso de la responsabilidad recae sobre el profesional.

Usted ha desarrollado anticuerpos, pero ¿qué garantía tiene de no recaer?

No sabemos qué tiempo pueden durar, pero con los datos que hay en donaciones de plasma daría al menos para el brote actual. Hasta el momento las recaídas han sido poco frecuentes y varios de los casos citados como recaídas eran sin síntomas y pueden reflejar una eliminación lenta del virus. Se están investigando. Yo me siento seguro con el equipo de protección.

¿Qué ambiente encontró a su vuelta?

Un gran compromiso de todos los trabajadores relacionados con la sanidad, incluyendo al personal de subcontratas. Ha habido sobrecarga de trabajo muy alta, pero se ha podido gestionar ese estrés y está disminuyendo la presión asistencial.

¿Cómo vivió las dos semanas de hospitalización?

Como algo necesario, acompañado y apoyado por todo el personal del hospital, ya que no podía estar con familiares. Con mucho agradecimiento a mis compañeros y compañeras.

¿Qué tratamiento recibió?

Varios de los nuevos que se están probando. Parece mentira, pero desde que ingresé, hace poco más de un mes, tenemos muchos más datos de cómo tratar la enfermedad y múltiples estudios en todo el mundo. Pero no sabemos aún cual es el tratamiento más eficaz.

El Covid-19 se ceba lógicamente en gente más desgastada por edad y enfermedades, pero usted y otros pacientes del Hospital Donostia demuestran que hay riesgo grave en gente no mayor y sin patologías previas.

Sí, es más frecuente y hay más complicaciones en gente con otras enfermedades o mayor edad. Pero cualquiera puede adquirir una enfermedad severa con esta infección. Aunque los niños son los más fuertes frente a ella. Esta enfermedad tiene una primera fase parecida a otras infecciones por virus: la gripe o un catarro. Es más intensa en gente debilitada y hay una segunda fase con un proceso de inflamación que puede ser muy intenso y depende de cada persona. Es cuando se producen más complicaciones.

El Gobierno español cifró el riesgo en 10.000 infectados y oficialmente sobrepasan ya los 180.000, con más de 19.000 fallecimientos. Casi ningún Estado ha hecho bien los deberes. ¿Desinformación, irresponsabilidad, falsa seguridad…?

Desconocimiento ante una enfermedad nueva que en este mundo globalizado se ha extendido mucho más rápido y con más agresividad de lo esperado. Se trivializó como gripe y con poca contagiosidad. La gripe puede ser grave, pero hay vacunas y tratamientos eficaces. No se habían previsto recursos necesarios, ni siquiera en Europa, y no ha habido respuesta global. Eso explica la pelea entre gobiernos por lograr material protector. Se ha aprendido poco de otras experiencias y los estados han dado respuestas locales pensando que no les iba a ir tan mal. Tras el inicio en China, se puede comparar la práctica de países que respondieron con relativa precocidad con un control aceptable (Japón, Corea) o donde le quitaron importancia (Gran Bretaña, Estados Unidos), con consecuencias dramáticas.

¿La OMS ha sido útil?

Debería haber tenido mayor presencia y una forma de actuar más uniforme. Pero en África preparó 22 laboratorios con formación de personal para poder detectar los casos en países con sistema sanitario frágil.

¿Se han exagerado las medidas sociales?

El alejamiento social y la limitación de la actividad laboral eran necesarios para nuestra seguridad y para que el sistema sanitario no quebrara. Es una situación excepcional que no debería permitir un cambio en las reglas de juego democráticas. Con la vuelta a la normalidad no estará justificada la pérdida de nuestros derechos.

¿Txagorritxu o Bizkaia han estado al borde del colapso?

No ha habido colapso en Osakidetza. El brote de Gasteiz sorprendió por su velocidad y magnitud. Ha existido una tensión importante del sistema que ha debido adaptarse a mucha velocidad, afectando a la Atención Primaria y Hospitalaria. Ha habido situaciones de tensión con la disponibilidad de EPIs (material individual de protección), el adiestramiento y la disponibilidad de personal, con numerosos sanitarios en cuarentena o afectados por la infección. Cuando esto pase se debería revisar de forma crítica la respuesta, de cara al futuro.

¿El alto grado de incidencia entre sanitarios es asumible o evidencia fallos graves?

Más de 26.000 infectados en todo el Estado es muy grave. Algo no funciona como debería, sobre todo con el material de protección y su utilización.

¿Ha habido falta importante de personas o medios a causa de los recortes de estos años?

Tenemos un sistema público como pocos en el mundo, que garantiza la atención sanitaria de toda la población. Los recortes lo han debilitado sin duda y han puesto en riesgo la salud de todos. En casos como Madrid, donde se ha privatizado y recortado buena parte del sistema, éste se ha visto desbordado.

La clave para parar la pandemia ¿está en los controles masivos que detecten la infección entre gente asintomática para aislarla?

Con la extensión que tiene, la lucha contra la epidemia se basa en múltiples medidas simultáneas. La higiene de manos, las precauciones respiratorias, la distancia con otros y desde luego el aumento en los test para saber quién tiene ya anticuerpos y quién está infectado.

¿Quiénes podemos estar inmunizados o no?

No lo sabemos. Sólo se podrá tener una idea cuando se hagan estudios con la población en general, no sólo a personas con síntomas. Se pueden hacer muestreos, pero todavía no en toda la población.

Mascarilla, ¿cuándo y cómo?

Depende primero de la disponibilidad de material. Como prioridad, con mascarillas certificadas, en personal que atiende a pacientes con coronavirus y a personas vulnerables por edad o por inmunodeprimidas. Después, para pacientes infectados, para que no lo transmitan. También si en el transporte, trabajo o vida social no podamos mantener la distancia adecuada. Y si en un momento hay disponibilidad y sigue la epidemia, se puede valorar repartirlas a toda la población.

Fáciles de elaborar, se fabrican por millones en su propio pueblo de Hernani para el Gobierno español. Pero Osakidetza, residencias, farmacias… no han tenido stock. Diputación ha intentado importarlas de China en plena competencia de compradores. ¿Un disparate?

Por llamarlo suavemente, paradojas del mercado y la globalización. Falta de disponibilidad suficiente para las necesidades que hay y una pérdida en la capacidad de ser autónomos en productos fundamentales.

¿Cómo va ser la evolución de los llamados picos: contagios, diagnósticos, hospitalizaciones, fallecimientos...?

Estamos viendo el efecto beneficioso del sacrificio que realizamos todos. Si mantenemos un ritmo lento de extensión de la infección salvaremos vidas, en un tiempo habrá suficiente gente inmunizada y la epidemia disminuirá.

Celebraremos el 1 de mayo en los balcones, pero ¿habrá masivos sanjuanes, sanfermines, playas…? ¿Cómo será la «desescalada»?

No podemos hablar aún de plazos. Tenemos que pensar cuándo estaremos seguros, cómo hemos protegido a la gente más vulnerable y si hemos podido mantener la asistencia sanitaria para todas las personas que lo hayan necesitado.

¿La vacuna para cuándo?

Hay numerosas en desarrollo, pero en fases precoces. Estar seguros de que funcionan y de que no son perjudiciales obliga a estudios que llevan tiempo. En el mejor de los casos, estamos hablando de meses.

¿Con qué riesgo de nuevas mutaciones peligrosas?

Los virus mutan y pueden aumentar su agresividad, pero también disminuirla. En este, la parte por la que se unen a las células humanas, que sería la diana principal de las vacunas, no se ha modificado de momento.

Abruman las pérdidas humanas y el daño social. ¿Habrá por fin una reflexión colectiva sobre el estado de las cosas?

Debería haber un antes y un después y deberíamos cuestionarnos aspectos fundamentales de un sistema social que está demostrando su fracaso.

¿Se siente «mejor persona» o al menos mejor y más convencido médico?

Me siento afortunado y desde luego convencido de nuestro trabajo.